Fin de año

Y de década. No haré un post extenso este año. Los propósitos para el año que viene son, como habréis podido adivinar, actualizar el blog más de dos veces al mes, pasar a Quinto en la carrera y poco más. No, no pongo lo de encontrar novia porque, seamos sinceros, no la voy ni a buscar. Si me la encuentro, perfecto.

En fin, rompo el letargo para felicitaros a todos las fiestas y el año nuevo. Si, así­ de simple y sencillo. Bueno, eso y, como no podí­a ser menos, comunicaros el dato irrelevante de este post: el otro dí­a Aranda hizo el mí­nimo nacional de temperatura según RNE. Si, amigos. -9ºC hizo en la Villa que alegra Castilla. Así­o nos las gastamos por aquí­.

Y nada más. Nos vemos en el 2011.

Pd: También es un post corto porque dependo del Wi-Fi del vecino. Y sí­, podrí­a escribirlo en Word y luego pegarlo aquí­ y subirlo en un momento, pero soy más de escribir y subir, no de escribir, macerar lo escrito y publicar después. He dicho

Decepción

Una de las peores sensaciones que puede tener cualquiera es la de decepción. Pero no la decepción con uno mismo, que sin duda es una de las mas duras, no. La decepción que te provoca otra persona es, desde mi punto de vista, mucho peor.

– ¿Peor? ¿A qué te refieres?

– En seguida lo explico, verás.

Debido a que vivimos en sociedad, nos vemos obligados a ceder una pequeña parte de nuestra confianza en favor de otras personas. La familia y los amigos suelen ser quienes, en mayor o menor proporción, nos hacen bajar la guardia más a menudo. Luego, como si de una cebolla se tratase, hay otras capas de confianza. Una de ellas es la del entorno laboral o profesional. En este campo podemos incluir desde jefes, a quienes se debe depositar un mí­nimo necesario de confianza, pues son ellos quienes “llevan el timón” de nuestro futuro económico; y compañeros. Este tipo de subespecie suele ser gente de bien, respetable en la mayorí­a de los casos, pero no siempre…

– Ya veo. Este es uno de esos casos, ¿verdad?

– Verdad

Ya dije en su dí­a que el mundo de la Comunicación me gusta. Si, claro, me podréis decir que es lógico, pues me quiero dedicar a la información (entiéndase así­, no a los informativos de televisión), pero algo que quien me conoce ya sabrá es que no me gustan los periodistas. Me pasa igual que con los abogados, francamente. Ya he mencionado alguna vez que creo que en la abogací­a muchos son unos sinvergí¼enzas. Por supuesto que soy consciente de que hay gente buena. Es más, en mi etapa de estudiante de Derecho conocí­ a este tipo de gente.

En el periodismo (nótese que lo escribo con minúscula)el compañerismo es algo que brilla por su ausencia y, por ende, no puedes creer en que si un compañero te dice que hará algo vaya a hacerlo realmente. Pero claro, la sensación es peor cuando dejas claro que todo tiene unos plazos y, nunca se sabe si para reírse en tu cara, te mandan el trabajo quince dí­as más tarde. ¿Culpa del mensajero? Quiero pensar que no, claro. Sé que la gente tiene que trabajar, sin embargo, no comprendo como, si sabes que no vas a hacer las cosas en el periodo previsto para ello, garantizas que estará en fecha.

