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Crónica de un desengaño

Me han mandado escribir para clase una crónica de mi primer dí­a de clase. Curioso, pero es una buena manera de obligarme a escribir en este lugar. De hecho, lo que de aquí­ salga será lo que entregue como mi crónica. Por eso, y para no haceros sufrir demasiado, dejaré el resultado publicado justo después del salto. De este modo, quien quiera podrá leerlo y quien no pues, lógicamente, puede no leerlo y volver por aquí­ en otro momento. En fin, que os dejo con la crónica tras el salto.

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Quejarse por vicio

Hace años, si no me falla la memoria en aquel programa de “La Milá” llamado “Queremos saber…”, Paco Umbral llamó a la gente de Aranda “paletos”. El motivo, que por cierto no recordaba, fue porque en 1993 se vio envuelto en una agria polémica por llamar «paletos» a las personas de Aranda de Duero en una televisión nacional, el candidato a la presidencia del gobierno José Marí­a Aznar habí­a sido recibido en esta localidad en honor de multitudes mientras que Felipe González habí­a sido abucheado en la Universidad por esos mismos dí­as¹. Umbral fue muy criticado entonces por todo aquello.

Sin embargo, y no sabéis cuanto me duele decir esto, empiezo a pensar que tení­a razón. El perfil endogámico de una cierta parte de los arandinos hace que la Villa no avance todo lo que deberí­a. No me estoy refiriendo a temas industriales, pues Aranda prospera razonablemente bien en ese campo si tenemos en cuenta que las tres grandes fábricas (y las futuras incorporaciones de Aceros de China) no han presentado resultados negativos (aunque bueno, Leche Pascual llevó a cabo un ERE que no afectó igual a los arandinos y a los gallegos).

En cuanto a ocio, Aranda es un pueblo estancado. Muchos dicen que el problema está en que la gente joven se va de allí­ para estudiar en otros lugares y que es por eso que no se preparan cosas para la juventud. Sin embargo, y pese a que sea cierto que muchos estamos fuera, creo que la proporción de arandinos que están allí­ es muy superior al porcentaje de gente que no lo estamos.

Aranda posee un par de salas (o tres, no me hagáis mucho caso en esto) donde poder realizar concierto í­ntimos. Es más, cuenta con una plaza de toros cubierta de reciente construcción que, pese a estar envuelta en una fina capa de tejemanejes por parte del Ayuntamiento y el empresario, serí­a el lugar perfecto para realizar conciertos. Por supuesto, también posee un recinto ferial polivalente donde se podrí­an desarrollar un sinfí­n de actividades de ocio. ¿Y teatros? Actualmente están activos el de la Casa de la Cultura y el de Caja de Burgos, este último siendo muy activo desde su construcción gracias a la propia Caja.

Si, de acuerdo, tenemos recintos y, efectivamente, he dicho que algunos están activos. Sin embargo, el ocio está destinado, desde mi punto de vista, a los mayores de 35-40 años. Hace un año (tal vez dos) uno de los hoteles de Aranda traí­a monologuistas de Paramount Comedy todos los viernes. El resultado de aquello era un lleno absoluto del lugar. Por otra parte, es cierto que hay conciertos de cuando en cuando auspiciados por los locales y los músicos de la Villa, pero no se enteran los jovenes ya que no se publicita.

Pero, y este es el motivo de la entrada, a veces hay quien se moja e intenta cambiar las cosas. Si, iniciativas culturales (de acuerdo, con la sombra de entidades privadas) que pretenden “mover” a los jóvenes arandinos. Prueba de ello es el festival “Sonorama“. A muchos no os sonará, pero las opiniones de los que controlan del tema indican que “Sonorama” es uno de los mejores festivales de España². Además, la gracia del festival radica no sólo en que miles de personas se acercan a Aranda con la intención de disfrutar del espectáculo, sino en que esas personas dejan dinero en Aranda. Si, “mercantilismo” y “bla, bla, bla”, pero el dinero que ha ingresado la hostelerí­a en Aranda en tres dí­as ha sido brutal. De hecho, los hosteleros están muy contentos con “Sonorama”.

