Escandalizando ando…

A estas alturas ya nos conocemos todos. Sabéis que me encantan los chistes malos y, sobre todo, los chistes del tipo “caca, culo, pedo, pis”. De hecho, y para dar veracidad a este post, hace ya unas semanas hací­a gala de esta particularidad mí­a con Juananpol mediane una serie de frases en twitter del tipo “¿Sabes quién se ha dejado bigote?“, “has ganado el concurso” y “te invito al homenaje“. Si no sabes las respuestas a esas frases,  pregunta en los comentarios y te responderé gustoso.

Mi humor es, por tanto, peculiar en ese sentido. Y si hay una palabra que suelo usar en mis chistes es pene. Cuando me lo dejan a huevo suelo hacer chistes de penes porque, siendo sincero, hay muchos y muy divertidos (me refiero a los chistes, aunque penes también, claro). Además, prefiero utilizar la palabra pene a otras por tener un sonido menos violento que otros sinónimos fálicos.

Para más información, diré que este año hemos hecho unas pegatinas en Aranda para unos cuantos de la cuadrilla haciendo referencia los genitales humanos y un servidor escogió, como no podí­a ser de otra manera, las pegatinas de pene, pegando estas, por supuesto, a cada una de las muchachas que pedí­an que les pusiese un pene en Fiestas (por supuesto, hablo de las pegatinas, no se me altere la audiencia).

Tras toda esta información sobre mi persona que, seguramente, ya sabí­ais, os contaré el motivo del tí­tulo de esta entrada.

Ayer en la Universidad, un chico de cuyo nombre no me acuerdo (y lo intento) se autopresentó ante un grupo de gente (en el que yo me encontraba) de clase. Por supuesto, el muchacho estaba seleccionando gente para formar un grupo de trabajo, tal y como se pudo comprobar minutos más tarde.

El caso es que, tras unos minutos de convivencia, debió observar como hací­a una serie de chistes fálicos con mis compañeras C. y N. que, por supuesto, saben que aprovecho la mí­nima oportunidad para hacer este tipo de chanzas y, en ocasiones, me ponen facilidades para llevarlas a cabo. El muchacho, de unos 20 años, le pregunto a uno de mis compañeros si siempre estaba hablando de penes. Este, ni corto ni perezoso, le contestó que si aún sabiendo que eso no es cierto, pues, como como comprenderéis, hablo de muchos temas y no sólo de falos. Sin embargo, mi compañero le contestó eso y, para sorpresa de todos, el chaval se escandalizó tanto que no volvió a dirigirme la palabra en toda la tarde por si acaso le hací­a a él un chiste de género (masculino, claro)

Lo que realmente me llamó la antención fue que un chico de 20 años con apariencia de tipo “guay” que va luciendo sus tatuajes como diciendo al mundo “mí­rame” se escandalice con alguien que hace chistes propios de infantes.

En fin, nunca habí­a escandalizado a nadie por mi forma de ser y, seguramente, no volverá a ocurrir porque, aunque no lo creáis, soy demasiado tranquilo como para alterar a las personas en este aspecto. Igual es que este chico es demasiado susceptible, “vaya usted a saber”.

4 pensamientos sobre “Escandalizando ando…”

  1. Me parece imposible a estas alturas que alguien se escandalice con chistes de penes, incluso un niño de diez años, no digamos alguien de veinte. Me da que más bien es una pose de cara a la galerí­a, no sé, como una indignación forzada por váyase usted a saber qué motivos.

    A veces debajo de una espesa capa de tatuajes puede haber alguien muy rancio.

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