Si, problema mí­o por fiarme, por supuesto, pero creedme que la decepción con los “compañeros” (y nunca un entrecomillado fue tan realista como este) es de dimensiones épicas. El periodismo es, con mucho, una de las profesiones peor valoradas. Soy de la opinión de que los periodistas tienen (tenemos) mucha culpa de ello. Sirva como ejemplo lo que os voy a contar ahora:

Hace unos dí­as comenté en twitter que necesitaba ayuda para realizar un trabajo sobre la información local en la Radio. El motivo de que recurriese a Twitter fue, como habréis adivinado, que me estaba quedando sin tiempo y no tení­a material para presentar el susodicho trabajo. Mientras yo enviaba mails a diferentes emisoras, los compañeros de clase, recordemos que serán los futuros periodistas en un periodo corto de tiempo, me decí­an que me inventase las entrevistas ya que, siempre según ellos, el profesor no leerí­a ninguno de los archivos enviados por nosotros. Bien, como podréis comprender mi no cara  era sino de estupor. Quienes el dí­a de mañana manejarán la información que todos nosotros recibiremos en nuestra casa, bien por ví­a televisiva, digital o radiada, recomiendan sin lugar a dudas que lo mejor es inventarse las cosas. Nos ha jodí­o mayo por no llover en abril, que dirí­a aquel.

Por supuesto que sé que hay gente honesta en la profesión. Y gente que ayuda a los estudiantes, claro. De hecho, desde aquí­ quiero agradecer su ayuda a Manuel íngel Garcí­a, que me respondió con una presteza impresionante al cuestionario que le mandé (gracias a que c0rvid0 nos puso en contacto). Por supuesto, también les agradezco a Pilar Ramos, de Punto Radio Madrid; a Fernando Berzosa, de Radio Aranda-Cadena SER y a Miguel Calvo, de RNE-Burgos su inestimable colaboración. Pero entenderéis que porque cuatro personas (cinco si contamos a la mensajera) sean honestas, mi opinión acerca de quienes conforman el periodismo sea nefasta. Y lo es porque, desde dentro, veo la que se nos viene a todos encima. Que los que están, (repito, no todos) se olvidan de ayudar a los demás y sólo miran “el ayudarse” a sí­ mismos. Que aunque haya calidad en muchos productos actualmente, y un ejemplo de calidad es “En dí­as como hoy” de RNE, los profesionales que mañana salgan a las redacciones se plantean el hecho de que inventarse una entrevista para un trabajo (y lo hago extensible, claro, al desarrollo de su profesión) no es algo malo.

No me gustan los periodistas. Como gremio dejan mucho que desear. Por eso, y después de meditarlo, no quiero ser uno de ellos. El concepto que se tiene es por culpa nuestra. Creo que, después de todo, trabajar con la información de la manera más cuidadosa y objetiva posible no es ser periodista, es ser respetuoso con quien va a recibir esa información. La profesión ha sido desvirtuado por sus propios integrantes. Ahora podemos empezar a pensar en dividir al gremio entre trabajadores de la información, incluso comunicadores, y los mal-llamados periodistas.

Es triste que alguien que lleva toda la vida queriendo ser Periodista (la mayúscula, en este caso, es el matiz), que ha luchado por entrar en la Universidad para formarse como tal, piense de esta manera. Y sí­, sigo queriendo ser uno de esos Periodistas. Sigo pensando que, aunque no guste, la verdad es la que es. Si no se tiene material para trabajar se debe asumir la culpa de ello. Nunca, y esto debe quedar claro, se le debe pasar a nadie por la cabeza falsear una información, y menos si quieres trabajar contándola.

En fin, no quiero sermonear a nadie. Mi opinión está aquí­. Tal vez deje cosas liadas. En los comentarios, si hay alguien que quiera, puedo responder, debatir o corregir si fuese necesario cualquier punto aquí­ escrito.

Miguel Calvo

Ya viene la navidad…

Me he dado cuenta de que las navidades, que ya están a la vuelta de la esquina, tienen una serie de comportamientos sociales que son prácticamente ineludibles. Cosas que, aunque quieras evitarlas, siempre acabas haciéndolas. No hablo sólo de las comidas/cenas familiares, que una vez al año no está mal reunirte con la familia (según las familias, claro), sino de cosas más simples.