Una iniciativa que realmente hace que el pueblo se movilice por algo relacionado con los jóvenes. De hecho, guste o no la música que aparece en el festival, quien más quien menos ha ido a los concierto o actividades gratuitas que proponen desde la asociación Art-de-Troya (organizadora del evento).

Pues bien, realmente es esa asociación (y otras, claro, pero principalmente esa) quien trae a grandes figuras de la música a Aranda y propone alternativas para que los jóvenes no huyamos de la villa hacia Burgos, Madrid o Valladolid. De hecho, durante todo el año realizan alguna que otra actividad o concierto.

Lo que me molesta, y este era el verdadero motivo de esta entrada, es el carácter paleto de muchos arandinos cuando dicen que el “Sonorama” es una mierda porque llena Aranda de gente que no hace más que salir de fiesta y no se puede ni pasear por el centro ni entrar en los bares [por las actividades gratuitas del festival] o que claro, como el que lo organiza es el dueño de dos bares en Aranda lo hace para llenarse los bolsos a costa de los arandinos. De hecho, he llegado a escuchar estupideces de un calibre inimaginable, del estilo de que es imposible que tenga dinero para todo, seguro que vende drogas a los que vienen al festival. Quiero recordar que Art-de-Troya paga el “Sonorama” con lo que ingresa del mismo festival y los sobrantes de años anteriores.

No entiendo esa forma de pensar tan extendida en Aranda. No me gusta, de hecho. No me parece ni medio normal que cuando alguien, ya no a tí­tulo personal, que no es el caso, sino una asociación, se mueve para darle vida al pueblo el resto sólo haga que poner trabas. Eso y decir cosas como que “eso con mi dinero no se hace”. ¿No me creéis? De acuerdo, pues leed los comentarios de esta entrada en Diario de la Ribera. O cualquiera relacionada con “Sonorama” o con las actividades para los jóvenes. Y lo mejor es que muchos son jóvenes que luego se quejan de que en Aranda nunca pasa nada.

No veo lógico que los jóvenes tiren mierda sobre quienes les dan alternativas. Puedes estar más o menos complacido por las actividades, pero lo que hay que hacer es valorar el hecho de que alguien se está moviendo para que los demás tengan mayores opciones para el ocio. De verdad, no lo entiendo.

Cosas que no comprendo

Hoy he recibido mi primera reprimenda desde que trabajo en la Biblioteca. De hecho, no ha sido realmente una reprimenda. Más bien lo que ha sido es una pequeña llamada de atención.

El caso es que me la he ganado por dejar el mostrador en un momento donde habí­a mucho trasiego de gente por ir a ayudar a una chica que, para que nos entendamos y no andemos con rodeos, está igual que Stephen Hawking con la única salvedad de que esta chica si que puede hablar.

Inicialmente, y como decí­a yo en Twitter, esta chica tení­a una becaria asignada. El problema es que el cometido de la muchacha era el de ayudarla “de manera administrativa”, es decir, acompañarla durante todo el turno en el que estudia la muchacha y hacer todo lo que ella no pueda, además de facilitarle el paso por determinados sitios, etc.

La problemática llega cuando esta becaria se ve obligada a acompañar a orinar a esta chica. Y digo problemática porque una sola persona no puede levantar de la silla a un peso muerto y ponerlo en la respectiva taza del váter. Además de eso (y de no estar, como es lógico, cualificada para esto) esa no es su función. Por eso, la becaria se vio en la tesitura de tener que rechazar una beca de la Universidad, con el consecuente cierre de puertas para solicitar becas de colaboración en cualquier otro ámbito.

Desde la primera semana, esta muchacha viene sola a la biblioteca (y, bueno, al Campus). Personalmente, no comprendo como los padres, tutores, familiares, etc. permiten que se de esta situación. Es una persona que, salta a la vista, no se puede valer por sí­ sola y, sin embargo, ahí­ está.

