Veinticinco años

No caeré en el truco fácil de comparar la situación de mi padre o mi abuelo cuando ellos tení­an mi edad.  Y eso que ambos tení­an ya hijos y todo. Es más, confesaré antes de empezar que a mí­ me faltan aún tres meses para llegar al cuarto de siglo. Pero establezcamos esta cifra como simbólica, si me lo permití­s.

Con 25 años, he terminado (casi) mi licenciatura en Periodismo, realicé un primer curso de la carrera de Derecho y tengo cotizado un año en la seguridad social. He trabajado desde los 18 en almacenes, grandes superficies, hospitales e incluso montando boleras. He trabajado más horas de las que tengo cotizadas, creedme. Salvo mis dos primeros años como universitario, he tenido la suerte de trabajar siempre. De hecho, llevo tres años trabajando en un organismo público sin cotizar a la Seguridad Social.

Con 25 años cobro 350 euros. Son 10 euros menos que cuando empecé, literalmente, a trabajar en la biblioteca. Entonces mi sueldo era de 360. Si a esto le sumamos la subida de precios, la depresión está asegurada.

El gobierno de José Luis Rodrí­guez Zapatero aseguró que, para la gente como yo, harí­a una ley en la que dijese que los becarios í­bamos a cotizar. ¡Y lo hizo! Sin embargo, lo que no dijeron los medios es que dos dí­as antes de las elecciones, ese mismo gobierno aprobó una disposición transitoria en la que decí­an que no existe obligación de afiliar y dar de alta en la Seguridad Social, y por ende cotizar,  a los alumnos de los programas universitarios (de grado y de master) que imparten las universidades que efectúen prácticas externalizadas en empresas  retribuidas mediante becas, ayudas al estudio o cualquier otro concepto”. Por supuesto, y pese a que trabajo en una Universidad pública, se han agarrado a esto como a un clavo ardiendo y, claro, no cotizo.

Con 25 años, las estadí­sticas me indican que si quiero conseguir un trabajo relacionado con mis estudios superiores debo cursar un máster. Una especialización a mis cinco años de carrera. No lo veo mal, ya que especializarse es bueno. Sin embargo, me piden que ‘afloje’ de 6000 a 12000 euros por cursar esos estudios. Sí­, tal vez haya quien me encuentre precios inferiores, pero la media es la que es.

Con 25 años, estudios superiores, trabajando sin cotizar para el Estado o, mejor dicho, para mi comunidad autónoma (es quien se encarga de gestionar la Universidad) y sin llegar a ser ni siquiera proyecto de mileurista, sigo viviendo en casa de mis padres. En casa de unos padres que, con mi edad, ya se habí­an ido, no sólo de casa, sino que habí­an cambiado de provincia y de comunidad.

Con estos antecedentes (gracias por llegar hasta aquí­), tengo que aguantar cosas como la portada de ayer de El Paí­s.

Captura

 Una portada, y una información, que puede que sí­ que represente a un estrato de esta sociedad. No lo pongo en duda en esta entrada, no es el objetivo de la misma. Una portada en la que el director de esa publicación se rí­e, por lo menos, de todos los que el dí­a de mañana (¡y el de hoy, de demonios!) quieren/ queremos ser periodistas. Una empresa que publica ‘#nimileuristas’ y paga a sus becarios entre 700 y 800 euros por jornadas superiores a las ocho horas. Podrí­a seguir, pero lo resumiré con ‘un periódico que mira la paja en el ojo ajeno’.

Y, pese a eso, que titula diciendo una verdad certera.

Con 25 años, las expectativas de futuro que tengo es encontrar un trabajo de lo que sea, cosa que no me parece mal (pese a que tenga connotaciones frustrantes fácilmente entendibles). Lo que me empieza a parecer mal es, por ejemplo, que las reglas del juego hayan cambiado a favor del empresario y que se hayan perdido derechos como la cantidad de dí­as de indemnización por año trabajado en caso de despido.

Desde la CEOE nos dicen que debemos tener en cuenta que en otros paí­ses (llamémoslo Estados Unidos) las condiciones son similares y no se quejan tanto como aquí­. Acepto, claro, ese punto de vista. Pero maticemos diciendo que allí­ el sueldo es superior. Y no sólo eso, sino que la conciliación es algo real. Además, tengamos en cuenta que en otros paí­ses los empresarios no tienen ese plus llamado ‘picaresca española’. Sirva esto como ejemplo:

Los EREs se triplican en Cataluña desde la entrada de la reforma

Pero sigamos.

El actual gobierno defiende a ultranza su reforma laboral. Por un lado, algunos ministros indican que es lo que hay que hacer para reactivar el empleo. Sin embargo, indican que este año, y con esa misma reforma laboral se destruirán más de 600,000 empleos. Algo falla.

