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El desagüe atascado del periodismo

Imagínate una tubería de un fregadero. Hay veces que la tubería ya no traga más, ¿verdad? Está embozada y el agua no puede seguir su camino. Bueno, pues eso, entre otras cosas, es lo que le pasa a la prensa. No a la prensa como idea, no. Hablo de prensa y periodismo con el significado que realmente tiene: el de una empresa que quiere ganar dinero. Porque ese es, de lejos, el fin último de la prensa. Y si os dicen lo contrario, huid.

Poderoso caballero.

El periodista lo es, entre otras cosas, por dinero. Sí, destapar cosas, ayudar a la sociedad con el altavoz de los medios, etcétera. Eso es verdad. Y el estudiante de periodismo no piensa, en ningún caso, en el dinero. Si lo hiciese, creedme, no habría escogido esa carrera.  Sin embargo, al salir al mercado laboral se dará cuenta de que las prácticas suelen ser, en el mejor de los casos, algo mal pagado.

No mejora el tema cuando te hacen tu contrato en prácticas. Son pocas las empresas que dan un sueldo digno a los que empiezan. Existen, eso es cierto, pero son pocas. Y lo mejor llega cuando alguien, mayor y experimentado, te dice algo parecido a esto:

“No entiendo ese afán por el dinero. Cuando yo empecé no nos pagaban a ninguno”

Ese alguien puede que lo haya olvidado, pero cuando empezó, ni había tanta competencia, ni hacía lo mismo que quien hoy está en prácticas. Hoy, ‘el nuevo’ tiene que saber maquetar, editar vídeo y audio, escribir (por supuesto), tener su propio equipo, hablar dos o más idiomas, tener coche… Es decir, tiene que ser un hombre orquesta.  

El caso es que, y enlazo con el principio, esto ya no cuela.  No traga. No hay espacio para todos.  Los medios tradicionales, lejos de contratar, están reduciendo sus plantillas cada año. Por otra parte, Internet no consigue monetizar el trabajo ya que, con excepciones como eldiario.es o elconfidencial.com, muchos diarios online no dan dinero.  Otro debate es si los productos informativos son mejores o peores, pero bueno.

Be freelance, my friend

Entiendo que se proponga al desorientado redactor sin empleo que se ponga por su cuenta. Sin embargo, ser autónomo no mejora mucho la cosa. Se están ofreciendo pagos de risa a los corresponsales de guerra. ¿Qué sentido tiene eso? Profesionales de la información que se juegan el pellejo para que un diario o una cadena de televisión o radio se apunte el tanto de que “estuvo allí”, cuando quien realmente estuvo allí factura 80 euros por crónica si tiene suerte.

Hay competencia. Mucha competencia. El mercado está saturado de periodistas. Tal vez por eso se está empezando a virar hacia temas de marketing. El redactor tiene que saber SEO y SEM. Debe conocer las diferentes herramientas para posicionar lo que escriba porque, ojo, ahora es el propio redactor quien tiene que dar a la tecla (nunca mejor dicho) que posicione lo suyo por delante. Promocionar a su medio.  El periodista tiene que saber vender su medio para que la empresa ceda un espacio en el que pueda contar lo que sea que quiera contar.

Hay quien dirá que los cientos de periodistas que están trabajando hoy en día en temas de marketing están haciendo ‘intrusismo’, quitando empleos a los que han estudiado para ello. Puede ser, no lo sé. Lo que sí sé es que es una prueba de mi teoría del desagüe. No cabe nadie más. Y si cada año salen 6000 licenciados, entre Periodismo y Comunicación Audiovisual, menos aún.

Esta tabla está sacada de un post de Enrique Bullido titulado “La burbuja de Licenciados en Periodismo sigue hinchándose“. En ese texto, el autor lanza una pregunta que resume parte de lo que quiero decir:

¿Cómo es posible que en 2013, en plena crisis de la profesión, se licenciaran en periodismo en España 410 personas más que en 1996, cuando estaban empezando las televisiones privadas y autonómicas, se desarrollaban los gabinetes de comunicación y empezaba a vislumbrarse el mundo de Internet?

Más canales ? Más empleo

Pensemos, por ejemplo, en la explosión de la TDT. Todas las empresas televisivas decían que generarían puestos de trabajo para periodistas. Sin embargo, ¿cuantos programas ‘de redacción’ habéis visto en la TDT? ¿Qué programas tiene Ten, Neox o Be Mad? La TDT es, de lejos, el mayor pozo de tele-realidad a este lado del Mississippi.

A estas alturas, cansado de leer, alguien me puede hablar de los podcast. Bien, ¿conocéis algún podcast que realmente dé dinero? Tres nombres.  ¿No? Caramba, que cosas. ¿He oído al fondo ‘Podium Podcast‘? La idea, que viene del Extrarradio, es buena. Sin embargo, no sé hasta que punto es rentable. Eso sí, Prisa Radio ha sido la primera en lanzarse a mercantilizar productos exclusivos de esa manera.