Un dí­a, comentando el tema con mi jefa me dijo que ella tuvo que acompañarla al baño un dí­a. Por lo que me contó, esta chica necesita 24 horas a alguien que esté con ella para estos menesteres.

Comprendo que esté bien de la cabeza y que quiera estudiar. Es más, me parece perfecto que así­ sea. El problema viene cuando TODO el personal se tiene que movilizar para que ella esté bien atendida en el campo extraestudiantil. No puede valerse, como digo, sola.

Y la llamada de atención ha sido por este motivo. Ella me ha pedido un libro y yo he tenido que abandonar el mostrador para ir a buscarlo si avisar a mi jefa de que se quedaba sola con toda esa multitud de gente que tení­amos y, claro, no daba a basto. Lo que me ha dejado claro es que no podemos estar a disposición de esta muchacha para todo lo que nos pida al instante. Si quiere un trato igualitario, debe esperar como el resto de usuarios y no tener un trato preferente por su situación. Además de eso, siempre que creamos que necesita algo personal no podemos ayudarla porque si, por ejemplo, se nos escurre, el lí­o que nos buscamos en ese momento no terminarí­a bien.

Soy consciente de que mi jefa tiene razón. De hecho, es una verdad impepinable la que me ha dicho. Nosotros no somos quienes tenemos que ayudarla y, además, no estamos cualificados en absoluto para esa labor.

A ver cómo acaba esto, pero yo creo que o alguien acompaña a esta muchacha o no podrá seguir en la Universidad. Eso si, muy mal por parte de la familia por no poner a alguien con su hija, porque es algo esencial.

Mujeres

No hay quien las entienda.

Podrí­a terminar el post ahora mismo dejando la frase que encabeza estas lí­neas. Sin embargo, y como llevo unos dí­as que no entro por aquí­, me voy a extender en la explicación para desgracia (o no) vuestra.

Cuando uno tiene pareja suele decir cosas como “yo entiendo a mi pareja” y esas cosas. ¡Mememeces! ¡No la entiendes, compañero! Lo que pasa es que te has acostumbrado a sus posibles salidas o reacciones. De hecho, estoy convencido de que los hombres nunca seremos capaces de entender a las mujeres. Nos podremos aproximar a lo que piensan, pero nunca lo entenderemos. Ni siquiera los gays. En serio, pensadlo frí­amente.

Discusiones tontas porque primero dicen H y luego dicen B son la cosa más normal del mundo.

Ella: Esta noche me apetece salir con mis amigas.

í‰l: ¡Ah! ¡Bien! ¡Entonces llamaré a [introduzca el nombre de un amigo] y que venga a jugar a la consola!

Ella: ¿Sabes? Ya no me apetece salir hoy.

í‰l: ¿Pero si acabas de decir…?

Ella: ¿Yo? No he dicho nada. Sólo que igual salí­a…

Os suena, ¿cierto? Bueno, pues hay una cosa que puede llegar a molestar infinitas veces más. Y lo creo en base a que la novia, por lo menos, es tu novia con todo lo que ello conlleva. No, no hablo solo de que tengas el sexo casi asegurado. Hablo de que hay, dentro de lo que cabe, alguien con quien hablar y que te da cariño y mimos. Digamos que es una contraprestación por la situación anterior. Cuando quieren pueden ser seres realmente encantadoras. Recordemos el matiz “cuando quieren”, por favor.

Lo que realmente me rompe las pelotas de las mujeres es cuando, después de estar metiendo fichas medio verano como un gañán; lanzando ataques realmente buenos o, sencillamente, intentando conquistarlas y dejas de hacerlo (por lo que fuere), es en ese preciso momento cuando comienzan a mostrar interés. Tal vez generalice… ¡Qué cojones! ¡Generalizo que para eso es mi blog! Ese es un comportamiento que hacen todas las mujeres. Cuando ya has perdido la esperanza y comienzas a pasar de la susodicha en cuestión, es en ese momento y no en otro cuando comienzan a ser más agradables. Si antes no te saludaban dándote dos besos, ahora lo hacen. Si antes no te mandabanSMS, ahora sí­.

