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El desagüe atascado del periodismo

Imagínate una tubería de un fregadero. Hay veces que la tubería ya no traga más, ¿verdad? Está embozada y el agua no puede seguir su camino. Bueno, pues eso, entre otras cosas, es lo que le pasa a la prensa. No a la prensa como idea, no. Hablo de prensa y periodismo con el significado que realmente tiene: el de una empresa que quiere ganar dinero. Porque ese es, de lejos, el fin último de la prensa. Y si os dicen lo contrario, huid.

Poderoso caballero.

El periodista lo es, entre otras cosas, por dinero. Sí, destapar cosas, ayudar a la sociedad con el altavoz de los medios, etcétera. Eso es verdad. Y el estudiante de periodismo no piensa, en ningún caso, en el dinero. Si lo hiciese, creedme, no habría escogido esa carrera.  Sin embargo, al salir al mercado laboral se dará cuenta de que las prácticas suelen ser, en el mejor de los casos, algo mal pagado.

No mejora el tema cuando te hacen tu contrato en prácticas. Son pocas las empresas que dan un sueldo digno a los que empiezan. Existen, eso es cierto, pero son pocas. Y lo mejor llega cuando alguien, mayor y experimentado, te dice algo parecido a esto:

“No entiendo ese afán por el dinero. Cuando yo empecé no nos pagaban a ninguno”

Ese alguien puede que lo haya olvidado, pero cuando empezó, ni había tanta competencia, ni hacía lo mismo que quien hoy está en prácticas. Hoy, ‘el nuevo’ tiene que saber maquetar, editar vídeo y audio, escribir (por supuesto), tener su propio equipo, hablar dos o más idiomas, tener coche… Es decir, tiene que ser un hombre orquesta.  

El caso es que, y enlazo con el principio, esto ya no cuela.  No traga. No hay espacio para todos.  Los medios tradicionales, lejos de contratar, están reduciendo sus plantillas cada año. Por otra parte, Internet no consigue monetizar el trabajo ya que, con excepciones como eldiario.es o elconfidencial.com, muchos diarios online no dan dinero.  Otro debate es si los productos informativos son mejores o peores, pero bueno.

Be freelance, my friend

Entiendo que se proponga al desorientado redactor sin empleo que se ponga por su cuenta. Sin embargo, ser autónomo no mejora mucho la cosa. Se están ofreciendo pagos de risa a los corresponsales de guerra. ¿Qué sentido tiene eso? Profesionales de la información que se juegan el pellejo para que un diario o una cadena de televisión o radio se apunte el tanto de que “estuvo allí”, cuando quien realmente estuvo allí factura 80 euros por crónica si tiene suerte.

Hay competencia. Mucha competencia. El mercado está saturado de periodistas. Tal vez por eso se está empezando a virar hacia temas de marketing. El redactor tiene que saber SEO y SEM. Debe conocer las diferentes herramientas para posicionar lo que escriba porque, ojo, ahora es el propio redactor quien tiene que dar a la tecla (nunca mejor dicho) que posicione lo suyo por delante. Promocionar a su medio.  El periodista tiene que saber vender su medio para que la empresa ceda un espacio en el que pueda contar lo que sea que quiera contar.

Hay quien dirá que los cientos de periodistas que están trabajando hoy en día en temas de marketing están haciendo ‘intrusismo’, quitando empleos a los que han estudiado para ello. Puede ser, no lo sé. Lo que sí sé es que es una prueba de mi teoría del desagüe. No cabe nadie más. Y si cada año salen 6000 licenciados, entre Periodismo y Comunicación Audiovisual, menos aún.

Esta tabla está sacada de un post de Enrique Bullido titulado “La burbuja de Licenciados en Periodismo sigue hinchándose“. En ese texto, el autor lanza una pregunta que resume parte de lo que quiero decir:

¿Cómo es posible que en 2013, en plena crisis de la profesión, se licenciaran en periodismo en España 410 personas más que en 1996, cuando estaban empezando las televisiones privadas y autonómicas, se desarrollaban los gabinetes de comunicación y empezaba a vislumbrarse el mundo de Internet?

