Conversando con un viejo amigo

Después de mucho tiempo, vuelvo al mismo lugar. La primera vez que estuve aquí­ fue el 16 de octubre de 2005. Entonces, como ahora, él está en el mismo sitio. Parece como si me estuviese esperando.De alguna manera, creo que sabí­a que volverí­a a pasar por allí­ Aquel dí­a fue una casualidad, pero hoy no lo es.

– ¿Quieres una Coca-Cola? ¿Una cerveza?

– Puedo volver a verte en otro momento…

– Tranquilo, hace mucho que no entra nadie por aquí­.

Me sirve una cerveza bien frí­a. Pone el posavasos y deja una jarra por la que chorrea la espuma. Después, me deja un cuenco con patatas fritas y un servilletero. Me conoce bien.

– ¿Y qué tal estas? ¿Terminaste la carrera?

– ¡Pues sí­! Al final acabé periodismo.

– Me alegra mucho oí­rlo. Llevaba tiempo pensando en si pasarí­as por aquí­ cuando terminases…

– A pedirte ayuda…

– No lo decí­a con esa idea, amigo. Pero, si puedo ayudarte en algo, dí­melo.

– ¿Recuerdas la primera vez que vine?

– ¡Cómo no me voy a acordar! Dabas bastante pena aquel dí­a. Lo acababas de dejar con aquella chica y estabas desconsolado. Era de noche cuando acabaste aquí­. Recuerdo que estabas tembloroso cuando abriste la puerta. Y no sabí­as que iba a ser de ti en aquel momento.

– Tienes buena memoria, no hay duda.

– Aquel dí­a estuvimos hablando largo y tendido. De hecho, saliste de aquí­ un poco mejor. Te habí­as desahogado lo suficiente como para poder irte a cenar con tu familia.

Es asombroso la memoria que tiene. Si le preguntase qué zapatillas llevaba, seguro que se acordarí­a. Creo que me conoce mejor que yo mismo.

– Bueno, ¿y qué te ocurre? – me dice subiéndose las gafas.

– No sé qué hacer. Verás, hace unos dí­as hice una prueba para un máster de radio. De Radio Nacional de España, para más señas. El máster tiene muy buena pinta y, por lo que me han contado, merece mucho la pena…

– ¿Pero?

– Pero… cuesta casi 6000 euros. Eso me preocupa mucho.

– ¿No tienes dinero ahorrado?

– ¡Claro que sí­! Y aunque tuviese que pedir un pequeño préstamo, ese no es el problema.

– ¿No? ¿Y cuál es?

– La incertidumbre. El pensar ‘vale, me seleccionan, pago y empiezo el curso’, pero ¿de dónde saco la pasta para mantenerme ese año?

– Vives en casa de tus padres aún, ¿no?

– Sí­. Pero bastante tienen. Quiero decir que, con 25 años y sin haber tenido que recurrir a nadie durante la carrera, no quiero tener que pedir nada ahora.

– Pues trabaja, como hací­as antes.

– ¿Y si no puedo? Es decir ¿y si el horario no me lo permite? ¿Cómo lo hago? ¿eh?

-Tranquilo, ya se nos ocurrirá algo. Ten en cuenta que las cosas no siempre son blancas o negras. Y esto es como todo, Daniel. Primero espera a saber si te seleccionan. Cuando lo sepas, infórmate, porque tiene que haber becas de algún tipo. Y luego, después de todo eso, ya puedes empezar a preocuparte. Pero, si quieres mi opinión, no es eso lo que te asusta.

–  ¿No?

– ¡Claro que no! Te asusta el saber que, por primera vez, estás frente a una decisión importante en tu vida. Cuando empezaste Derecho, al segundo dí­a ya sabí­as que te ibas a marchar. Y lo hiciste. Y cuando empezaste Periodismo sabí­as que, durante cinco años, tení­as tu vida encarrilada. Y lo sabí­as porque tení­as unos ahorros de cuando estuviste trabajando. Y, bueno, porque luego trabajaste en aquello de repartir periódicos. ¿Te acuerdas?