Esa, amigos mí­os, es la actitud más rompehuevos que conozco. Y me jode. Porque que sea la novia quien, de cuando en cuando, te martirice con alguna de sus ideas tiene un pase por lo que comento de las contraprestaciones. Pero que te lo haga alguien externo a ti en tanto a que sea una compañera de clase, de trabajo, amiga o completa desconocida a la que conoces en una noche de farra no me gusta. Me parece un comportamiento realmente deleznable.

Porque, a ver (y tiro la pregunta al aire) ¿si he dejado de insistir no es lo suyo que te dejen ahora en paz? Es una cosa que las mujeres hacen mucho, y me jode.

Y si, me estoy desahogando. Y lo hago porque pese a haberlo comentado con alguna mujer antes de escribirlo, ellas me han dicho siempre que las mujeres no son así­ y que el concepto que tengo es erróneo. Aquí­, donde ya nos conocemos todos (relativamente, no en un sentido bí­blico, claro) pregunto a quienes entran en esta santa casa (tanto a hombres como a mujeres) ¿tengo razón? ¿Son así­ en su mayorí­a? ¿O es que realmente mi concepto es equivocado?

Fauna y flora

Una de las cosas que nunca me han preocupado es mi apariencia fí­sica. A ver, no es que vaya hecho un guarro, pero tampoco es que me preocupe en demasí­a por mi “estado de chapa”. De hecho, es posible que sea el único alumno de mi clase que vaya en chándal un dí­a de diario. Es más, recuerdo ser el único que en la UC3M iba en chándal a clase.

Tampoco soy muy amigo de las cuchillas de afeitar. Llevo barba desde los 16 años (y no miento) y desde entonces me habré quitado la susodicha un máximo de 9-10 veces, para que os hagáis una idea.

¿Y esto a qué viene? Pues viene a colación de que este inicio de curso en la Biblioteca donde trabajo parece un hí­brido entre la Pasarela Cibeles y un fin de semana de regatas en Palma.

Si me seguí­s en Twitter lo sabréis, pero para los que llegan aquí­ desde Google no está de más mencionarlo: los escotes están a la orden del dí­a. Y no digo que esté mal, cuidado, pero es que hay diferentes tipos de escotes. Me refiero a que está el escote que sugiere (suele ser mi favorito, por cierto) y el escote que deja media teta fuera. Lo que quiero decir es que no comprendo como vienen con este segundo tipo de escote a clase.

Eso y los shorts. Esos micropantalones que alegran la vista en un alto porcentaje (siempre hay quien lleva prendas que no debe) pero que, y vuelvo a repetir que soy un tí­o de comodidad más que de apariencia, no veo adecuados para estar en clase. Y no lo veo no porque sea un retrógrado de los que opina que si se ve la rodilla es una mujer promiscua, nada más lejos. Lo plantearé de otro modo. ¿Cómo no te voy a mirar el culo si me lo vienes enseñando desde lejos? Que para un fin de semana me parece realmente bien que se pongan esa ropa. Es más, para un lunes me lo parece, pero no para estar en clase. Y si, es posible que sea un clásico (o anticuado, o como queráis llamarlo) pero es que es así­.

Por cierto, y ahora que saco el tema de los shorts, sigo sin entender por qué yo no me puedo poner un pantalón corto para ir a determinadas clases y mis compañeras se pueden poner esta prenda sin ningún tipo de problema. Que si, que mis piernas son unas piernas peludas y las suyas están depiladas (en la mayorí­a de los casos), pero me sigue pareciendo una chorrisandez que mis pantalones cortos, que además no marcan nada, no sean válidos y sus pantalones de tipo “sordomuda” si que sean estéticos. Pero bueno, ese es otro tema de debate.