Por otro lado, han bajado las pensiones. Sí­, no en un sentido estricto, pero después de las duras crí­ticas que realizaron al gobierno anterior, lo que han hecho ha sido congelarlas, con lo que si contamos de nuevo la subida del IPC, el poder adquisitivo de los pensionistas se ha visto mermado.

Se propone, entre otras cosas, buscar formas de sufragar el gasto sanitario de España. Curiosamente, el ‘copago’ es la opción que más suena. Un ‘copago’ que, recordemos’, significa pagar dos veces por lo mismo, ya que es el Estado, con el dinero de todos, quien paga.

Y mientras, la economí­a sumergida alcanza un valor estimado de más del 20 por ciento del producto interior bruto. El 20 por ciento de la riqueza de España está ahí­, moviéndose, pero sin ser  declarada. La polí­tica fiscal del nuevo gobierno queda clara cuando destituyen a quienes destaparon una trama de corrupción y premian a quien no supo ver otra. La subida de impuestos que no iba a ocurrir, finalmente ocurrió.

Ahora se plantea también añadir un impuesto más a los hidrocarburos con la premisa de destinarlo a la investigación de energí­as renovables. Y ahora que saco el tema…

Investigación: Con fecha de 30 de diciembre se anuncia un recorte de 600 millones de euros en I+D+I. Por otra parte, se estima que la cifra será superior cuando se hagan públicos los presupuestos generales del Estado, con lo que España quedará en un lugar simbólico, mientras que los cientí­ficos españoles ayudarán al desarrollo y enriquecimiento de otros paí­ses.

Y podrí­a seguir. Bien sabemos todos que podrí­a seguir. Pero, si me permití­s, volveré de nuevo a mi discurso inicial.

Con 25 años, y más de cinco millones de parados en el paí­s en el que vivo (de los cuales un porcentaje realmente peligroso es gente joven), me piden que me apriete el cinturón. Después de todos los datos que he planteado, me dicen que consuma. ¡Que gaste! ¡¡Que circule mi dinero!! Dinero que uso para pagar mis estudios, colaborar en casa cuando se puede y poco más. Dinero que yo sí­ que tengo, pese a ser una cifra irrisoria, pero que mucha gente no tiene.

Y me lo piden aquellos que cobran 1800 como ‘ayudas’ por estar haciendo su trabajo. Sólo como dietas. Con ese dinero comen y pagan una casa  en Madrid, pese a que hay quien tiene vivienda en la capital. Algunos dicen que lo usan para desplazarse hasta su provincia, pese a que también tienen esos viajes pagados con otras dietas.

Esas mismas personas que defienden casos como el de Isabel Carrasco, que acumula 12 cargos y percibió más de 158.000 euros en 2010, la mitad en concepto de dietas y desplazamientos.

Esas mismas personas que después de haberse metido en obras faraónicas y que acusan a unos y a otros por sus actividades profesionales, al poco de salir del gobierno (me da igual el color) se meten en la empresa privada cobrando dinerales a costa de ese puesto al servicio de la sociedad. Puestos que, claro, los dotan de una agenda suculenta y de una presencia internacional imposible de adquirir siendo, por ejemplo, electricista. Y si no, veamos dónde trabajn González, Aznar, Zapatero y sus ministros.

Con 25 años ‘me prometen el oro y el moro’. Me dicen que es lamentable que, por primera vez, una generación vaya a vivir peor que sus padres. Me aseguran que arreglarán la situación y me piden, por enésima vez, que arrime el hombro. Ellos, que como cabeza visible de la polí­tica han estado a la gresca por ver quién meaba más lejos.

Así­ que, con 25 años, pido que dejen de reí­rse de mí­. A estas alturas, ‘tengo los huevos pelados’ de tantas promesas. Estoy cansado de que sólo sirvamos para hacer portadas en periódicos que critican lo que ellos mismo hacen. Estoy cansado de que en vez de invertir mis impuestos en cosas realmente importantes se inviertan en proyectos estúpidos y que, casualmente, quedan a medio terminar. Cansado de ser, como todos, el resultado de una polí­tica educativa francamente nefasta. Nefasta para todos, no sólo para los alumnos, porque recordemos que nosotros seremos el futuro próximo. Harto de ser sólo el ‘joven tipo’ al que dirigir los mensajes electorales y al que, después, se torea.