Que la suerte te acompañe

No sé vosotros, pero yo soy de los que para en los bares. En Aranda voy siempre al mismo bar a tomar el café de después de comer (y el aguardiente) y por la noche voy al mismo sitio a tomarme el café (o el GinTonic si es sábado). Claro, estando allí­ más tiempo que la máquina del café se hace inevitable que te pregunten si quieres loterí­a del sitio. ¿Qué responder a esto? Pues, en mi caso, dices que sí­ que la quieres, claro. A esto hay que sumarle los décimos del trabajo, del equipo de fútbol de los colegas (que cada uno juega en uno), de las chicas de la biblioteca que se van de viaje de estudios, etcétera. Esas situaciones en las que no puedes decir que no porque te ven todos los dí­as. Total, que este año igual llevo, entre pitos y flautas, 70 euros de loterí­a. Y todo para que no me toque.

¡Felices pascuas!

No soy yo de los que felicita a todo el mundo. No me sale. En estos cinco años de blog he enviado alguna que otra felicitación a alguno de vosotros. No me gusta mandar postales, soy de mensajes exclusivos. El caso es que esa gente que felicita a todo el mundo las pascuas no me gusta. Por lo menos, ya que tanto creen en estas fechas, que menos que ser honesto. Si un vecino, por ejemplo, no te cae bien, no tienes por qué felicitarle las fiestas y decirle eso de “que pase usted buena noche”. No es obligatorio. Si durante todo el año te está amargando con los partidos del Real Madrid a todo volumen, ¿por qué tengo yo que desearle buena noche? Lo siento, pero no entiendo esa falta de honestidad para con uno mismo. Y mucha gente lo hace. Es como las conversaciones de ascensor: todos hemos tenido alguna.

¿Qué ponen por la tele?

Esta es otra. En primer lugar, tengo que aclarar que desde el año pasado estoy indignado con las cadenas. ¿Cómo es posible que Ramón Garcí­a vaya a estar por segundo año consecutivo sin dar las campanadas? ¡No, hombre, no!

Ahora en serio, los refritos navideños que, casualmente, son los mismos que en verano o semana santa, asaltarán las parrillas televisivas. Especiales de Los Simpsons, videos de toñazos, Raphael (que un año gusta, pero todos da que pensar) hace que la televisión de asco en esas fechas. ¿Y los especiales de humor? Todas las cadenas tienen uno. Y a cada cual peor. Creo que tocaron fondo aquel año que dieron un especial de las matrimoniadas de Jose Luis Moreno. Eso y que Belén Esteban de te de las campanadas. ¿Cómo? ¿Que eso es TeleCinco? Si, es cierto, pero es que pones TVE y está Anne Igartiburu y, después, Andoni Ferreño. Que esa es otra. En navidad se recupera a las viejas glorias de la televisión. Agustí­n Bravo o Andoni Ferreño son muestra de ello.

En fin, que al final son fechas en las que todos hacemos lo mismo, sin excepción. Y yo el primero, porque compro loterí­a y veo la tele. En cuanto a felicitarle las pascuas a la gente que no me cae bien… no. Por ahí­ no paso.

Crónica de un desengaño

Me han mandado escribir para clase una crónica de mi primer dí­a de clase. Curioso, pero es una buena manera de obligarme a escribir en este lugar. De hecho, lo que de aquí­ salga será lo que entregue como mi crónica. Por eso, y para no haceros sufrir demasiado, dejaré el resultado publicado justo después del salto. De este modo, quien quiera podrá leerlo y quien no pues, lógicamente, puede no leerlo y volver por aquí­ en otro momento. En fin, que os dejo con la crónica tras el salto.

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Etenno retonno

La verdad es que hací­a tiempo que no escribí­a aquí­. Si, soy un dejado. La verdad es que los que lleváis tiempo por aquí­ ya sabéis que soy “como el Guadiana”, tan pronto no escribo nada como escribo 3 entradas de tirón.

El caso es que, como algunos ya sabrán, el motivo de que no escriba por aquí­ es porque tengo otro blog con unos compañeros de clase para una asignatura de la carrera.