Más canales ? Más empleo

Pensemos, por ejemplo, en la explosión de la TDT. Todas las empresas televisivas decían que generarían puestos de trabajo para periodistas. Sin embargo, ¿cuantos programas ‘de redacción’ habéis visto en la TDT? ¿Qué programas tiene Ten, Neox o Be Mad? La TDT es, de lejos, el mayor pozo de tele-realidad a este lado del Mississippi.

A estas alturas, cansado de leer, alguien me puede hablar de los podcast. Bien, ¿conocéis algún podcast que realmente dé dinero? Tres nombres.  ¿No? Caramba, que cosas. ¿He oído al fondo ‘Podium Podcast‘? La idea, que viene del Extrarradio, es buena. Sin embargo, no sé hasta que punto es rentable. Eso sí, Prisa Radio ha sido la primera en lanzarse a mercantilizar productos exclusivos de esa manera.

Con esto, retomo el inicio de este post: “el periodista lo es por dinero“. El carnicero, tu primo el electricista o la peluquera. Ellos pueden estar encantados con su trabajo. Incluso puede ser realmente el trabajo de su vida. Pero lo hacen por dinero. Si no, buscarían otra cosa. Y eso es lo que nos toca hacer a muchos periodistas. Pese a tener experiencia, pese a ser un hombre o una mujer orquesta, toca pescar en otras aguas.

Soy consciente que esto pasa en otras profesiones. No sé si tanto, pero pasa. Y no lo achacaré a eso tan manido de “nos vendieron que estudiando y esforzándonos…”. No. Las cosas son como son y dependen, en un gran porcentaje, del azar. De la suerte. Sí, así de sencillo. Puedes dejarte los cuernos en tu trabajo, que como no tengas suerte, te va a dar igual.

No todo vale

El periodismo no da dinero. Y si no me crees, mira qué es lo que vende ahora “y no creerás lo que pasó después”. Y sí, soy un mercenario. pero no menos de lo que lo eres tú. Piensa si trabajarías por 800 euros al mes sin horarios, con jornadas de más de 40 horas y, en muchos casos, bajo las inclemencias del tiempo. Puede que ya lo hagas. En un almacén, por ejemplo. O repartiendo prensa (yo pasé por allí también). ¿No querrías otra cosa mejor? ¿Algo con un sueldo decente y con unas condiciones justas? Ya veo. Tal vez no seamos mercenarios. Tal vez sólo queramos lo que hemos visto antes y que, con el tiempo, se ha ido con viento fresco.

Con esto, no estoy echando la culpa a nadie. No. Sí es cierto que hay amargura. ¡Cómo no la va a haber! Tal vez mañana las cosas vayan mejor. Tal vez, mañana, la gente esté dispuesta a pagar por la información. Tal vez, incluso, eso lleve a que la calidad de lo que se cuente mejore. ¡Incluso puede ser que mejore cómo se cuentan las cosas! Puede ser. Pero mientras, hay que comer. Y que evolucionar. No vosotros. No los medios. Nosotros. Los miles de periodistas que nos hemos quedado estancados. Puede que sea culpa nuestra.

En fin, qué sabre yo. Sólo soy uno de los 3000 periodistas que salimos de la Universidad en mi año. ¿Ahora? Ahora, toca volver a Infojobs otro rato. Parece que necesitan mozos de almacén.

 

Conversando con un viejo amigo

Después de mucho tiempo, vuelvo al mismo lugar. La primera vez que estuve aquí­ fue el 16 de octubre de 2005. Entonces, como ahora, él está en el mismo sitio. Parece como si me estuviese esperando.De alguna manera, creo que sabí­a que volverí­a a pasar por allí­ Aquel dí­a fue una casualidad, pero hoy no lo es.

– ¿Quieres una Coca-Cola? ¿Una cerveza?

– Puedo volver a verte en otro momento…

– Tranquilo, hace mucho que no entra nadie por aquí­.

Me sirve una cerveza bien frí­a. Pone el posavasos y deja una jarra por la que chorrea la espuma. Después, me deja un cuenco con patatas fritas y un servilletero. Me conoce bien.

