No, gracias

Me gusta Cyrano de Bergerac. Recuerdo que la primera vez que vi una de sus adaptaciones al cine tendrí­a como quince años. Era la versión de José Ferrer. Serí­an las dos de la madrugada, pero ahí­ estaba yo, pegado al televisor.

Un par de años mas tarde pude ver la versión de Gerard Depardieu. Me pareció maravillosa. Posiblemente ayudase, no lo dudo, la magní­fica labor de Camilo Garcí­a (actor de doblaje). Tengo ambas versiones en DVD, compradas hace años también en Fnac.

Cyrano tiene, además de una magní­fica nariz, muchas cosas que consiguen que me identifique con el personaje. Estar en la sombra y ayudar a otros a conseguir los objetivos que yo también quiero conseguir. Podemos decir que, efectivamente, ambos somos idiotas. Para comprender esta frase, serí­a conveniente que vieseis alguna de las dos versiones cinematográficas o que, si os vieseis con fuerzas, leyeseis el libro.

El caso es que volviendo a ver alguno de mis pasajes favoritos de la adaptación de Depardieu, encontré el magní­fico monólogo titulado “No, gracias”. Nunca lo habí­a visto y escuchado como lo hice anoche. Me di cuenta de que lo que Cyrano dice encaja con mi forma de ver la vida. Muchos hacen lo que el se niega a hacer, podéis verlo a vuestro alrededor todos los dí­as.

Vedlo u oí­dlo si así­ lo preferí­s. También incluyo la transcripción de la adaptación que se hizo para el doblaje, pues es realmente acertada.

En fin, sea esta mi forma de volver por estos fueros.

Y recordad que al finalizar, os hiero.

[mp3]http://eltabernero.es/wp-content/uploads/2011/04/No-gracias.mp3[/mp3]

Y qué quieres que haga?
¿Buscarme un protector? ¿Un amo tal vez?
Y como hiedra oscura que sube la pared,
medrando sibilina y con adulación.
¿Cambiar de camisa para obtener posición?
¡No, gracias!
¿Dedicar, si viene al caso, versos a los banqueros?
¿Convertirme en payaso?
¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro
por temor a que me lance un gesto siniestro?
¡No, gracias!

¿Desayunar cada dí­a un sapo?
¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo
que me llegue a las rodillas
con dolencias pestilentes
de tanto hacer reverencias?
¡No, gracias!

¿Adular el talento de los camelos?
¿Vivir atemorizado por infames libelos
y repetir sin tregua: «Señores,
soy un loro, quiero ver mi nombre
escrito en letras de oro!»?
¡No, gracias!

¿Sentir terror a los anatemas?
¿Preferir las calumnias a los poemas?
¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias?
¡No, gracias!
¡No, gracias!
¡No, gracias!…

Pero cantar… Soñar… Reí­r… Vivir… Estar solo…
Ser libre, tener el ojo avizor,
la voz que vibre, ponerme
por sombrero el universo,
por un sí­ o por un no.
Batirme, o hacer un verso…
Despreciar con valor la gloria y la fortuna,
viajar con la imaginación ¡a la luna!.

Sólo al que vale reconocer los méritos,
no pagar jamás por favores pretéritos,
Renunciar para siempre a cadenas y protocolos.
Posiblemente no volar muy alto
Pero solo…



4 pensamientos sobre “No, gracias”

  1. Yo al leer el tí­tulo vení­a a hacer un comentario banal: estoy ultramegaenamorada de la casa del autor. Es mi prototipo de casa perfecta (salvando las distancias del tiempo).

    Ahora, me ha encantado el monólogo. No sé si es una forma de vida correcta o incorrecta, mejor o peor, o si lo he entendido bien (no he leí­do el libro, aunque curiosidad tengo) pero yo me apunto a ser idiota si ser idiota es esto =)

  2. Depardieu es un grande, maese Tabernero otro, y Cyrano, un GRANDE con mayúsculas.
    Gracias por sugerir semejante lectura el dí­a del libro 😉

  3. “No escribir nunca, jamás,
    nada que de ti no salga,
    y, modesto en lo que valga,
    pensar que otro vale más;
    ¡y contentarte, por fin,
    con flores, y hasta con hojas,
    como en tu jardí­n las cojas
    y no en ajeno jardí­n!…”

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