Reflexiones otoñales

Quedan cerca las elecciones. Sí­, en serio. El 20 de noviembre está a la vuelta de la esquina y la carrera hacia la Moncloa ya ha comenzado. Ahora es cuando comienzan los desencuentros, las crí­ticas burlonas de unos a otros y, por supuesto, las descalificaciones.  Ahora es cuando podremos ver el bochornoso espectáculo en que se ha convertido la polí­tica en nuestro paí­s.Los polí­ticos de los grandes partidos sacarán sus cuchillos para demostrar que ellos son los reyes de la jungla.

Se ha implantado en España la idea de que no se pueden poner de acuerdo las grandes marcas polí­ticas. Que sus ideas no pueden converger en un solo producto. Y es cierto que en las cosas importantes no lo hacen. A no ser, claro, que sus intereses como particulares se pongan ‘en entredicho’.

Un buen ejemplo de que solo cuando quieren se ponen de acuerdo es la reciente reforma de la Constitución. Para quien aún esté un poco desubicado, podemos decir que lo que han hecho ha sido poner un techo de gasto máximo para las instituciones. De este modo, dicen, se evitará que, en el futuro, los Ayuntamientos, Diputaciones, etc., no estén tan endeudadas como ahora. Si aún no te lo he dejado claro, que puede ser, échale un vistazo a este artí­culo publicado en El Paí­s el 26 de agosto de este año.

La modificación del artí­culo 135 de la Carta Magna fue aprobado la medianoche del 25 al 26 de agosto. Es decir, cuando todo el mundo estaba de vacaciones. Sin embargo, ahí­ está la reforma, sancionada por el Jefe del Estado en una ceremonia que duró cinco minutos.

Claro, habrá quien me diga que es necesaria esta reforma. No diré lo contrario. Sin embargo, una de las cosas que siempre me han enseñado mis padres es que nunca debes gastar más de lo que puedes pagar. Es decir, nunca hay que dejar deudas. De hecho, si lo pensáis bien, hay que tener en cuenta que con esas deudas que dejan las instituciones, hay empresas que cerrarán por falta de liquidez causada por el impago. Pero ese, claro, es otro tema.

Ahora habrá quien me diga que eso es un caso de fuerza mayor. Vale, lo acepto si queréis (aunque no lo comparto. Creo que es un parche rápido que han puesto debido a la mala gestión de las arcas de muchos de sus militantes). Sin embargo, esto llega en un momento en el que hay polí­ticos a los que se paga un sueldo sin estar en activo. ¿Por qué se sigue pagando a González y a Aznar si ellos ya cobran millones por sus respectivos puestos como consejeros? Es una pregunta que dejo aquí­. Pero, por favor, sigamos con la exposición.

A la derecha podrán ustedes ver el intento de controlar los informativos de RTVE.

En la radiotelevisión de todos existe un órgano de control polí­tico en el que están representados los partidos polí­ticos con mayor presencia en el Congreso, además de los sindicatos.  Pues que casualidad que, con una propuesta del Partido Popular mediante, los miembros del Consejo pertenecientes al PSOE y a CiU, además de los populares, votan a favor de controlar el sistema con el que trabaja en las redacciones de la Corporación. Como vemos, de nuevo se ponen de acuerdo para sus intereses. Me podréis decir que fue una maniobra exclusiva de los miembros del Consejo. De acuerdo, os compro esa idea. Y sí­ que es cierto que los grandes partidos han limitado el poder de este órgano. Pero no deja de ser un acuerdo en el que los grandes se ponen de acuerdo.

Son datos que dejo aquí­. Personalmente, y ahora doy mi opinión, me parece que el sistema establecido actualmente puede funcionar. Sin embargo, creo que no lo hace por sus miembros. Es decir, cada dí­a salen publicados en los medios que un alcalde, me da igual de que partido sea, ha metido dinero en la caja de los contribuyentes. Que una Universidad pública contrate a un nuevo ‘directivo’ mientras recorta en profesores (esto, además, se extrapola al problema de falta de profesores en la Educación Primaria y Secundaria). Que los médicos deben bajarse los sueldos mientras que los polí­ticos se lo suben. Lo de la polí­tica actual no es un problema de imagen, no. Es un problema de honradez y honestidad. Porque una cosa que parecen olvidar los candidatos a las ‘Generales’ es que no sólo lo que ocurre en el Gobierno central es importante, no. Lo es todo aquello que toca la polí­tica.

Me preguntaban el otro dí­a si a mí­ me gusta la polí­tica. La respuesta es evidente, si. Me encanta hablar de ella. Sin embargo, creo que los que la han desprestigiado son los propios polí­ticos, que se sirven de ella para sus propios beneficios.

Lo dicho, comienza el espectáculo y todos tenemos entradas en primera fila.

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