– ¿Y qué tal estas? ¿Terminaste la carrera?

– ¡Pues sí­! Al final acabé periodismo.

– Me alegra mucho oí­rlo. Llevaba tiempo pensando en si pasarí­as por aquí­ cuando terminases…

– A pedirte ayuda…

– No lo decí­a con esa idea, amigo. Pero, si puedo ayudarte en algo, dí­melo.

– ¿Recuerdas la primera vez que vine?

– ¡Cómo no me voy a acordar! Dabas bastante pena aquel dí­a. Lo acababas de dejar con aquella chica y estabas desconsolado. Era de noche cuando acabaste aquí­. Recuerdo que estabas tembloroso cuando abriste la puerta. Y no sabí­as que iba a ser de ti en aquel momento.

– Tienes buena memoria, no hay duda.

– Aquel dí­a estuvimos hablando largo y tendido. De hecho, saliste de aquí­ un poco mejor. Te habí­as desahogado lo suficiente como para poder irte a cenar con tu familia.

Es asombroso la memoria que tiene. Si le preguntase qué zapatillas llevaba, seguro que se acordarí­a. Creo que me conoce mejor que yo mismo.

– Bueno, ¿y qué te ocurre? – me dice subiéndose las gafas.

– No sé qué hacer. Verás, hace unos dí­as hice una prueba para un máster de radio. De Radio Nacional de España, para más señas. El máster tiene muy buena pinta y, por lo que me han contado, merece mucho la pena…

– ¿Pero?

– Pero… cuesta casi 6000 euros. Eso me preocupa mucho.

– ¿No tienes dinero ahorrado?

– ¡Claro que sí­! Y aunque tuviese que pedir un pequeño préstamo, ese no es el problema.

– ¿No? ¿Y cuál es?

– La incertidumbre. El pensar ‘vale, me seleccionan, pago y empiezo el curso’, pero ¿de dónde saco la pasta para mantenerme ese año?

– Vives en casa de tus padres aún, ¿no?

– Sí­. Pero bastante tienen. Quiero decir que, con 25 años y sin haber tenido que recurrir a nadie durante la carrera, no quiero tener que pedir nada ahora.

– Pues trabaja, como hací­as antes.

– ¿Y si no puedo? Es decir ¿y si el horario no me lo permite? ¿Cómo lo hago? ¿eh?

-Tranquilo, ya se nos ocurrirá algo. Ten en cuenta que las cosas no siempre son blancas o negras. Y esto es como todo, Daniel. Primero espera a saber si te seleccionan. Cuando lo sepas, infórmate, porque tiene que haber becas de algún tipo. Y luego, después de todo eso, ya puedes empezar a preocuparte. Pero, si quieres mi opinión, no es eso lo que te asusta.

–  ¿No?

– ¡Claro que no! Te asusta el saber que, por primera vez, estás frente a una decisión importante en tu vida. Cuando empezaste Derecho, al segundo dí­a ya sabí­as que te ibas a marchar. Y lo hiciste. Y cuando empezaste Periodismo sabí­as que, durante cinco años, tení­as tu vida encarrilada. Y lo sabí­as porque tení­as unos ahorros de cuando estuviste trabajando. Y, bueno, porque luego trabajaste en aquello de repartir periódicos. ¿Te acuerdas?

– ¡Menudos madrugones! En aquella época, además, pasaba algo más que ahora por aquí­.

– Es cierto. Pero ¿ves? Me das la razón sin darte cuenta. No me has negado nada de lo que he dicho. Y sí­, sé que me dirás que tienes una edad y que deberí­as haber cotizado más. Esa será tu excusa. Has trabajado desde los 18 y, lo sé, es una pena que lo hayas hecho con contratos basura o incluso en “B”, como cuando estuviste en la biblioteca. Pero no te engañes, lo que te da miedo es no saber lo que va a pasar. El no tener tú el control de las cosas.

– Y el dinero, no lo olvides.