– ¡Menudos madrugones! En aquella época, además, pasaba algo más que ahora por aquí­.

– Es cierto. Pero ¿ves? Me das la razón sin darte cuenta. No me has negado nada de lo que he dicho. Y sí­, sé que me dirás que tienes una edad y que deberí­as haber cotizado más. Esa será tu excusa. Has trabajado desde los 18 y, lo sé, es una pena que lo hayas hecho con contratos basura o incluso en “B”, como cuando estuviste en la biblioteca. Pero no te engañes, lo que te da miedo es no saber lo que va a pasar. El no tener tú el control de las cosas.

– Y el dinero, no lo olvides.

– Sí­, sí­, no lo olvido. ¿Pero sabes qué? Es un año. Y si tienes que estar un año sin salir, lo estás. ¿No puedes ir a cenar con tus amigos? Te aguantas, compañero. El que algo quiere, algo le cuesta. Y si no puedes ir al cine o a cervecear, tendrás que aguantarte. Y lo harás mientras te esfuerzas por algo que llevabas esperando desde que tienes uso de razón.

– Me gustarí­a estar tan seguro como tú, de verdad.

– En el fondo lo estás, pero te da miedo enfrentarte contigo mismo. Por eso estás aquí­. Por eso has venido a verme como aquel dí­a. Asustado. Si no ¿de qué í­bamos a estar hablando los dos de esta manera?

Ahora soy yo quien se sube las gafas. Levanto la mirada de la barra, que era donde estaba mirando mientras me echaba aquel rapapolvo.

– Tienes razón, Tabernero. Las cosas hay que enfrentarlas como vienen. No hay que esconderse. Si puedo conseguir la pasta, lo haré. Si no, ahorraré todo lo que pueda trabajando un año entero y el año que viene volveré a presentarme a las pruebas. Volveré a superarlas y podré estar tranquilo en todo momento, pero haré el máster.

– ¡Bien dicho! ¿Ves cómo las cosas no son blancas o negras? Si no es este año, será al que viene. Recuerda que fue lo mismo que te pasó cuando empezaste la Universidad, Daniel. Recuérdalo.

De repente, noto cierta tranquilidad. No es completa, porque faltan 24 horas para saber si tengo la plaza, pero sí­ que me ha dado tranquilidad en cuanto a si no puedo decir que sí­ al máster. Mientras hablábamos, me he terminado la cerveza y las patatas.

– Tranquilo, te invito a esta cerveza. Pero no tardes tanto en volver por aquí­, ¿eh? Anda, vete a cenar.

– Gracias Tabernero.

– A ti. Al fin y al cabo, estoy aquí­ gracias a ti.

Mientras dejo atrás La Taberna, pienso en que debo volver más por allí­. El Tabernero y yo tenemos mucho que contarnos aún. Y mucho que contar a los demás. Al fin y al cabo, soy el principal parroquiano de La Taberna.

Sí­, volveré.

4 pensamientos sobre “Conversando con un viejo amigo”

  1. Esta preciosidad no se puede dejar sin comentar.
    Lo tienes claro, lo sabes, pero tienes miedo. Me gustarí­a decirte que con los años se supera, pero mentirí­a. Es normal, es humano y es bueno. Si no hay miedo es pprque no hay vida.
    Mucha suerte.

  2. Quien no arriesga no gana, y el riesgo y el miedo van siempre de la mano. Como siempre tus palabras significan algo más que unas meras letras juntas de cualquier manera.
    Lo de salir…siempre nos quedarán los paseos y las bolsas de pipas en un banco…aunque haga mucho frí­o, sabes que cuando quieras.
    Suerte, y un beso.

  3. Me gusta…desde cuando no vuelves por la taberna? Seguro que se te echa de menos. Yo ya lo hago, y acabo de conocerte!

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