En primer lugar, y quiero que esto quede claro, me parece francamente lamentable tener que desperdiciar horas de clase en “aprender” a mantener un blog. Lo curioso del caso es que ese “mantener” consiste en abrir un blog en Blogger o WordPress y ya está. Si, hay obligación de escribir una entrada todas las semanas, pero ya está, no tiene más vueltas de tuerca.

¿Cosas buenas de participar en ese blog? Pues hombre, si. Hasta el momento, he participado en la grabación de una serie de videos para dicho blog. Además de eso, por ahora he editado yo los videos que hemos subido, con lo que he practicado un poco en cuanto a montaje con Adobe Premiere CS3. También he hecho una entrada de audio hablando de la oximetazolina y demás zarandajas que enganchan a la gente con el pretexto de ser medicamentos. Todo esto, claro, con un humor absurdo que es el que caracteriza a la mitad de los miembros del equipo.

La sensación de ver que tenemos 60 visitas diarias me gusta. Por supuesto, en este blog he tenido satisfacciones mayores en ese campo, llegando a tener más de 200 visitantes únicos al dí­a, pero el ver que un proyecto nuevo crece hace hasta ilusión. No os puedo dar el enlace del blog. Digamos que no me gustarí­a que la gente que entra allí­ conociese la dirección de esta Taberna. Eso si, los videos podréis verlos si entráis en Vimeo y buscáis al usuario “Chorradas”. (Esta lí­nea las editaré mañana para borrar pruebas, jeje)

Sin embargo, este es mi blog. Después de tantos años aquí­, vosotros me conocéis mucho mejor que el 99.9% de mis compañeors. Y francamente, prefiero que sea así­. Me refiero a que, además de mis amigos, vosotros sois los que sabéis realmente como soy, sin máscaras. De hecho, a algunos ya os conozco en persona y otros me habéis visto en fotografí­as, luego, como digo, en La Taberna soy yo.

Lo dicho, que a ver si me pongo en serio con este blog. Como propósito a corto plazo, intentaré escribir una entrada a la semana. De hecho, eso sé que puedo hacerlo porque más de un dí­a llego a casa con ideas pero sin ganas, así­ que habrá que centrarse un poco.

Pd: Perdón por el tí­tulo. Para quien no lo cogiese a tiempo, hay que leerlo con el tono de Millán Salcedo.

Quejarse por vicio

Hace años, si no me falla la memoria en aquel programa de “La Milá” llamado “Queremos saber…”, Paco Umbral llamó a la gente de Aranda “paletos”. El motivo, que por cierto no recordaba, fue porque en 1993 se vio envuelto en una agria polémica por llamar «paletos» a las personas de Aranda de Duero en una televisión nacional, el candidato a la presidencia del gobierno José Marí­a Aznar habí­a sido recibido en esta localidad en honor de multitudes mientras que Felipe González habí­a sido abucheado en la Universidad por esos mismos dí­as¹. Umbral fue muy criticado entonces por todo aquello.

Sin embargo, y no sabéis cuanto me duele decir esto, empiezo a pensar que tení­a razón. El perfil endogámico de una cierta parte de los arandinos hace que la Villa no avance todo lo que deberí­a. No me estoy refiriendo a temas industriales, pues Aranda prospera razonablemente bien en ese campo si tenemos en cuenta que las tres grandes fábricas (y las futuras incorporaciones de Aceros de China) no han presentado resultados negativos (aunque bueno, Leche Pascual llevó a cabo un ERE que no afectó igual a los arandinos y a los gallegos).

En cuanto a ocio, Aranda es un pueblo estancado. Muchos dicen que el problema está en que la gente joven se va de allí­ para estudiar en otros lugares y que es por eso que no se preparan cosas para la juventud. Sin embargo, y pese a que sea cierto que muchos estamos fuera, creo que la proporción de arandinos que están allí­ es muy superior al porcentaje de gente que no lo estamos.