– Sí­, sí­, no lo olvido. ¿Pero sabes qué? Es un año. Y si tienes que estar un año sin salir, lo estás. ¿No puedes ir a cenar con tus amigos? Te aguantas, compañero. El que algo quiere, algo le cuesta. Y si no puedes ir al cine o a cervecear, tendrás que aguantarte. Y lo harás mientras te esfuerzas por algo que llevabas esperando desde que tienes uso de razón.

– Me gustarí­a estar tan seguro como tú, de verdad.

– En el fondo lo estás, pero te da miedo enfrentarte contigo mismo. Por eso estás aquí­. Por eso has venido a verme como aquel dí­a. Asustado. Si no ¿de qué í­bamos a estar hablando los dos de esta manera?

Ahora soy yo quien se sube las gafas. Levanto la mirada de la barra, que era donde estaba mirando mientras me echaba aquel rapapolvo.

– Tienes razón, Tabernero. Las cosas hay que enfrentarlas como vienen. No hay que esconderse. Si puedo conseguir la pasta, lo haré. Si no, ahorraré todo lo que pueda trabajando un año entero y el año que viene volveré a presentarme a las pruebas. Volveré a superarlas y podré estar tranquilo en todo momento, pero haré el máster.

– ¡Bien dicho! ¿Ves cómo las cosas no son blancas o negras? Si no es este año, será al que viene. Recuerda que fue lo mismo que te pasó cuando empezaste la Universidad, Daniel. Recuérdalo.

De repente, noto cierta tranquilidad. No es completa, porque faltan 24 horas para saber si tengo la plaza, pero sí­ que me ha dado tranquilidad en cuanto a si no puedo decir que sí­ al máster. Mientras hablábamos, me he terminado la cerveza y las patatas.

– Tranquilo, te invito a esta cerveza. Pero no tardes tanto en volver por aquí­, ¿eh? Anda, vete a cenar.

– Gracias Tabernero.

– A ti. Al fin y al cabo, estoy aquí­ gracias a ti.

Mientras dejo atrás La Taberna, pienso en que debo volver más por allí­. El Tabernero y yo tenemos mucho que contarnos aún. Y mucho que contar a los demás. Al fin y al cabo, soy el principal parroquiano de La Taberna.

Sí­, volveré.

No, gracias

Me gusta Cyrano de Bergerac. Recuerdo que la primera vez que vi una de sus adaptaciones al cine tendrí­a como quince años. Era la versión de José Ferrer. Serí­an las dos de la madrugada, pero ahí­ estaba yo, pegado al televisor.

Un par de años mas tarde pude ver la versión de Gerard Depardieu. Me pareció maravillosa. Posiblemente ayudase, no lo dudo, la magní­fica labor de Camilo Garcí­a (actor de doblaje). Tengo ambas versiones en DVD, compradas hace años también en Fnac.

Cyrano tiene, además de una magní­fica nariz, muchas cosas que consiguen que me identifique con el personaje. Estar en la sombra y ayudar a otros a conseguir los objetivos que yo también quiero conseguir. Podemos decir que, efectivamente, ambos somos idiotas. Para comprender esta frase, serí­a conveniente que vieseis alguna de las dos versiones cinematográficas o que, si os vieseis con fuerzas, leyeseis el libro.

El caso es que volviendo a ver alguno de mis pasajes favoritos de la adaptación de Depardieu, encontré el magní­fico monólogo titulado “No, gracias”. Nunca lo habí­a visto y escuchado como lo hice anoche. Me di cuenta de que lo que Cyrano dice encaja con mi forma de ver la vida. Muchos hacen lo que el se niega a hacer, podéis verlo a vuestro alrededor todos los dí­as.

Vedlo u oí­dlo si así­ lo preferí­s. También incluyo la transcripción de la adaptación que se hizo para el doblaje, pues es realmente acertada.

En fin, sea esta mi forma de volver por estos fueros.

Y recordad que al finalizar, os hiero.