Además, y como he dicho al principio, en el Campus donde trabajo, el modelo “regatista” está a la orden del dí­a. Salvo contadas excepciones, los chicos aparecen con con zapatos “náuticos” o mocasines, pantalón de loneta y camisas con un cocodrilo o un jugador de polo. Si, camisas de esas que valen, aparentemente, más que todas mis camisetas juntas.

Por supuesto, un denominador común entre chicos y chicas es que hablan como si tuviesen un calcetí­n en la boca. ¿Recordáis a Julio José Iglesias? Pues una cosa así­. Eso y el tono de perdonavidas cuando se dirigen a ti, que también es otro tema.

Pero buen, que el mensaje que querí­a dejar claro es que no comprendo a la gente que le da tantí­sima importancia a la apariencia fí­sia. De hecho, y no creo que me equivoque, me da la sensación de que este tipo de gente no tiene mucho que aportar a los demás y es por eso que su único afán es que lo vean guapo o guapa.

Es un post un poco extraño en su estructura, lo sé, pero espero que se haya entendido la idea que querí­a expresar.

Dí­a del orgullo

Antes de empezar, quiero pediros que consideréis el texto tal cual lo escribo, sin segundas intenciones ni nada por el estilo ¿de acuerdo? Pues empecemos:

Este fin de semana se celebra en Madrid (y creo que a nivel mundial) el fin de fiesta de la semana del Orgullo Gay. La capital se llenará de gente (ayer decí­an en televisión que vendrí­a gente tanto de España como de Europa e incluso Estados Unidos). Los empresarios de hostelerí­a se frotan las manos, y con razón, ya que la ocupación hotelera será plena. El barrio de Chueca se vestirá con sus mejores galas, nos cuentan los organizadores, para recibir a los visitantes para la ocasión.Sin embargo, igual es que soy muy corto de miras, pero no acabo de comprender la gracia de la Marcha del Orgullo tal cual la conocemos hoy.

Lo primero que no entiendo es la necesidad de armar todo el pitote que se monta. Me refiero a que los madrileños (tanto de la región como del municipio) se quejan en cuanto los estudiantes toman la Castellana, el Metro no funciona o se cortan las calles por las obras, sin embargo aceptamos de buen grado que un barrio entero se colapse para celebrar una fiesta que, por otra parte, no será bien vista por muchos vecinos. Y no me refiero a que sean homófobos, nada más lejos. Sólo me planteo la situación de tener durante un fin de semana todos los bares abiertos hasta el amanecer con barras en la calle y música a todo trapo, gente vomitando y meando en los portales y escándalo en general.

Hace un par de años escuché algo con lo que estoy de acuerdo en parte. Escuché que la lucha por la igualdad de derechos para los homosexuales es comparable con la lucha por la igualdad de las mujeres. Estoy de acuerdo en esa afirmación en tanto que, efectivamente, muchos hombres y mujeres son rechazados socialmente por el hecho de ser gay, lesbiana o transexual. De acuerdo en que pueden ser ví­ctimas de exclusión social (personalmente pienso que a estas alturas del partido ya no lo sufren al nivel de hace 20 años y que la sociedad ha normalizado mucho la homosexualidad). Sin embargo, no creo que una marcha como la que se hace ayude mucho a su integración como colectivo. Me explico, porque tal vez deje un hueco para que el lector tergiverse lo que digo.

Si tenemos en cuenta en que es el “nuevo movimiento feminista” tal y como lo he expuesto en el párrafo y no de otra manera, ¿es lógico que se haga la marcha tal y como se conoce hoy en dí­a? Imaginemos la siguiente situación:

Millones de mujeres toman un barrio de Madrid disfrazadas, en muchos casos, de cosas extrañas y sin sentido. Esas mujeres salen en una multitudinaria marcha con carrozas, música a todo trapo donde celebran que son mujeres de una forma extraña. Solicitan que se las reconozcan los mismos derechos que a los hombres y que no se las discrimine por lo que son, eso si, disfrazadas como digo. En otros casos, estas mujeres que dicen que no son sólo marujas y amas de casa se manifiestan saliendo a la calle con sus churumbeles y las cazuelas en ristre, con Radiolé a un volumen que harí­a llorar a la propia Marí­a del Monte.