Con esto, retomo el inicio de este post: “el periodista lo es por dinero“. El carnicero, tu primo el electricista o la peluquera. Ellos pueden estar encantados con su trabajo. Incluso puede ser realmente el trabajo de su vida. Pero lo hacen por dinero. Si no, buscarían otra cosa. Y eso es lo que nos toca hacer a muchos periodistas. Pese a tener experiencia, pese a ser un hombre o una mujer orquesta, toca pescar en otras aguas.

Soy consciente que esto pasa en otras profesiones. No sé si tanto, pero pasa. Y no lo achacaré a eso tan manido de “nos vendieron que estudiando y esforzándonos…”. No. Las cosas son como son y dependen, en un gran porcentaje, del azar. De la suerte. Sí, así de sencillo. Puedes dejarte los cuernos en tu trabajo, que como no tengas suerte, te va a dar igual.

No todo vale

El periodismo no da dinero. Y si no me crees, mira qué es lo que vende ahora “y no creerás lo que pasó después”. Y sí, soy un mercenario. pero no menos de lo que lo eres tú. Piensa si trabajarías por 800 euros al mes sin horarios, con jornadas de más de 40 horas y, en muchos casos, bajo las inclemencias del tiempo. Puede que ya lo hagas. En un almacén, por ejemplo. O repartiendo prensa (yo pasé por allí también). ¿No querrías otra cosa mejor? ¿Algo con un sueldo decente y con unas condiciones justas? Ya veo. Tal vez no seamos mercenarios. Tal vez sólo queramos lo que hemos visto antes y que, con el tiempo, se ha ido con viento fresco.

Con esto, no estoy echando la culpa a nadie. No. Sí es cierto que hay amargura. ¡Cómo no la va a haber! Tal vez mañana las cosas vayan mejor. Tal vez, mañana, la gente esté dispuesta a pagar por la información. Tal vez, incluso, eso lleve a que la calidad de lo que se cuente mejore. ¡Incluso puede ser que mejore cómo se cuentan las cosas! Puede ser. Pero mientras, hay que comer. Y que evolucionar. No vosotros. No los medios. Nosotros. Los miles de periodistas que nos hemos quedado estancados. Puede que sea culpa nuestra.

En fin, qué sabre yo. Sólo soy uno de los 3000 periodistas que salimos de la Universidad en mi año. ¿Ahora? Ahora, toca volver a Infojobs otro rato. Parece que necesitan mozos de almacén.

 

Guerra de trincheras

¡Ah, las trincheras! ¡Cómo nos gusta encontrar la nuestra! ¿Que de qué hablo? Pues de la radio, claro. Nos encanta que nos cuenten las cosas acorde a lo que pensamos. Sí, vale, no nos gusta admitirlo, pero es así. Son pocos los que buscan la información tal cual. Buscamos ese baño de opinión en forma de editoriales que nos diga, en parte, lo que nosotros pensamos de tal o cual tema… Una guerra de trincheras, si me permitís la expresión, que no es ajena a los editoriales radiofónicos. Por eso, hoy, en La Taberna, os propongo escuchar cómo arrancan las diferentes emisoras un día cualquiera. Os propongo que le deis al Play, que escuchéis, y sobre todo que opinéis . Como en el anterior episodio, son quince minutos hablado de Radio.

España a las Ocho

Sí, he vuelto. Y vuelvo casi un año después. Lo hago con intención de que esto sea constante.  Como muestra de intenciones, regreso con algo trabajado: un recorrido por la radio. En concreto, en este primer podcast, por ‘España a las Ocho’, el informativo de la mañana por antonomasia. Un pequeño recorrido por el archivo de Radio Nacional condensado en unos quince minutos.

Todos los audios que esucháis en este podcast están justo aquí, asi que si queréis conocer un poco más el asunto, ya sabéis donde buscar.

¿Qué os ha parecido? ¿Os interesa este tipo de contenidos? Espero vuestras respuestas tanto aquí como en Twitter. Ya me diréis.

Cosas que no comprendo

Desde hace unos meses he vuelto a trabajar en la radio. Allí, como el noventa por ciento de los compañeros de informativos, intento ser lo más escrupuloso posible con la información. Mi obligación no es posicionarme, sino contar que es lo que ha ocurrido de manera veraz. Y creo que lo consigo la mayor parte de las veces. Y cuando no lo consigo, afortunadamente tengo compañeros que me avisan y me explican por qué con tal o cual tema no puedo usar expresiones que denoten mi posicionamiento ideológico. A veces, es cierto, se me va el tono a la hora de leer y dejo ver con qué estoy de acuerdo y con qué no. El oyente, claro, no tiene culpa de ello y lo que merece es obtener la información sin mi pequeño barniz de opinión. Yo debo darle los datos, no las conclusiones.

El caso es que, con determinados temas,  damos algún avance informativo sin poseer el cien por cien de la información. Suelen ser temas políticos en su mayoría (de calado nacional o internacional). Cuando un hecho está ocurriendo en el momento en que estás en el aire, lo único que puedes hacer es dar un titular y, en el momento en que puedas ampliar la información, hacer una pieza completa. Eso sí, siempre confirmando que la información que vas a lanzar a las ondas es auténtica. Ese es mi trabajo y, creo, lo hago lo mejor que puedo.

¿A qué viene esto?