[mp3]http://eltabernero.es/wp-content/uploads/2011/04/No-gracias.mp3[/mp3]

Y qué quieres que haga?
¿Buscarme un protector? ¿Un amo tal vez?
Y como hiedra oscura que sube la pared,
medrando sibilina y con adulación.
¿Cambiar de camisa para obtener posición?
¡No, gracias!
¿Dedicar, si viene al caso, versos a los banqueros?
¿Convertirme en payaso?
¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro
por temor a que me lance un gesto siniestro?
¡No, gracias!

¿Desayunar cada dí­a un sapo?
¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo
que me llegue a las rodillas
con dolencias pestilentes
de tanto hacer reverencias?
¡No, gracias!

¿Adular el talento de los camelos?
¿Vivir atemorizado por infames libelos
y repetir sin tregua: «Señores,
soy un loro, quiero ver mi nombre
escrito en letras de oro!»?
¡No, gracias!

¿Sentir terror a los anatemas?
¿Preferir las calumnias a los poemas?
¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!
¡No, gracias!…

Pero cantar… Soñar… Reí­r… Vivir… Estar solo…
Ser libre, tener el ojo avizor,
la voz que vibre, ponerme
por sombrero el universo,
por un sí­ o por un no.
Batirme, o hacer un verso…
Despreciar con valor la gloria y la fortuna,
viajar con la imaginación ¡a la luna!.

Sólo al que vale reconocer los méritos,
no pagar jamás por favores pretéritos,
Renunciar para siempre a cadenas y protocolos.
Posiblemente no volar muy alto
Pero solo…



Ocupado

La verdad es que me ha vuelto a pasar lo de siempre. Siempre digo que voy a intentar escribir todas las semanas pero al final nunca lo consigo. La verdad es que hoy no va a ser un post extenso. Es más, ni tan siquiera va a ser algo elaborado.

La verdad es que ando atareado. Entre todos los frentes que tengo abiertos, uno de ellos me está llevando mucho tiempo. Estoy montando un pequeño documental para clase de la Primera Guerra Carlista. La verdad es que tiene un mérito relativo, pues la imágenes las estoy cogiendo de documentales ya creados. Sin embargo, lo curioso del tema es que hay dibujos animados de por medio. No diré nada aún. Si lo subimos a internet (cosa que espero poder hacer) lo dejaré por aquí­ o por twitter para que lo veáis cuando queráis. Ahora bien, el trabajo de documentación que hemos hecho las tres personas que conformamos el grupo ha sido duro.

Otra de las cosas en las que me he metido es en el lanzamiento de un nuevo blog con uno de mis compañeros de clase. Si, ya sé que ya existí­a, pero no es eso. Cuando lo creamos fue una obligación. Ahora somos nosotros quienes tomamos el control editorial del mismo. Esto significa que, además de un lugar para poner nuestros ví­deos chorra, nos controlaremos uno a otro para escribir dentro de unos plazos preestablecidos. Ya daré más información. Es más, igual hasta llega el dí­a en que lo comparta en Google reader.

Y luego están mis borradores. Tengo, sin exagerar, una docena de post empezados. La problemática está en que no los acabo de escribir en el dí­a en que arranco con ellos y luego me cuesta horrores reengancharme, no sé si me entendéis.

Y poco más que contaros. Ya lo dije antes: no iba a ser un buen post. Como veis, cumplo lo que prometo.

Decepción

Una de las peores sensaciones que puede tener cualquiera es la de decepción. Pero no la decepción con uno mismo, que sin duda es una de las mas duras, no. La decepción que te provoca otra persona es, desde mi punto de vista, mucho peor.

– ¿Peor? ¿A qué te refieres?

– En seguida lo explico, verás.

Debido a que vivimos en sociedad, nos vemos obligados a ceder una pequeña parte de nuestra confianza en favor de otras personas. La familia y los amigos suelen ser quienes, en mayor o menor proporción, nos hacen bajar la guardia más a menudo. Luego, como si de una cebolla se tratase, hay otras capas de confianza. Una de ellas es la del entorno laboral o profesional. En este campo podemos incluir desde jefes, a quienes se debe depositar un mí­nimo necesario de confianza, pues son ellos quienes “llevan el timón” de nuestro futuro económico; y compañeros. Este tipo de subespecie suele ser gente de bien, respetable en la mayorí­a de los casos, pero no siempre…

– Ya veo. Este es uno de esos casos, ¿verdad?

