Hoy he recibido mi primera reprimenda desde que trabajo en la Biblioteca. De hecho, no ha sido realmente una reprimenda. Más bien lo que ha sido es una pequeña llamada de atención.
El caso es que me la he ganado por dejar el mostrador en un momento donde había mucho trasiego de gente por ir a ayudar a una chica que, para que nos entendamos y no andemos con rodeos, está igual que Stephen Hawking con la única salvedad de que esta chica si que puede hablar.
Inicialmente, y como decía yo en Twitter, esta chica tenía una becaria asignada. El problema es que el cometido de la muchacha era el de ayudarla “de manera administrativa”, es decir, acompañarla durante todo el turno en el que estudia la muchacha y hacer todo lo que ella no pueda, además de facilitarle el paso por determinados sitios, etc.
La problemática llega cuando esta becaria se ve obligada a acompañar a orinar a esta chica. Y digo problemática porque una sola persona no puede levantar de la silla a un peso muerto y ponerlo en la respectiva taza del váter. Además de eso (y de no estar, como es lógico, cualificada para esto) esa no es su función. Por eso, la becaria se vio en la tesitura de tener que rechazar una beca de la Universidad, con el consecuente cierre de puertas para solicitar becas de colaboración en cualquier otro ámbito.
Desde la primera semana, esta muchacha viene sola a la biblioteca (y, bueno, al Campus). Personalmente, no comprendo como los padres, tutores, familiares, etc. permiten que se de esta situación. Es una persona que, salta a la vista, no se puede valer por sí sola y, sin embargo, ahí está.
Un día, comentando el tema con mi jefa me dijo que ella tuvo que acompañarla al baño un día. Por lo que me contó, esta chica necesita 24 horas a alguien que esté con ella para estos menesteres.
Comprendo que esté bien de la cabeza y que quiera estudiar. Es más, me parece perfecto que así sea. El problema viene cuando TODO el personal se tiene que movilizar para que ella esté bien atendida en el campo extraestudiantil. No puede valerse, como digo, sola.
Y la llamada de atención ha sido por este motivo. Ella me ha pedido un libro y yo he tenido que abandonar el mostrador para ir a buscarlo si avisar a mi jefa de que se quedaba sola con toda esa multitud de gente que teníamos y, claro, no daba a basto. Lo que me ha dejado claro es que no podemos estar a disposición de esta muchacha para todo lo que nos pida al instante. Si quiere un trato igualitario, debe esperar como el resto de usuarios y no tener un trato preferente por su situación. Además de eso, siempre que creamos que necesita algo personal no podemos ayudarla porque si, por ejemplo, se nos escurre, el lío que nos buscamos en ese momento no terminaría bien.
Soy consciente de que mi jefa tiene razón. De hecho, es una verdad impepinable la que me ha dicho. Nosotros no somos quienes tenemos que ayudarla y, además, no estamos cualificados en absoluto para esa labor.
A ver cómo acaba esto, pero yo creo que o alguien acompaña a esta muchacha o no podrá seguir en la Universidad. Eso si, muy mal por parte de la familia por no poner a alguien con su hija, porque es algo esencial.