Como digo, hay cosas que no comprendo. Entre ellas, el uso que algunas personas hacen de esos datos. Cuando alguien coge sólo el titular y no escucha el resto de la información o, por ejemplo, no escucha cómo se realiza el seguimiento de esa noticia a lo largo de la jornada pero, eso sí, tildan a la gente de no dar según que informaciones. Quedarse sólo en el titular y no comprobar qué y cómo se cuentan las cosas me parece un error. Ya no por el trabajo de quien confeccione la información (eso, honestamente, me da lo mismo), sino por el hecho de que quedándote sólo con el titular no te informas. Es como si dices que no te gustan los yogures porque el diseño de su tapa no te gusta. No entraré a valorar ya cuando se trata de informaciones políticas, donde nunca acertarás para ninguno de los ‘bandos’.

Redes sociales

Me llama mucho la atención lo polarizada que está la ‘opinión pública’ en las redes sociales. Sobre todo en twitter. Entiendo la desconfianza del ciudadano para con los medios de comunicación y, como norma, la comparto. Pero sigo pensando en que los medios son necesarios.  Es cierto que, cada vez más, los medios españoles ‘clásicos’ están adoptando una determinada línea ideológica. Lo asumo sin problemas. Sin embargo, si el lector/ oyente/ espectador quiere información alineada a su pensamiento (y con alineada me refiero a dos corrientes: conservadora y progresista), tiene alternativas serias y solventes. Y actualmente hay una opción que hace años ni existía: la posibilidad de informarte inmediatamente con medios extranjeros y de reconocida solvencia (The Guardian, The New York TimesFrankfurter Allgemeine). Y en el caso de que el idioma (o el traductor) sea un impedimento, siempre quedan opciones como BBC Mundo o CNN en español. Sin embargo, en twitter eso no funciona así. Nos ‘informamos’ (y lo entrecomillo porque, bueno, no lo considero fuente de información) siguiendo a lo que, en otros tiempos, se conocía como líderes de opinión. Personas a las que siguen quince, treinta o cincuenta mil personas. Y ahí viene cuando el titular, el ‘tuit’, se impregna de opinión. Y la gente no busca (o no buscamos, porque estaría feo no reconocer que yo lo he hecho) la información. Criticamos al diario, a la cadena de radio o televisión por un tuit de alguien, pero no se busca la información, el podcast o el vídeo correspondiente. Nos quedamos sólo en ese flash que alguien nos ha dado y olvidamos que, detrás de eso, podemos llegar a la información, comprobar si es cierto lo que nos cuenta el ‘líder de opinión’ o no y, sobre todo, buscar una vía alternativa para encontrar la realidad de lo ocurrido.

Conclusión

El periodismo y el periodista está en crisis. Y no, no hablo de los medios, no. Hablo de las personas y la profesión. Y sí, es cierto que nosotros mismos (permitidme que me incluya) nos lo hemos ganado a pulso. Y gran parte de la culpa es nuestra. Sin embargo, en un momento en que tenemos todos los datos al alcance de la mano, creo que es cuando peor nos informamos. Y no, no digo que es cuando peor nos informan, no. Nuestra es la responsabilidad de escoger nuestras fuentes informativas y, sobre todo, ahora que podemos, de buscar alternativas con las que contrastar. Twitter no es un medio de información. Te da el flash, pero no el contexto. Y en los casos en los que, efectivamente, se contextualiza, un retuit hace que esa historia quede aislada sólo a 140 caracteres. No vengo a defender aquí a los periodistas (nunca lo he hecho, ya que, como digo arriba, la responsabilidad es nuestra), no. Vengo a decir que la información, como tal, consiste en contar lo que ocurre. En mostrar los datos y que sea el ‘cliente’ quien saque sus conclusiones. Nunca debemos dar las conclusiones mascadas y, como receptores, debemos huir de quien nos las dé.  Pensar, seleccionar, buscar más puntos de vista, contextualizar y comparar es nuestra obligación como ‘clientes’ de esos medios. Quedarnos sólo con 140 caracteres nos deja, sin lugar a dudas, peor informados que nunca. Y la pereza de no querer ampliar por nuestra cuenta esos 140 caracteres y dar por válido/manipulado un titular sin ver que viene después es sólo, única y exclusivamente culpa nuestra. A veces, tras un titular desafortunado encontramos buena información. Eso es lo que nos hace comprender que el titular no es bueno.

Hay medios que manipulan y medios que no lo hacen, sin duda. Pero somos nosotros quienes debemos seleccionar qué medio es cada cual (y no hablo de ideologías, no. Hablo de información) y no dejar que otros lo hagan por nosotros.

La información es un derecho. Nosotros somos quienes debemos ejercerlo buscando nuestras fuentes. Separando el grano de la paja. No otros. Si aceptamos que lo hagan otros, aceptamos que sean otros quienes decidan qué es lo que tenemos que pensar.

Nos vemos, maja

Mira que irte así­, sin despedirte ni nada… Con quién discuto yo ahora ¿eh?

Estate tranquila, que seguiré siendo un payaso (aunque no me lo digas tú). Y, ya de paso, te aviso: no me esperes, maja, que tardaré en ir, así­ que no prepares cena.