– Verdad

Ya dije en su dí­a que el mundo de la Comunicación me gusta. Si, claro, me podréis decir que es lógico, pues me quiero dedicar a la información (entiéndase así­, no a los informativos de televisión), pero algo que quien me conoce ya sabrá es que no me gustan los periodistas. Me pasa igual que con los abogados, francamente. Ya he mencionado alguna vez que creo que en la abogací­a muchos son unos sinvergí¼enzas. Por supuesto que soy consciente de que hay gente buena. Es más, en mi etapa de estudiante de Derecho conocí­ a este tipo de gente.

En el periodismo (nótese que lo escribo con minúscula)el compañerismo es algo que brilla por su ausencia y, por ende, no puedes creer en que si un compañero te dice que hará algo vaya a hacerlo realmente. Pero claro, la sensación es peor cuando dejas claro que todo tiene unos plazos y, nunca se sabe si para reírse en tu cara, te mandan el trabajo quince dí­as más tarde. ¿Culpa del mensajero? Quiero pensar que no, claro. Sé que la gente tiene que trabajar, sin embargo, no comprendo como, si sabes que no vas a hacer las cosas en el periodo previsto para ello, garantizas que estará en fecha.

Si, problema mí­o por fiarme, por supuesto, pero creedme que la decepción con los “compañeros” (y nunca un entrecomillado fue tan realista como este) es de dimensiones épicas. El periodismo es, con mucho, una de las profesiones peor valoradas. Soy de la opinión de que los periodistas tienen (tenemos) mucha culpa de ello. Sirva como ejemplo lo que os voy a contar ahora:

Hace unos dí­as comenté en twitter que necesitaba ayuda para realizar un trabajo sobre la información local en la Radio. El motivo de que recurriese a Twitter fue, como habréis adivinado, que me estaba quedando sin tiempo y no tení­a material para presentar el susodicho trabajo. Mientras yo enviaba mails a diferentes emisoras, los compañeros de clase, recordemos que serán los futuros periodistas en un periodo corto de tiempo, me decí­an que me inventase las entrevistas ya que, siempre según ellos, el profesor no leerí­a ninguno de los archivos enviados por nosotros. Bien, como podréis comprender mi no cara  era sino de estupor. Quienes el dí­a de mañana manejarán la información que todos nosotros recibiremos en nuestra casa, bien por ví­a televisiva, digital o radiada, recomiendan sin lugar a dudas que lo mejor es inventarse las cosas. Nos ha jodí­o mayo por no llover en abril, que dirí­a aquel.

Por supuesto que sé que hay gente honesta en la profesión. Y gente que ayuda a los estudiantes, claro. De hecho, desde aquí­ quiero agradecer su ayuda a Manuel íngel Garcí­a, que me respondió con una presteza impresionante al cuestionario que le mandé (gracias a que c0rvid0 nos puso en contacto). Por supuesto, también les agradezco a Pilar Ramos, de Punto Radio Madrid; a Fernando Berzosa, de Radio Aranda-Cadena SER y a Miguel Calvo, de RNE-Burgos su inestimable colaboración. Pero entenderéis que porque cuatro personas (cinco si contamos a la mensajera) sean honestas, mi opinión acerca de quienes conforman el periodismo sea nefasta. Y lo es porque, desde dentro, veo la que se nos viene a todos encima. Que los que están, (repito, no todos) se olvidan de ayudar a los demás y sólo miran “el ayudarse” a sí­ mismos. Que aunque haya calidad en muchos productos actualmente, y un ejemplo de calidad es “En dí­as como hoy” de RNE, los profesionales que mañana salgan a las redacciones se plantean el hecho de que inventarse una entrevista para un trabajo (y lo hago extensible, claro, al desarrollo de su profesión) no es algo malo.

