Debates

Esta mañana, mientras vení­a a trabajar, he estado escuchando el debate de “En dí­as como hoy” de RNE. Personalmente creo que el programa, dirigido y presentado por Juan Ramón Lucas, es una más que recomendable alternativa a “Protagonistas” de Luis del Olmo (Punto Radio) y a “Hoy por hoy” con Carles Francino (Cadena SER) debido al tono francamente distendido, al lenguaje cercano y a las secciones que tiene, pese a no ser ninguna de ellas nada novedosas en radio.

Como decí­a, vení­a escuchando el debate cuando he escuchado una voz conocida. La voz era la de Enric Sopena. Por lo que veo en la página dedicada a él en Wikipedia, tiene en su historial el haber sido director de varios medios de comunicación. Sin embargo, la mayorí­a lo conocemos por su papel de tertuliano.

Sinceramente, no recuerdo el nombre del resto de contertulios senyados en ese debate en la mesa de RNE. Lo que si que recuerdo es que ellos han respetado en todo momento el turno de palabra manteniendo un orden que hací­a agradable al oyente el seguimiento de la conversación. Todos en orden menos el Sr. Enric Sopena, quien no hací­a más que interrumpir al resto y tratar de imponer sus datos (que no dudo que sean correctos, cuidado) sobre los de los demás. Y no sólo eso, sino que invalidaba la opinión de los que, en ese momento, eran sus compañeros por el mero hecho de diferir de la suya.

He puesto el ejemplo de Enric Sopena, pero no es el único que hace este tipo de cosas. De un tiempo a esta parte, la mayorí­a de los programas de actualidad que encontramos en radio y televisión cuentan con una mesa de debate. Tanto es así­ que, en muchas ocasiones son los mismos tertulianos los que acuden a estos programas. De hecho, muchos de ellos son reconocidos por esa labor (el propio Enric Sopena o Maria Antonia Iglesias son dos ejemplos claros de lo que digo). Pero ¿qué pasa cuando ocurre lo que acabo de citar, es decir, que las mismas caras que ves en un programa repitan al dí­a siguiente?

Inicialmente no deberí­a de suceder nada. Sin embargo, cuando ves que un periodista (que en su mayorí­a lo son) aparecen en 59”, un programa de debate serio, y a los pocos dí­as repite en “La noria”, un… programa, el prestigio de sus opiniones puede caer en picado.

Otra de las cosas que viene sucediendo en el 90 por ciento de los debates es que no se habla. Si, tal cual. Lo que hacen los periodistas entre ellos es vociferar sus opiniones frente a la de los demás, intentando con esto imponer su opinión con la técnica de “si yo grito más, tengo más razón”.

Los debates, sobre todo televisivos, está a punto de cruzar la lí­nea del espectáculo. La gente ya no ve estos programas para intentar dar un poco de luz sobre los temas de actualidad aprovechando que los periodistas, como personas con cierta información privilegiada, ponen en común sus datos. Lo que se hace ahora es buscar a un periodista de tendencia polí­tica remarcada (igual da que sean de derechas que de izquierdas, que de todo hay en este mundo) y soltarlo en la arena frente a otro con ideas diametralmente opuestas. A esto hay que sumar el ego de muchos periodistas, que consiste en que mis fuentes y mis datos son siempre mejor que los tuyos, además de que ponen sobre la mesa la mitad de su currí­culum para dejar patente que cuando uno era becario, el otro habí­a dirigido X medios.

Los debates actuales son, por tanto, un espectáculo de circo en el que el espectador no espera ser informado. Lo que espera es la carnicerí­a que llevarán a cabo los mal-llamados periodistas serios.

Finalizo con la siguiente reflexión: creo, sinceramente, que lo mismo que ocurre en las mesas de debate del corazón ha llegado a las mesas de debate sobre polí­tica o actualidad, haciendo que sean formatos inútiles para los espectadores.

Un pensamiento sobre “Debates”

  1. Pues sí­, Dani, son los hooligans del debate. Pero bueno, cosas que pasan. Después, sobre todo Marí­a Antonia Iglesias, es más tranquila y razonable y el Sr.Sopena es un demagogo.

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