Te voy a echar de menos. Ya, ya lo sé, soy bobo, pero eso ya me lo decí­as tú, ¿verdad?.
Adiós, abuela.

Conversando con un viejo amigo

Después de mucho tiempo, vuelvo al mismo lugar. La primera vez que estuve aquí­ fue el 16 de octubre de 2005. Entonces, como ahora, él está en el mismo sitio. Parece como si me estuviese esperando.De alguna manera, creo que sabí­a que volverí­a a pasar por allí­ Aquel dí­a fue una casualidad, pero hoy no lo es.

– ¿Quieres una Coca-Cola? ¿Una cerveza?

– Puedo volver a verte en otro momento…

– Tranquilo, hace mucho que no entra nadie por aquí­.

Me sirve una cerveza bien frí­a. Pone el posavasos y deja una jarra por la que chorrea la espuma. Después, me deja un cuenco con patatas fritas y un servilletero. Me conoce bien.

– ¿Y qué tal estas? ¿Terminaste la carrera?

– ¡Pues sí­! Al final acabé periodismo.

– Me alegra mucho oí­rlo. Llevaba tiempo pensando en si pasarí­as por aquí­ cuando terminases…

– A pedirte ayuda…

– No lo decí­a con esa idea, amigo. Pero, si puedo ayudarte en algo, dí­melo.

– ¿Recuerdas la primera vez que vine?

– ¡Cómo no me voy a acordar! Dabas bastante pena aquel dí­a. Lo acababas de dejar con aquella chica y estabas desconsolado. Era de noche cuando acabaste aquí­. Recuerdo que estabas tembloroso cuando abriste la puerta. Y no sabí­as que iba a ser de ti en aquel momento.

– Tienes buena memoria, no hay duda.

– Aquel dí­a estuvimos hablando largo y tendido. De hecho, saliste de aquí­ un poco mejor. Te habí­as desahogado lo suficiente como para poder irte a cenar con tu familia.

Es asombroso la memoria que tiene. Si le preguntase qué zapatillas llevaba, seguro que se acordarí­a. Creo que me conoce mejor que yo mismo.

– Bueno, ¿y qué te ocurre? – me dice subiéndose las gafas.

– No sé qué hacer. Verás, hace unos dí­as hice una prueba para un máster de radio. De Radio Nacional de España, para más señas. El máster tiene muy buena pinta y, por lo que me han contado, merece mucho la pena…

– ¿Pero?

– Pero… cuesta casi 6000 euros. Eso me preocupa mucho.

– ¿No tienes dinero ahorrado?

– ¡Claro que sí­! Y aunque tuviese que pedir un pequeño préstamo, ese no es el problema.

– ¿No? ¿Y cuál es?

– La incertidumbre. El pensar ‘vale, me seleccionan, pago y empiezo el curso’, pero ¿de dónde saco la pasta para mantenerme ese año?

– Vives en casa de tus padres aún, ¿no?

– Sí­. Pero bastante tienen. Quiero decir que, con 25 años y sin haber tenido que recurrir a nadie durante la carrera, no quiero tener que pedir nada ahora.

– Pues trabaja, como hací­as antes.

– ¿Y si no puedo? Es decir ¿y si el horario no me lo permite? ¿Cómo lo hago? ¿eh?

-Tranquilo, ya se nos ocurrirá algo. Ten en cuenta que las cosas no siempre son blancas o negras. Y esto es como todo, Daniel. Primero espera a saber si te seleccionan. Cuando lo sepas, infórmate, porque tiene que haber becas de algún tipo. Y luego, después de todo eso, ya puedes empezar a preocuparte. Pero, si quieres mi opinión, no es eso lo que te asusta.

–  ¿No?

– ¡Claro que no! Te asusta el saber que, por primera vez, estás frente a una decisión importante en tu vida. Cuando empezaste Derecho, al segundo dí­a ya sabí­as que te ibas a marchar. Y lo hiciste. Y cuando empezaste Periodismo sabí­as que, durante cinco años, tení­as tu vida encarrilada. Y lo sabí­as porque tení­as unos ahorros de cuando estuviste trabajando. Y, bueno, porque luego trabajaste en aquello de repartir periódicos. ¿Te acuerdas?

– ¡Menudos madrugones! En aquella época, además, pasaba algo más que ahora por aquí­.

– Es cierto. Pero ¿ves? Me das la razón sin darte cuenta. No me has negado nada de lo que he dicho. Y sí­, sé que me dirás que tienes una edad y que deberí­as haber cotizado más. Esa será tu excusa. Has trabajado desde los 18 y, lo sé, es una pena que lo hayas hecho con contratos basura o incluso en “B”, como cuando estuviste en la biblioteca. Pero no te engañes, lo que te da miedo es no saber lo que va a pasar. El no tener tú el control de las cosas.

– Y el dinero, no lo olvides.

– Sí­, sí­, no lo olvido. ¿Pero sabes qué? Es un año. Y si tienes que estar un año sin salir, lo estás. ¿No puedes ir a cenar con tus amigos? Te aguantas, compañero. El que algo quiere, algo le cuesta. Y si no puedes ir al cine o a cervecear, tendrás que aguantarte. Y lo harás mientras te esfuerzas por algo que llevabas esperando desde que tienes uso de razón.