Aranda posee un par de salas (o tres, no me hagáis mucho caso en esto) donde poder realizar concierto í­ntimos. Es más, cuenta con una plaza de toros cubierta de reciente construcción que, pese a estar envuelta en una fina capa de tejemanejes por parte del Ayuntamiento y el empresario, serí­a el lugar perfecto para realizar conciertos. Por supuesto, también posee un recinto ferial polivalente donde se podrí­an desarrollar un sinfí­n de actividades de ocio. ¿Y teatros? Actualmente están activos el de la Casa de la Cultura y el de Caja de Burgos, este último siendo muy activo desde su construcción gracias a la propia Caja.

Si, de acuerdo, tenemos recintos y, efectivamente, he dicho que algunos están activos. Sin embargo, el ocio está destinado, desde mi punto de vista, a los mayores de 35-40 años. Hace un año (tal vez dos) uno de los hoteles de Aranda traí­a monologuistas de Paramount Comedy todos los viernes. El resultado de aquello era un lleno absoluto del lugar. Por otra parte, es cierto que hay conciertos de cuando en cuando auspiciados por los locales y los músicos de la Villa, pero no se enteran los jovenes ya que no se publicita.

Pero, y este es el motivo de la entrada, a veces hay quien se moja e intenta cambiar las cosas. Si, iniciativas culturales (de acuerdo, con la sombra de entidades privadas) que pretenden “mover” a los jóvenes arandinos. Prueba de ello es el festival “Sonorama“. A muchos no os sonará, pero las opiniones de los que controlan del tema indican que “Sonorama” es uno de los mejores festivales de España². Además, la gracia del festival radica no sólo en que miles de personas se acercan a Aranda con la intención de disfrutar del espectáculo, sino en que esas personas dejan dinero en Aranda. Si, “mercantilismo” y “bla, bla, bla”, pero el dinero que ha ingresado la hostelerí­a en Aranda en tres dí­as ha sido brutal. De hecho, los hosteleros están muy contentos con “Sonorama”.

Una iniciativa que realmente hace que el pueblo se movilice por algo relacionado con los jóvenes. De hecho, guste o no la música que aparece en el festival, quien más quien menos ha ido a los concierto o actividades gratuitas que proponen desde la asociación Art-de-Troya (organizadora del evento).

Pues bien, realmente es esa asociación (y otras, claro, pero principalmente esa) quien trae a grandes figuras de la música a Aranda y propone alternativas para que los jóvenes no huyamos de la villa hacia Burgos, Madrid o Valladolid. De hecho, durante todo el año realizan alguna que otra actividad o concierto.

Lo que me molesta, y este era el verdadero motivo de esta entrada, es el carácter paleto de muchos arandinos cuando dicen que el “Sonorama” es una mierda porque llena Aranda de gente que no hace más que salir de fiesta y no se puede ni pasear por el centro ni entrar en los bares [por las actividades gratuitas del festival] o que claro, como el que lo organiza es el dueño de dos bares en Aranda lo hace para llenarse los bolsos a costa de los arandinos. De hecho, he llegado a escuchar estupideces de un calibre inimaginable, del estilo de que es imposible que tenga dinero para todo, seguro que vende drogas a los que vienen al festival. Quiero recordar que Art-de-Troya paga el “Sonorama” con lo que ingresa del mismo festival y los sobrantes de años anteriores.

No entiendo esa forma de pensar tan extendida en Aranda. No me gusta, de hecho. No me parece ni medio normal que cuando alguien, ya no a tí­tulo personal, que no es el caso, sino una asociación, se mueve para darle vida al pueblo el resto sólo haga que poner trabas. Eso y decir cosas como que “eso con mi dinero no se hace”. ¿No me creéis? De acuerdo, pues leed los comentarios de esta entrada en Diario de la Ribera. O cualquiera relacionada con “Sonorama” o con las actividades para los jóvenes. Y lo mejor es que muchos son jóvenes que luego se quejan de que en Aranda nunca pasa nada.