¿Serí­a eso creí­ble? ¿Servirí­a para reivindicar la igualdad? Personalmente me parece que harí­a exáctamente lo contrario. Pero vayamos a lo real:

Millones de hombres y mujeres toman un barrio de Madrid disfrazados, en muchos casos, de cosas extrañas y sin sentido. Esos hombres y mujeres salen en una multitudinaria marcha con carrozas, música a todo trapo donde celebran que son homosexuales de una forma extraña. Solicitan que se las reconozcan los mismos derechos que a los heterosexuales y que no se las discrimine por lo que son, eso si, disfrazadas como digo. En otros casos, estas personas que dicen que no son sólo locazas  se manifiestan saliendo a la calle semi-en-pelotas o con disfraces que dejan poco o nada a la imaginación, con música machacona a un volumen que harí­a llorar al propio Dj Neil.

Tal vez no sea la intención, claro, pero es lo que realmente se proyecta en la sociedad. De hecho, creo que es perjudicial para lo que quieren conseguir. No veo yo muy lógico que para reivindicar que son personas normales (cosa que es indiscutible) tengan que organizar un acto exclusivamente para ellos. Si, soy consciente de que es una fiesta para que todo el mundo participe de ella, pero a efectos, es el Dí­a del Orgullo Gay, no del ser humano ni del hombre.

Por otra parte, hay una cosa que me llama especialmente la atención: la inclusión de patrocinadores. Alguien con unas vistas comerciales  mí­nimas (como es mi caso) ve claramente que son un público objetivo brillante. De hecho, hay empresas que tienen lí­neas de productos para los homosexuales, bien sean productos o publicaciones. Eso, desde mi punto de vista, sólo sirve como factor separatista. Lo creo en base a que a una mujer que sea lesbiana la FHM le puede parecer tan interesante como a un hombre heterosexual en tanto a que ambos lo comprarí­an por las fotografí­as. Es decir, serí­a válida la publicación para todo aquel ser humano que que le gusten las mujeres. Claro, como digo, ese es mi parecer. Por supuesto, no logro entender eso de “espectáculos teatrales para gays y lesbianas”. Si lo que buscamos es una sociedad igualitaria, ¿por qué separar el ocio por “clases”? No lo acabo de ver muy claro.

Retomando el tema de los anunciantes, es algo que mi cabeza no entiende. Si estás reclamando unos derechos o, directamente, te quieres hacer oir, no soy capaz de ver la relación entre eso y, por ejemplo, Estrella Damm. No sé hasta que punto una marca puede ayudar a mejorar los derechos de las personas.

Tal vez, y permitidme ser mal pensado, la fiesta del Orgullo se ha convertido en un negocio. Si, porque los bares se frotan las manos cuando llega esta temporada. Los hoteles cuelgan el cartel de “lleno” y la Comunidad y el Ayuntamiento, regidas ambas instituciones por un partido que no ve con buenos ojos la homosexualidad elogia la fiesta en tanto que es buena para la imagen de la ciudad. Todo el mundo sale beneficiado con la celebración. Tal vez, y sólo tal vez, la imagen de los homosexuales y transexuales se vea un tanto dañada por aquellos que salen “como locas (y permí­taseme la expresión)” pero como sus negocios obtienen beneficios, ese sea el menor de sus problemas. Sin embargo, yo seguiré pensando que la opción o tendencia sexual de cada uno es de cada uno. Seguiré con la idea de que no es necesario llevar a cabo el despliege de medios técnicos para la celebración a no ser que sea sólo por el hecho de sacar dinero. Seguiré pensando que, a fin de cuentas, todos somos personas y eso es lo que tiene que reivindicarse.

Pero claro, esa es mi visión de las cosas.

Huelga general… si eso

Los que sigan la actualidad sabrán que los sindicatos tienen intención de convocar una huelga general a finales de septiembre. La fecha,confirmada ayer por CC.OO, será el 29 de septiembre y, si no recuerdo mal, coincidirá con una huelga (o algún acto relacionado con los sindicatos a  nivel europeo).