– Me gustarí­a estar tan seguro como tú, de verdad.

– En el fondo lo estás, pero te da miedo enfrentarte contigo mismo. Por eso estás aquí­. Por eso has venido a verme como aquel dí­a. Asustado. Si no ¿de qué í­bamos a estar hablando los dos de esta manera?

Ahora soy yo quien se sube las gafas. Levanto la mirada de la barra, que era donde estaba mirando mientras me echaba aquel rapapolvo.

– Tienes razón, Tabernero. Las cosas hay que enfrentarlas como vienen. No hay que esconderse. Si puedo conseguir la pasta, lo haré. Si no, ahorraré todo lo que pueda trabajando un año entero y el año que viene volveré a presentarme a las pruebas. Volveré a superarlas y podré estar tranquilo en todo momento, pero haré el máster.

– ¡Bien dicho! ¿Ves cómo las cosas no son blancas o negras? Si no es este año, será al que viene. Recuerda que fue lo mismo que te pasó cuando empezaste la Universidad, Daniel. Recuérdalo.

De repente, noto cierta tranquilidad. No es completa, porque faltan 24 horas para saber si tengo la plaza, pero sí­ que me ha dado tranquilidad en cuanto a si no puedo decir que sí­ al máster. Mientras hablábamos, me he terminado la cerveza y las patatas.

– Tranquilo, te invito a esta cerveza. Pero no tardes tanto en volver por aquí­, ¿eh? Anda, vete a cenar.

– Gracias Tabernero.

– A ti. Al fin y al cabo, estoy aquí­ gracias a ti.

Mientras dejo atrás La Taberna, pienso en que debo volver más por allí­. El Tabernero y yo tenemos mucho que contarnos aún. Y mucho que contar a los demás. Al fin y al cabo, soy el principal parroquiano de La Taberna.

Sí­, volveré.

“HuffPo”

Hace demasiado tiempo que no paso por aquí­. Quito el cerrojo y levanto el cierre. Chirrí­a. La luz entra en La Taberna y se ve que hay mucho polvo. Paso la escoba, abro las ventanas para que se ventile el local, cojo un trapo y limpio la barra. Está todo limpio. Enciendo la cafetera, pincho un barrí­l de cerveza nuevo y pongo sobre la barra una serie de platillos con su cuchara y su sobre de azucar.

– ¿Está abierto?

– ¡Claro! Pasa, te invito al primer café.

Con La Taberna funcionando y con el corrillo de parroquianos apoyados en la barra, uno me pregunta, sabiendo que me voy a encender, sobre el Huffington Post.

¿Pero tú sabes lo que es el HuffPo? – Le digo.

– Sí­, claro. Es ese periódico que han hecho nuevo los de Prisa, ¿no?- Me dice con duda.

Lo que no sabe es que el Huffington Post es la muestra de que ya no interesa pagar por la información ni siquiera a las empresas periodí­sticas.

– ¿Cómo? -me pregunta con los ojos como platos- ¿Pero no van a pagar a los que escriben?

– Verás… – Y empieza mi explicación-  Sí­ y no. El HuffPo original, el de Estados Unidos, es un agregador de noticias. Esto significa que su redacción lo que hace, además de redactar alguna cosa suelta, es colgar la información de otros medios en su web. Enlazarla, vaya. Por lo tanto, tendrán toda la información sin invertir en periodistas que escriban. Eso ya lo hacen otros.

Y eso ¿interesa a los periódicos online?

– Buena pregunta. Claro que les interesa. Realmente, lo que hace el HuffPo es darle visitas a esos diarios online. Algo así­ como lo que hace el buscador de google, sabes? Enlaces, amigo. Enlaces.

¿Y por qué dices que es tan malo entonces?

Es justo en este momento cuando dejo de secar el vaso que tengo en las manos. Me subo las gafas y dejo el trapo encima de las cámaras frigorí­ficas y le digo:

¡Porque eso no es periodismo! Es la tan denostada piraterí­a que hace unos años denunciaban todos los medios, pero ahora ya no les interesa. Plantéate esto: tú grabas un cd de, qué se yo, Alejandro Sanz y lo vendes. ¿Cómo se llama eso? Piraterí­a. Claro, eso lo entendemos porque es sacar beneficios del trabajo de otro. Beneficios lí­quidos, es decir, PASTA. El HuffPost no tiene periodistas realmente porque no los necesita. Lo venden como el milagro de la prensa. ¡Claro! ¡Grandes beneficios a coste cero gracias al tráfico que generan! Toda la información está en el Huffpost aunque ellos no redactan la mitad de las cosas.

– Vale… Y si es tan malo como dices ¿por qué lo financia en España el Grupo Prisa?

Inocente de él, no sabe cómo están las cosas dentro de esa empresa.

– ¿Que por qué? – Lo miro medio riéndome- ¡Porque Cebrián hace mucho que dejó de ser periodista! ¡Ahora sólo quiere dos cosas: dinero y poder! Desde que está como jefazo en Prisa, Cebrián ha vendido parte del grupo a un fondo de inversión americano. Este grupo lo nombre jefazo -digo ahorrando tecnicismos- y así­ ha pasado de ser un periodista que dirigió la que otrora fue una gran cabecera de la prensa a ser un tí­o que sólo busca dinero. ¿Y qué es el HuffPost sino eso? Es una forma de tener todo a coste mí­nimo.