No me gustan los periodistas. Como gremio dejan mucho que desear. Por eso, y después de meditarlo, no quiero ser uno de ellos. El concepto que se tiene es por culpa nuestra. Creo que, después de todo, trabajar con la información de la manera más cuidadosa y objetiva posible no es ser periodista, es ser respetuoso con quien va a recibir esa información. La profesión ha sido desvirtuado por sus propios integrantes. Ahora podemos empezar a pensar en dividir al gremio entre trabajadores de la información, incluso comunicadores, y los mal-llamados periodistas.

Es triste que alguien que lleva toda la vida queriendo ser Periodista (la mayúscula, en este caso, es el matiz), que ha luchado por entrar en la Universidad para formarse como tal, piense de esta manera. Y sí­, sigo queriendo ser uno de esos Periodistas. Sigo pensando que, aunque no guste, la verdad es la que es. Si no se tiene material para trabajar se debe asumir la culpa de ello. Nunca, y esto debe quedar claro, se le debe pasar a nadie por la cabeza falsear una información, y menos si quieres trabajar contándola.

En fin, no quiero sermonear a nadie. Mi opinión está aquí­. Tal vez deje cosas liadas. En los comentarios, si hay alguien que quiera, puedo responder, debatir o corregir si fuese necesario cualquier punto aquí­ escrito.

Miguel Calvo

Crónica de un desengaño

Me han mandado escribir para clase una crónica de mi primer dí­a de clase. Curioso, pero es una buena manera de obligarme a escribir en este lugar. De hecho, lo que de aquí­ salga será lo que entregue como mi crónica. Por eso, y para no haceros sufrir demasiado, dejaré el resultado publicado justo después del salto. De este modo, quien quiera podrá leerlo y quien no pues, lógicamente, puede no leerlo y volver por aquí­ en otro momento. En fin, que os dejo con la crónica tras el salto.

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Etenno retonno

La verdad es que hací­a tiempo que no escribí­a aquí­. Si, soy un dejado. La verdad es que los que lleváis tiempo por aquí­ ya sabéis que soy “como el Guadiana”, tan pronto no escribo nada como escribo 3 entradas de tirón.

El caso es que, como algunos ya sabrán, el motivo de que no escriba por aquí­ es porque tengo otro blog con unos compañeros de clase para una asignatura de la carrera.

En primer lugar, y quiero que esto quede claro, me parece francamente lamentable tener que desperdiciar horas de clase en “aprender” a mantener un blog. Lo curioso del caso es que ese “mantener” consiste en abrir un blog en Blogger o WordPress y ya está. Si, hay obligación de escribir una entrada todas las semanas, pero ya está, no tiene más vueltas de tuerca.

¿Cosas buenas de participar en ese blog? Pues hombre, si. Hasta el momento, he participado en la grabación de una serie de videos para dicho blog. Además de eso, por ahora he editado yo los videos que hemos subido, con lo que he practicado un poco en cuanto a montaje con Adobe Premiere CS3. También he hecho una entrada de audio hablando de la oximetazolina y demás zarandajas que enganchan a la gente con el pretexto de ser medicamentos. Todo esto, claro, con un humor absurdo que es el que caracteriza a la mitad de los miembros del equipo.

La sensación de ver que tenemos 60 visitas diarias me gusta. Por supuesto, en este blog he tenido satisfacciones mayores en ese campo, llegando a tener más de 200 visitantes únicos al dí­a, pero el ver que un proyecto nuevo crece hace hasta ilusión. No os puedo dar el enlace del blog. Digamos que no me gustarí­a que la gente que entra allí­ conociese la dirección de esta Taberna. Eso si, los videos podréis verlos si entráis en Vimeo y buscáis al usuario “Chorradas”. (Esta lí­nea las editaré mañana para borrar pruebas, jeje)

Sin embargo, este es mi blog. Después de tantos años aquí­, vosotros me conocéis mucho mejor que el 99.9% de mis compañeors. Y francamente, prefiero que sea así­. Me refiero a que, además de mis amigos, vosotros sois los que sabéis realmente como soy, sin máscaras. De hecho, a algunos ya os conozco en persona y otros me habéis visto en fotografí­as, luego, como digo, en La Taberna soy yo.