Si bien es cierto que el hecho de que coincida con un acto sindical a nivel internacional me parece el dato de menor importancia, si que creo que hay que recalar en la idea de que se deja la huelga genera con intención de reivindicar los derechos y las mejoras en el plano laboral de los trabajadores para después de las vacaciones.

-Nacho, que digo yo que habrá que hacer huelga, y tal.

-Si, porque no es normal esto que nos están haciendo. No hacemos gavilla con la patronal.

-¿Y cuando dices que no vamos a ir a trab… ¡a la huelga!…

– Pues… no se. Pero a mi este mes me viene mal.

– Pues ya para después de vacaciones, que esto es España, y tal.

Pues algo así­ tiene que haber pasado en los despachos de los sindicatos. Sindicatos que, por otra parte, han recibido un palo significativo con los resultados de la tan cacareada (y fallida) huelga de funcionarios.

Pero sobre lo que yo querí­a hablar realmente es sobre la inutilidad maniefiesta que, a nivel general, están mostrando los sindicatos. De un tiempo a esta parte están sufriendo un descrédito y una perdida de apoyos por parte de la sociedad nunca visto hasta el momento desde que estamos en democracia. Y este descrédito se lo han ganado los propios sindicatos a pulso estando callados como perras durante los últimos 10 años.

No, hombre. Los sindicatos han hecho mucho por sus afiliados y por el resto de trabajadores en este tiempo que comentas.

Permitidme que lo dude. No estoy afiliado a ningún sindicato y hablo desde la óptica de alguien que tiene 23 años y la imagen que tiene de los sindicatos se retrotrae a la huelga general del año 1992 y, haciendo un esfuerzo y recordando comentarios de mis padres, a al del año 88 (que debió ser, por lo que se puede leer cuando uno busca documentación, la repanocha).

No veo hoy, y lo digo sinceramente, que los sindicatos sean los mismos que entonces. No creo que hoy tengan ese poder de convocatoria. Entonces, Felipe González y, posteriormente, Jose Marí­a Aznar, se encontraban de frente con unos sindicatos que, efectivamente, luchaban porque los trabajadores tuviesen unas condiciones dignas. Sin embargo, hoy nos encontramos muy a menudo con esta imagen:

Efectivamente, los sindicatos hacen buenas migas con Dí­az Ferran, un sinvergí¼enza que quien preside la CEOE pese a los escándalos, quiebras e impagos que sufren sus empresas y, por ende, sus empleados. Con este hombre, los sindicatos tratan a menudo y no escuchamos que hablen mal de él. De hecho, no veo que exijan su cese como presidente de la Patronal.

Pero no sólo por esto están sufriendo descrédito los “defensores” de los trabajadores, que va. España ha sido un paraí­so para los especuladores, constructores y demás en los últimos años. La burbuja inmobiliaria, escudada en la polí­tica económica del gobierno de Aznar, nos dejaba paisajes con carteles de “Se vende” por todas partes a unos precios más que elevados. La construcción daba de comer a miles de trabajadores dándoles, además, un nivel de vida más elevado que el de la media de los españoles. De hecho, a nadie le sorprende la cantidad de gente joven que, tras empezar a trabajar en la construcción, se compraban coches de alto precio, ropa o viviendas. Sostení­a la economí­a con alfileres, pero la sostení­a. Durante ese perí­odo, los sindicatos no se movieron realmente.  Sólo han pasado a “la acción” en cuanto la economí­a se ha ido al traste. Cuando la gente, por sí­ solos, ya reivindicaban todo lo que creí­an lógico.

Llegaron tarde a su propia fiesta. Tarde y, si se me permite, mal. No han dado buena imagen en las negociaciones. No han conseguido cohesionar a los trabajadores ni convencerles de sus ideas. No convencen a la opinión pública y, lo más curioso, es que si que convencen a las empresas.