Entonces, no pagan por los textos…

– No, claro que no lo hacen. Por lo menos, no por la mayorí­a de ellos.

¿Y por las informaciones de los blogs?– Tras esto no puedo mas que echarme a reí­r.

¡¡Tampoco!! ¡Esa es la gracia! Hace unos dí­as, la directora de esta web en España decí­a que ellos no pagarí­an a los bloggers. A cambio de sus textos, de su trabajo, el Huffington Post les darí­a ‘una ventana’ para comunicarse. Notoriedad, decí­an. ¡Porque los periodistas no quieren informar, claro! ¡¡Sólo quieren notoriedad! ¡¡¡Y con eso ya comen!!!

Al parecer, me he encendido demasiado. Desde la calle, una mujer del grupito que habí­a salido a fumar me dice que no grite, que no merece la pena. Ella es periodista. Tras asentir, vuelvo con mi conversación.

– Entonces- sigue preguntándome- tampoco pagan a los bloggers que ellos tienen ¿no? Me refiero a los famosos que escriben en la web.

– No sé cómo será en España, pero en Estados Unidos sí­ que pagan. Los famosos son lí­deres de opinión, amigo mí­o. La gente los sigue donde sea. Y eso, en Internet, es tráfico. Y el tráfico es dinero. Es pagar dos y recibir doscientos.

– Pues chico, está bien pensado el negocio. Y al tal Cebrián ¿no le preocupa que este ‘medio’ desbanque a El Paí­s?

– Pues evidentemente no. Es más, a Cebrián El Paí­s se la trae bastante al pairo. Tanto es así­ que hace un tiempo, en un discurso que dio casi le faltó decir que era un cadáver prehistórico. Dejo bien claro que era un modelo que tendí­a a desaparecer porque la gente ya no busca informarse en los periódicos. De hecho, él mismo dijo que cuando leí­a El Paí­s por la mañana ya conocí­a todas las noticas antes.

– Tira piedras sobre su tejado el pollo este, ¿no?

– Sí­, y no solo eso. Desmerecer a la prensa como lo hace Cebrián es tachar de bobos a los lectores. ¿No buscan informarse? Tal vez el problema es el abandono paulatino del periodismo en los periódicos. Nadie apuesta por investigar o por modelos sostenibles. Nadie invierte en El Paí­s como se hace en el New York Times. Es más, en España serí­a impensable un New York Times. ¡Ese sí­ es un periódico que se ha sabido adaptar! ¿Sabí­as que en el equipo que hace las infografí­as del NYT hay un español? Pues sí­. Y está allí­ porque aquí­ no se invierte en estas cosas.

– A ti lo que te pasa es que estás resentido…

Saco el Smartphone del bolsillo y le enseño esto:

– Resentido… Igual que todos estos ¿verdad?

– Oye, pues sí­ que va a ser mala la idea esta…

– Claro, y lo mejor es que PRISA lo vende como el nuevo periodismo. Desvirtúa no sólo al periodismo, sino al periodista. Y sé que me repito, pero no pagan por el trabajo que realizan otros.

– Oye ¿y las portadas que hacen? Porque son feas de cojones.

Es otra forma de llamar la atención de la gente. Para que te hagas una idea, el HuffPost de España ha publicado una portada que es más fea que pegar a un padre con un calcetí­n sudado. ¿Qué ha conseguido con esto? Notoriedad. Ser Trending Topic en Twitter te da notoriedad, pero además millones de visitas que te ayudan a posicionarte en los buscadores. Además, esa gente que hoy ha linchado esa portada también entrará mañana. Y lo hará para ver cuán mala es la imagen que pongan, volviendo a dar esa notoriedad al ‘medio’. Si es cutre, no es por dejadez, sino por estrategia.

Su cara cambia. Parece que ya lo entiende. De hecho, me mira y menea la cabeza de un lado a otro como diciendo que no.

-Ahora entiendo-sentencia-por qué estás detrás de la barra y no en una redacción. ¿Quién va a querer pagar por alguien que informe cuando los periódicos serios compran las noticias a agencias? Nadie. Y menos cuando ‘medios’ como el Huffington Post se dedican a enlazar a esas informaciones. Tráfico para todos, beneficio para las empresas y desaparición del periodismo. Ysi las empresas periodí­sticas no quieren pagar, ¿cómo esperan que haya personas que quieran pagar por lo que publican?

– Esa es la idea, amigo mí­o…

De repente, un portero de la finca de al lado entra en La Taberna. Pregunta a mi contertulio sobre el HuffPost.

– ¿Pero tú sabes lo que es el HuffPo? – Le dice.

Empiezan a hablar entre ellos. Hay ambiente al otro lado de la barra. Yo me giro y pongo dos cafés más. Y así­ pasa el dí­a en La Taberna.