Cuando pase el temporal, que pasará, veremos cuál ha sido la actuación de todos. Como paí­s y como individuos. Y valoraremos cuál fue nuestro papel en el mundo en el que vivimos. Y veremos que España está al culo de Europa. Y lo está porque no sabemos, como paí­s, hacer otra cosa que darle al ladrillo. Y no sabemos, ni sabremos jamás, hacer otra cosa. ¿Y por qué? Porque nunca invertimos en investigar, en educar y, mucho menos, en abrirnos los ojos a la realidad. Porque Spain is different, pero los españoles unos cabezones que no queremos ver nuestras miserias. Y menos si juega el Real Madrid o el Barí§a (equipos que, por cierto, tienen deudas millonarias).

Con 25 años miro los últimos 25 años y pienso en los que vendrán. Y me da pena.

Pero claro, como digo, con casi un cuarto de siglo, nada en comparación con la época que vivió mi padre o mi abuelo, mi opinión, la de un solo sujeto, no vale nada. Ni tampoco la de todos como sociedad. Y no vale porque escogemos siempre como gobernante a quien nos regala los oí­dos, no a quien puede hacerlo mejor. Criticamos a quien logra algo y nos puede enseñar cómo mejorar.

Españoles, somos los reyes del mundo. Lo que no sabemos, ni queremos ver, es que el mundo es una república.

 

7 pensamientos sobre “Veinticinco años”

  1. Enhorabuena, porque lo has clavado macho. Lo único que no comparto es la perspectiva negativa. Independientemente de lo que haga o diga el gobierno, la solución está más cerca de nuestra mano de lo que parece.

  2. Totalmente de acuerdo con tu crí­tica Tabernero. También tengo que estar de acuerdo con Ponzonha en que te falta ver que la solución está en nuestras manos. Es que es la única conclusión lógica, porque de esperar a que lo arreglen los Mariano, Jose Luí­s, Cayo o Rosa de turno se nos mustiarán los ojos y se nos morirán las ilusiones.

    Y en cuanto a los que vendrán, ni te preocupes, porque todo lo que conocerán será esto y no lo anterior, así­ que no podrán lamentarse como nosotros, que sí­ conocimos las vacas gordas.

  3. Como me dijo usted hace no mucho: mira que escribes poco, pero cuando lo haces dices verdades como puños.

    No puedo añadir nada más a lo escrito, salvo quzás, como señala el señor ponzonha, intentar abordar la situación de manera no tan pesimista.

    Ya sabes: sonrí­a, mañana puede ser peor.

  4. Benton y RedWarrior: Gracias a amos por pasar por aquí­ y leer el tocho. Como le dije a Doc Ponzonha, a dí­a de hoy veo que acabo la carrera y me voy a pique. Sé que es pesimista y que no es tan dramático como imagino. Y sé que la solución también está en mis manos, pero por ahora no la encuentro.
    Se hará lo que se pueda, eso sí­ 😉

  5. Te felicito por tu reflexión, TABERNERO. Y estoy completamente de acuerdo contigo. Si yo ahora tuviera 25 años -me acerco a los 44- lo tendrí­a bastante crudo. ¡350 euros dan para muy poco, la verdad! Nos están engañando a todas horas y vamos peor.

    Yo empecé en esto del periodismo ya hace muchos años. No sé si es que éramos menos -seguro que sí­-, pero lo que está claro es que las empresas pagaban mejor. En mi época, recuerdo que muchos contraros rondaban las 150 mil pesetas, unos 900 euros. Han pasado un montón de años y muchos medios de comuinicación pagan lo mismo… o menos. Es inadmisible. La gente se pasa un montón de tiempo estudiando -y hay que trabajar a la vez, esta claro- y después cuesta mucho colocarte en algún sitio relacionado con tu teórica profesión.

    Esto por un lado. Y por el otro, las empresas no están perdiendo el tiempo en vaciar sus plantillas, gracias a la reforma laboral. El otro dí­a, en el programa en el que trabajo una mujer explicó que su imprenta habí­a echado a 13 personas -ella era una- por supuesto absentismo laboral. Representa que ahora si en dos meses faltas un 20% de horas o un 25% en cuatro meses alternos, aunque estén justificadas las bajas, pueden ponerte de patitas en la calle… independientementee de que a lo largo de tu vida no hayas faltado más. Un abuso.

    En Catalunya, como tú dices, el ambiente empieza a estar muy caldeado. La Generalitat assegura que, sin Pacto Fiscal, no hay salida posible. Y los polí­ticos, con sus sueldos y dietas, van por otro camino muy diferente al nuestro. Ya lo veremos, TABERNERO, pero como decí­an los mí­ticos Golpes Bajos, “malos tiempos para la lí­rica”.

    Un abrazote y mucha suerte en esta profesión nuesttra, que si nos dejan, es magní­fica.

  6. Muchas gracias por compartir tu reflexión, Jordi. De hecho, y sin menospreciar al resto, la tuya era una de las que más ganas tení­a de leer, pues te dedicas a la que quiero que sea también mi profesión.
    Un abrazo, y gracias.

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