No veo lógico que los jóvenes tiren mierda sobre quienes les dan alternativas. Puedes estar más o menos complacido por las actividades, pero lo que hay que hacer es valorar el hecho de que alguien se está moviendo para que los demás tengan mayores opciones para el ocio. De verdad, no lo entiendo.

“Mejorando” lo presente

El tema de la reforma laboral en España está dando más de un titular curioso a la prensa. Y no me refiero a curiosos en plan “Denuncia a su hija yonqui por vender el apellido de su nieta a un ‘sin papeles’“, no. Hablo del titular que podemos ver en la web de 20minutos.es:

El presidente de Mango sugiere que los nuevosfuncionarios puedan ser despedidos

Qué bien, ¿verdad? Sí­, todos hemos pensado alguna vez que los funcionarios deberí­an poder ser despedidos si su competencia o productividad no alcanzase unas cotas razonables. De hecho, serí­a bueno que esto ocurriese en tanto que de este modo los funcionarios serí­an eficientes del mismo modo que pueda serlo un trabajador de la empresa privada ya que, en el caso de que no hiciese su trabajo, podrí­a ser despedido.

Este titular se corresponde con unas declaraciones realizadas por el presidente de Mango, Isak Andic. Ahora, y gracias a estas declaraciones, podemos pensar que Mango es una empresa “que mola”  y que su presidente es alguien que se preocupa por el paí­s y la calidad de vida que este proporciona.

Pues nada más lejos de la realidad, amigos. Desde mi punto de vista, lo que realmente habrí­a que haber utilizado como carne del titular es la siguiente idea:

También abogó por reducir las cotizaciones de las empresas a la Seguridad Social o eliminarlas durante los dos primeros años de trabajo en el caso de los jóvenes que se incorporan al mercado laboral.

Es decir, que lo que dice este señor es que los dos primeros años de trabajo de un chaval no cuenten para el computo total de la Seguridad Social. Dos años tras los cuales te pueden despedir sin coste adicional (si me equivoco, me gustarí­a que me corrijiesen). Es decir, no es despido libre, por supuesto, pero tampoco garantiza nada a los jóvenes y su incorporación al mercado laboral.

Por otra parte, dice que “por el bien del paí­s” los medios tienen que hablar bien de los empresarios para que los niños, de mayores, quieran serlo. Bien, vayamos por partes.

Puedo entender que, efectivamente, en España no potenciamos eso de que alguien sea su propio jefe y, por ende, pueda serlo de otros. Es más, mucha gente de mi edad desconoce lo que es un autónomo (me he encontrado casos de estudiantes universitarios que no saben lo que es, aunque tampoco saben lo que es trabajar) más allá de lo que cuentan los anuncios de telefoní­a móvil. Sin embargo, si me encontrase frente al señor Andic me gustarí­a preguntarle cómo podemos hacer eso desde los medios de comunicación cuando son los empresarios (y ahora hablo de los grandes empresarios) los primeros que lanzan mierda sobre su propio tejado. Que Dí­az Ferrán diga ahora que no se presentará a la reelección no sirve para lavar la cara a unos empresarios que vieron como las empresas de su “lí­der” se iban a pique y, sin embargo, lo mantuvieron en el puesto de presidente de La Patronal. Es más, vieron como no pagaba a sus trabajadores y se callaron “como putas”. Por eso, y pese a que en España existan buenos empresarios (o no tan malos, según quien quiera mirarlo), es imposible hablar bien y, por ende, decirles a los niños que “esos señores que manejan la tela son buenos”.