Veinticinco años

No caeré en el truco fácil de comparar la situación de mi padre o mi abuelo cuando ellos tení­an mi edad.  Y eso que ambos tení­an ya hijos y todo. Es más, confesaré antes de empezar que a mí­ me faltan aún tres meses para llegar al cuarto de siglo. Pero establezcamos esta cifra como simbólica, si me lo permití­s.

Con 25 años, he terminado (casi) mi licenciatura en Periodismo, realicé un primer curso de la carrera de Derecho y tengo cotizado un año en la seguridad social. He trabajado desde los 18 en almacenes, grandes superficies, hospitales e incluso montando boleras. He trabajado más horas de las que tengo cotizadas, creedme. Salvo mis dos primeros años como universitario, he tenido la suerte de trabajar siempre. De hecho, llevo tres años trabajando en un organismo público sin cotizar a la Seguridad Social.

Con 25 años cobro 350 euros. Son 10 euros menos que cuando empecé, literalmente, a trabajar en la biblioteca. Entonces mi sueldo era de 360. Si a esto le sumamos la subida de precios, la depresión está asegurada.

El gobierno de José Luis Rodrí­guez Zapatero aseguró que, para la gente como yo, harí­a una ley en la que dijese que los becarios í­bamos a cotizar. ¡Y lo hizo! Sin embargo, lo que no dijeron los medios es que dos dí­as antes de las elecciones, ese mismo gobierno aprobó una disposición transitoria en la que decí­an que no existe obligación de afiliar y dar de alta en la Seguridad Social, y por ende cotizar,  a los alumnos de los programas universitarios (de grado y de master) que imparten las universidades que efectúen prácticas externalizadas en empresas  retribuidas mediante becas, ayudas al estudio o cualquier otro concepto”. Por supuesto, y pese a que trabajo en una Universidad pública, se han agarrado a esto como a un clavo ardiendo y, claro, no cotizo.

Con 25 años, las estadí­sticas me indican que si quiero conseguir un trabajo relacionado con mis estudios superiores debo cursar un máster. Una especialización a mis cinco años de carrera. No lo veo mal, ya que especializarse es bueno. Sin embargo, me piden que ‘afloje’ de 6000 a 12000 euros por cursar esos estudios. Sí­, tal vez haya quien me encuentre precios inferiores, pero la media es la que es.

Con 25 años, estudios superiores, trabajando sin cotizar para el Estado o, mejor dicho, para mi comunidad autónoma (es quien se encarga de gestionar la Universidad) y sin llegar a ser ni siquiera proyecto de mileurista, sigo viviendo en casa de mis padres. En casa de unos padres que, con mi edad, ya se habí­an ido, no sólo de casa, sino que habí­an cambiado de provincia y de comunidad.

Con estos antecedentes (gracias por llegar hasta aquí­), tengo que aguantar cosas como la portada de ayer de El Paí­s.

Captura

 Una portada, y una información, que puede que sí­ que represente a un estrato de esta sociedad. No lo pongo en duda en esta entrada, no es el objetivo de la misma. Una portada en la que el director de esa publicación se rí­e, por lo menos, de todos los que el dí­a de mañana (¡y el de hoy, de demonios!) quieren/ queremos ser periodistas. Una empresa que publica ‘#nimileuristas’ y paga a sus becarios entre 700 y 800 euros por jornadas superiores a las ocho horas. Podrí­a seguir, pero lo resumiré con ‘un periódico que mira la paja en el ojo ajeno’.

Y, pese a eso, que titula diciendo una verdad certera.

Con 25 años, las expectativas de futuro que tengo es encontrar un trabajo de lo que sea, cosa que no me parece mal (pese a que tenga connotaciones frustrantes fácilmente entendibles). Lo que me empieza a parecer mal es, por ejemplo, que las reglas del juego hayan cambiado a favor del empresario y que se hayan perdido derechos como la cantidad de dí­as de indemnización por año trabajado en caso de despido.

Desde la CEOE nos dicen que debemos tener en cuenta que en otros paí­ses (llamémoslo Estados Unidos) las condiciones son similares y no se quejan tanto como aquí­. Acepto, claro, ese punto de vista. Pero maticemos diciendo que allí­ el sueldo es superior. Y no sólo eso, sino que la conciliación es algo real. Además, tengamos en cuenta que en otros paí­ses los empresarios no tienen ese plus llamado ‘picaresca española’. Sirva esto como ejemplo:

Los EREs se triplican en Cataluña desde la entrada de la reforma

Pero sigamos.

El actual gobierno defiende a ultranza su reforma laboral. Por un lado, algunos ministros indican que es lo que hay que hacer para reactivar el empleo. Sin embargo, indican que este año, y con esa misma reforma laboral se destruirán más de 600,000 empleos. Algo falla.

Por otro lado, han bajado las pensiones. Sí­, no en un sentido estricto, pero después de las duras crí­ticas que realizaron al gobierno anterior, lo que han hecho ha sido congelarlas, con lo que si contamos de nuevo la subida del IPC, el poder adquisitivo de los pensionistas se ha visto mermado.

Se propone, entre otras cosas, buscar formas de sufragar el gasto sanitario de España. Curiosamente, el ‘copago’ es la opción que más suena. Un ‘copago’ que, recordemos’, significa pagar dos veces por lo mismo, ya que es el Estado, con el dinero de todos, quien paga.