No quiero entrar, por tanto, en la idea del servilismo de los sindicatos con las empresas porque este post quedarí­a exageradamente largo.

Si, esa es mi opinión. Estoy convencido de que los sindicatos, como actualmente los conocemos, están condenados a la desaparición a no ser que se refunden y generen de nuevo el apoyo de los trabajadores, cosa que, para quien escribe, es harto difí­cil.

Es posible que caiga en error en alguna afirmación pero, como digo, es el sentir popular. Los sindicatos, amigos, no están haciendo nada.

¿Quién quieres ser de mayor?

A todos nos han preguntado alguna vez aquello de “¿qué quieres ser cuando seas mayor?“. Es una pregunta que va adherida al ser humano como esa de “¿Ya has vuelto?” cuando entras en casa después de un viaje o la de “¿te has caí­do?” cuando acabas de tropezarte y de comerte el suelo.

En las últimas semanas he visto (y vivido) una variante nueva de la pregunta sobre qué quieres ser de mayor La pregunta es la que da tí­tulo a este post: ¿Quién quieres ser de mayor?

En primer lugar, me parece una prefunta horrible. “¿Quién quiero ser de mayor?” no se deberí­a poder preguntar a un niño; es más, no se deberí­a preguntar ni siquiera a un adulto. Esa pregunta lleva implicitos, desde mi punto de vista, muchos matices negativos. ¿Por qué no puedo ser yo? ¿Tengo que ser otra persona?

En el sector de la Comunicación, por ejemplo, es algo que se ve todos los dí­as. A los estudiantes de Periodismo no suelen preguntar a quién nos queremos parecer (variante menos ‘violenta’, pero igual de negativa). Iñaki Gabilondo o Luis del Olmo en la radio, Matí­as Prats o Pedro Piqueras en televisión son un ejemplo de a quien te debes parecer en la profesión. Es ‘A’ o ‘B’. Y la mayorí­a de los estudiantes e incluso periodistas en ejercicio defienden el modelo a capa y espada. “Si ellos han llegado a lo más alto será por algo”, dicen.

Cuando me hicieron esa pregunta a mi hace pocos dí­as, mi respuesta dejó a mi interlocutor un poco cariacontecido, es decir, ‘con el ojete torcido‘. No pudo procesar que no quisiese ser como ellos. Mi respuesta fue que yo, de mayor, quiero ser yo.

Sinceramente creo que uno de los problemas que tenemos en general es que los miembros de la sociedad no quieren ser ellos mismos. No son felices con su manera de ser, sus trabajos; en fin, con su vida. Y no lo son porque anhelan tener esas vidas tan maravillosas en las que puedes permitirte el lujo de decirle a los desconocidos que un banco naranja mola más que uno verde, que puedas pasar de hablar de un suceso truculento a esbozar una sonrisa porque llegan los deportes, etc. La gente, parece, no es feliz con su vida y por ese motivo prefiere ser como otras personas.

Por mi parte, no quiero ser quien no soy. No quiero llegar arriba porque he hecho lo mismo que Matí­as. Si llego a ser algo en la vida, que sea por mi mismo y mi personalidad. Me gusta mi forma de ver las cosas y mi absurdo sentido del humor. No entiendo que haya gente que prefiera cambiar y vivir de una manera infeliz por el simple hecho de lograr el reconocimiento.

Yo estudio periodismo y me gustarí­a poder ejercer. Sin embargo, tengo claro que es muy complicado llegar a ello debido a la gran cantidad de periodistas que salen de las Universidades cada año. Pero lo que también tengo claro es que si no lo consigo, no se me caerán los anillos por entrar a trabajar a una fábrica de lo que sea porque, lo crean o no esos que quieren ser otro a toda costa, eso también es digno. Seguramente sea más digno porque seguiré siendo yo sin necesidad de haber cambiado mi manera de ser para convertirme en el clon de otra persona.

En fin, que a la pregunta de sobre quién quiero ser de mayor, la respuesta es clara: YO.