Ahora, no todo iba a ser criticar. Estoy de acuerdo con el presidente de Mango en que hay que potenciar el aprendizaje de idiomas en nuestro paí­s y, por supuesto, mejorar la educación secundaria y la Formación Profesional. Sin embargo, no creo que el Gobierno actual, ni siquiera el que venga en las próximas elecciones (sea del color que sea), vaya a hacer nada a favor de la educación. ¿Por qué lo creo? Porque soy de los que piensa que la E.S.O. ha creado una cantidad ingente de zotes (me incluyo el primero, por supuesto) y que la actual L.O.U en las Universidades está haciendo lo propio en la enseñanza superior (donde también me incluyo).

Desde luego, lo que tengo claro que cada vez que habla un “gran empresario” sube el pan. Ahora sólo falta saber cuanto nos va a costar la barra a partir de ahora.

Cosas que no comprendo

Hoy he recibido mi primera reprimenda desde que trabajo en la Biblioteca. De hecho, no ha sido realmente una reprimenda. Más bien lo que ha sido es una pequeña llamada de atención.

El caso es que me la he ganado por dejar el mostrador en un momento donde habí­a mucho trasiego de gente por ir a ayudar a una chica que, para que nos entendamos y no andemos con rodeos, está igual que Stephen Hawking con la única salvedad de que esta chica si que puede hablar.

Inicialmente, y como decí­a yo en Twitter, esta chica tení­a una becaria asignada. El problema es que el cometido de la muchacha era el de ayudarla “de manera administrativa”, es decir, acompañarla durante todo el turno en el que estudia la muchacha y hacer todo lo que ella no pueda, además de facilitarle el paso por determinados sitios, etc.

La problemática llega cuando esta becaria se ve obligada a acompañar a orinar a esta chica. Y digo problemática porque una sola persona no puede levantar de la silla a un peso muerto y ponerlo en la respectiva taza del váter. Además de eso (y de no estar, como es lógico, cualificada para esto) esa no es su función. Por eso, la becaria se vio en la tesitura de tener que rechazar una beca de la Universidad, con el consecuente cierre de puertas para solicitar becas de colaboración en cualquier otro ámbito.

Desde la primera semana, esta muchacha viene sola a la biblioteca (y, bueno, al Campus). Personalmente, no comprendo como los padres, tutores, familiares, etc. permiten que se de esta situación. Es una persona que, salta a la vista, no se puede valer por sí­ sola y, sin embargo, ahí­ está.

Un dí­a, comentando el tema con mi jefa me dijo que ella tuvo que acompañarla al baño un dí­a. Por lo que me contó, esta chica necesita 24 horas a alguien que esté con ella para estos menesteres.

Comprendo que esté bien de la cabeza y que quiera estudiar. Es más, me parece perfecto que así­ sea. El problema viene cuando TODO el personal se tiene que movilizar para que ella esté bien atendida en el campo extraestudiantil. No puede valerse, como digo, sola.

Y la llamada de atención ha sido por este motivo. Ella me ha pedido un libro y yo he tenido que abandonar el mostrador para ir a buscarlo si avisar a mi jefa de que se quedaba sola con toda esa multitud de gente que tení­amos y, claro, no daba a basto. Lo que me ha dejado claro es que no podemos estar a disposición de esta muchacha para todo lo que nos pida al instante. Si quiere un trato igualitario, debe esperar como el resto de usuarios y no tener un trato preferente por su situación. Además de eso, siempre que creamos que necesita algo personal no podemos ayudarla porque si, por ejemplo, se nos escurre, el lí­o que nos buscamos en ese momento no terminarí­a bien.

Soy consciente de que mi jefa tiene razón. De hecho, es una verdad impepinable la que me ha dicho. Nosotros no somos quienes tenemos que ayudarla y, además, no estamos cualificados en absoluto para esa labor.

A ver cómo acaba esto, pero yo creo que o alguien acompaña a esta muchacha o no podrá seguir en la Universidad. Eso si, muy mal por parte de la familia por no poner a alguien con su hija, porque es algo esencial.

Y viendo el tabernero que perdí­a, también bebí­a