Y mientras, la economí­a sumergida alcanza un valor estimado de más del 20 por ciento del producto interior bruto. El 20 por ciento de la riqueza de España está ahí­, moviéndose, pero sin ser  declarada. La polí­tica fiscal del nuevo gobierno queda clara cuando destituyen a quienes destaparon una trama de corrupción y premian a quien no supo ver otra. La subida de impuestos que no iba a ocurrir, finalmente ocurrió.

Ahora se plantea también añadir un impuesto más a los hidrocarburos con la premisa de destinarlo a la investigación de energí­as renovables. Y ahora que saco el tema…

Investigación: Con fecha de 30 de diciembre se anuncia un recorte de 600 millones de euros en I+D+I. Por otra parte, se estima que la cifra será superior cuando se hagan públicos los presupuestos generales del Estado, con lo que España quedará en un lugar simbólico, mientras que los cientí­ficos españoles ayudarán al desarrollo y enriquecimiento de otros paí­ses.

Y podrí­a seguir. Bien sabemos todos que podrí­a seguir. Pero, si me permití­s, volveré de nuevo a mi discurso inicial.

Con 25 años, y más de cinco millones de parados en el paí­s en el que vivo (de los cuales un porcentaje realmente peligroso es gente joven), me piden que me apriete el cinturón. Después de todos los datos que he planteado, me dicen que consuma. ¡Que gaste! ¡¡Que circule mi dinero!! Dinero que uso para pagar mis estudios, colaborar en casa cuando se puede y poco más. Dinero que yo sí­ que tengo, pese a ser una cifra irrisoria, pero que mucha gente no tiene.

Y me lo piden aquellos que cobran 1800 como ‘ayudas’ por estar haciendo su trabajo. Sólo como dietas. Con ese dinero comen y pagan una casa  en Madrid, pese a que hay quien tiene vivienda en la capital. Algunos dicen que lo usan para desplazarse hasta su provincia, pese a que también tienen esos viajes pagados con otras dietas.

Esas mismas personas que defienden casos como el de Isabel Carrasco, que acumula 12 cargos y percibió más de 158.000 euros en 2010, la mitad en concepto de dietas y desplazamientos.

Esas mismas personas que después de haberse metido en obras faraónicas y que acusan a unos y a otros por sus actividades profesionales, al poco de salir del gobierno (me da igual el color) se meten en la empresa privada cobrando dinerales a costa de ese puesto al servicio de la sociedad. Puestos que, claro, los dotan de una agenda suculenta y de una presencia internacional imposible de adquirir siendo, por ejemplo, electricista. Y si no, veamos dónde trabajn González, Aznar, Zapatero y sus ministros.

Con 25 años ‘me prometen el oro y el moro’. Me dicen que es lamentable que, por primera vez, una generación vaya a vivir peor que sus padres. Me aseguran que arreglarán la situación y me piden, por enésima vez, que arrime el hombro. Ellos, que como cabeza visible de la polí­tica han estado a la gresca por ver quién meaba más lejos.

Así­ que, con 25 años, pido que dejen de reí­rse de mí­. A estas alturas, ‘tengo los huevos pelados’ de tantas promesas. Estoy cansado de que sólo sirvamos para hacer portadas en periódicos que critican lo que ellos mismo hacen. Estoy cansado de que en vez de invertir mis impuestos en cosas realmente importantes se inviertan en proyectos estúpidos y que, casualmente, quedan a medio terminar. Cansado de ser, como todos, el resultado de una polí­tica educativa francamente nefasta. Nefasta para todos, no sólo para los alumnos, porque recordemos que nosotros seremos el futuro próximo. Harto de ser sólo el ‘joven tipo’ al que dirigir los mensajes electorales y al que, después, se torea.

Cuando pase el temporal, que pasará, veremos cuál ha sido la actuación de todos. Como paí­s y como individuos. Y valoraremos cuál fue nuestro papel en el mundo en el que vivimos. Y veremos que España está al culo de Europa. Y lo está porque no sabemos, como paí­s, hacer otra cosa que darle al ladrillo. Y no sabemos, ni sabremos jamás, hacer otra cosa. ¿Y por qué? Porque nunca invertimos en investigar, en educar y, mucho menos, en abrirnos los ojos a la realidad. Porque Spain is different, pero los españoles unos cabezones que no queremos ver nuestras miserias. Y menos si juega el Real Madrid o el Barí§a (equipos que, por cierto, tienen deudas millonarias).

Con 25 años miro los últimos 25 años y pienso en los que vendrán. Y me da pena.

Pero claro, como digo, con casi un cuarto de siglo, nada en comparación con la época que vivió mi padre o mi abuelo, mi opinión, la de un solo sujeto, no vale nada. Ni tampoco la de todos como sociedad. Y no vale porque escogemos siempre como gobernante a quien nos regala los oí­dos, no a quien puede hacerlo mejor. Criticamos a quien logra algo y nos puede enseñar cómo mejorar.

Españoles, somos los reyes del mundo. Lo que no sabemos, ni queremos ver, es que el mundo es una república.