Lo dicho, que a ver si me pongo en serio con este blog. Como propósito a corto plazo, intentaré escribir una entrada a la semana. De hecho, eso sé que puedo hacerlo porque más de un dí­a llego a casa con ideas pero sin ganas, así­ que habrá que centrarse un poco.

Pd: Perdón por el tí­tulo. Para quien no lo cogiese a tiempo, hay que leerlo con el tono de Millán Salcedo.

Mujeres

No hay quien las entienda.

Podrí­a terminar el post ahora mismo dejando la frase que encabeza estas lí­neas. Sin embargo, y como llevo unos dí­as que no entro por aquí­, me voy a extender en la explicación para desgracia (o no) vuestra.

Cuando uno tiene pareja suele decir cosas como “yo entiendo a mi pareja” y esas cosas. ¡Mememeces! ¡No la entiendes, compañero! Lo que pasa es que te has acostumbrado a sus posibles salidas o reacciones. De hecho, estoy convencido de que los hombres nunca seremos capaces de entender a las mujeres. Nos podremos aproximar a lo que piensan, pero nunca lo entenderemos. Ni siquiera los gays. En serio, pensadlo frí­amente.

Discusiones tontas porque primero dicen H y luego dicen B son la cosa más normal del mundo.

Ella: Esta noche me apetece salir con mis amigas.

í‰l: ¡Ah! ¡Bien! ¡Entonces llamaré a [introduzca el nombre de un amigo] y que venga a jugar a la consola!

Ella: ¿Sabes? Ya no me apetece salir hoy.

í‰l: ¿Pero si acabas de decir…?

Ella: ¿Yo? No he dicho nada. Sólo que igual salí­a…

Os suena, ¿cierto? Bueno, pues hay una cosa que puede llegar a molestar infinitas veces más. Y lo creo en base a que la novia, por lo menos, es tu novia con todo lo que ello conlleva. No, no hablo solo de que tengas el sexo casi asegurado. Hablo de que hay, dentro de lo que cabe, alguien con quien hablar y que te da cariño y mimos. Digamos que es una contraprestación por la situación anterior. Cuando quieren pueden ser seres realmente encantadoras. Recordemos el matiz “cuando quieren”, por favor.

Lo que realmente me rompe las pelotas de las mujeres es cuando, después de estar metiendo fichas medio verano como un gañán; lanzando ataques realmente buenos o, sencillamente, intentando conquistarlas y dejas de hacerlo (por lo que fuere), es en ese preciso momento cuando comienzan a mostrar interés. Tal vez generalice… ¡Qué cojones! ¡Generalizo que para eso es mi blog! Ese es un comportamiento que hacen todas las mujeres. Cuando ya has perdido la esperanza y comienzas a pasar de la susodicha en cuestión, es en ese momento y no en otro cuando comienzan a ser más agradables. Si antes no te saludaban dándote dos besos, ahora lo hacen. Si antes no te mandabanSMS, ahora sí­.

Esa, amigos mí­os, es la actitud más rompehuevos que conozco. Y me jode. Porque que sea la novia quien, de cuando en cuando, te martirice con alguna de sus ideas tiene un pase por lo que comento de las contraprestaciones. Pero que te lo haga alguien externo a ti en tanto a que sea una compañera de clase, de trabajo, amiga o completa desconocida a la que conoces en una noche de farra no me gusta. Me parece un comportamiento realmente deleznable.

Porque, a ver (y tiro la pregunta al aire) ¿si he dejado de insistir no es lo suyo que te dejen ahora en paz? Es una cosa que las mujeres hacen mucho, y me jode.

Y si, me estoy desahogando. Y lo hago porque pese a haberlo comentado con alguna mujer antes de escribirlo, ellas me han dicho siempre que las mujeres no son así­ y que el concepto que tengo es erróneo. Aquí­, donde ya nos conocemos todos (relativamente, no en un sentido bí­blico, claro) pregunto a quienes entran en esta santa casa (tanto a hombres como a mujeres) ¿tengo razón? ¿Son así­ en su mayorí­a? ¿O es que realmente mi concepto es equivocado?