The End

Hay cosas que hay que dejar que reposen un poco para disfrutarlas un poco mejor; para apreciar los sabores y matices que presentan; para paladearlas y decir con cierto peso y aplomo “me gustó”.

Eso es lo que me ha pasado con el último capí­tulo de Lost. Comentándolo con un amigo, al principio me pareció un buen final. Uno plagado de sentimientos, por cierto. Si, me emocioné como la mayorí­a en los momentos en los que habí­a que hacerlo y me tensé también cuando mandaban los designios de Cuse y Lindelof. Sin embargo, habí­a una serie de cosas que no me cuadraban y no me dejaban recapacitar sobre el final de una serie que, tras seis años magní­ficos, se me terminaba con una sensación agridulce.

¿Qué ocurre con los perdidos al final? ¿qué hostias es la lí­nea X? ¿por qué dice Desmond lo que dice al salir de la cueva? Muchas las preguntas, pocas mis respuestas en ese momento.

Sin embargo, y como suele ocurrir, en cuanto pones en común tus ideas las cosas se aclara un poco. Ya entiendo qué era la dichosa lí­nea alternativa en la que todos los personajes tienen, no la vida que querrí­an haber tenido, sino una vida que les permite redimirse por lo que han hecho en el pasado de alguna manera. Y digo que no es la vida que hubiesen querido tener porque está claro que hay personajes que no hubiesen querido estar en la cárcel o tener que matar para proteger a su familia. Sin embargo, todo encaja.

El final es, posiblemente, más mí­stico de lo que muchos esperaban. Personalmente, y lo digo muy en serio, no esperaba ningún final. Y no lo hací­a porque ya he tenido la experiencia de esperar finales apoteósicos y encontrarme con un final que, pese a no se malo, no era lo que esperaba (véase el caso de Battlestar Galactica). Con Lost no esperaba que me explicasen que era Dharma y que pretendí­an con la Isla. No esperaba saber que leches era la cuenta atrás ni nada por el estilo. La serie ha dado las respuestas que eran necesarias, esto es, quienes eran Jacob y el humo negro, cómo llegaron allí­, etc.

Otras respuestas que se han ido dando a lo largo de seis temporadas hacen que uno se forme su propio mapa conceptual colocando a cada personaje una serie de caracterí­sticas y definiéndolo tan bien como cabrí­a pensar. El ejemplo más claro es el de Benjamin Linus (interpretado por Michael Emerson de manera más que magistral), quien es (desde mi punto de vista) uno de los cinco mejores personajes de ficción de la historia de la televisión.

Todos pensábamos al principio que Linus era un bastardo que sólo pensaba en él y que no tení­a sentimientos. Con el paso del tiempo vemos que siente celos y, finalmente, que sufre como nunca con la muerte de su “hija”. Vemos a un Linus que cambia. Posteriormente, a lo largo de la temporada 6 lo vemos mostrarse, tal vez, más humano para, finalmente (y pese al retorno a los orí­genes que sufre con Widmore) convertirse en número dos del guarduán de la Isla. En un asesor que, en palabras de su jefe, “fue un gran número 2”.

Por otro lado tenemos a otro gran personaje que es decisivo desde que aparece en la serie: Desmond (en la piel de un enorme Henry Ian Cusick). Un personaje imprescindible, sin más. Posiblemente sea el personaje que más nos ha hecho poner nuestros sentimientos frente a la pantalla. Enorme, como digo.

Si, de acuerdo en que todos sabí­amos que Jack iba a tener un papel importante en la historia pese a ser un personaje que, en muchas ocasiones, ha sido soso. Sin embargo no podrí­a haber sido otro. Pensad en la última escena. ¿Podrí­a (y encajarí­a) Sawyer en ella? ¿Alpert? ¿Miles? La respuesta es bien sencilla: no. Y eso es lo que hace que en el último capí­tulo Jack no parezca el personaje soso de otras temporadas.

En cuanto a mi valoración, como véis la he recapacitado. Soy de los que piensa que ha sido un gran final. Y lo creo porque, como ya he dicho, no esperaba nada. Si bien es cierto que la última escena me ha parecido rara, en tanto que aparecí­a el “Pastor Christian” y le habrí­a las puertas a la tranquilidad, el combo de capí­tulos me ha parecido un final digno para la serie.

Si, ha sido, muy posiblemente, la mejor serie que he visto hasta el momento. Ha durado lo que tení­a que durar y no la han hecho agonizar en ningún momento. Nos han dado capí­tulos realmente impresionantes (¿alguien ha dicho “The constant”?) y nos han regalado horas y horas de buen hacer.

Lost, amigos, ya es historia.

2 pensamientos sobre “The End”

  1. Historia con mayúsculas. Estoy muy en la lí­nea de tu reflexión sobre la serie. Y es que ni el peor final de la historia podrí­a haber empañado una serie que nos ha dejado tantos momentos enormes como Lost.

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