Acompañamiento musical

Siempre he pensado que el Ser humano no podrí­a ser como es si no existiese la música. No me refiero a la música clásica en exclusiva, sino a todos los géneros musicales. Este pensamiento viene motivado porque, desde  que tengo uso de razón, he asociado canciones concretas a distintas etapas de mi vida.

Con el tiempo (y esto lo digo con 22 años) hay canciones que vuelves a visitar con nostalgia y, sin querer, el subconsciente evoca situaciones que nos marcaron de uno u otro modo. Hoy, quiero compartir con vosotros una serie de canciones que me han marcado en algunos momentos de mi vida. Si aún estáis interesados, podéis seguir tras el salto. Si no, os comunico que mañana por la mañana comentaré un poco “Malditos Bastardos” del gran Tarantino, así­ que no habéis perdido mucho tiempo por aquí­.

Bueno, ahora que estamos tu y yo, te diré que será un post un tanto raro, ya que mi “banda sonora” es un poco extraña. Comenzaré por el principio.
Desde que tengo uso de razón, siempre he pensado que una de las etapas de mi vida que más me ha gustado ha sido mi infancia. Si, porque pese a haber crecido en los años 90, la reminiscencia televisiva de la decada anterior hizo que las series que veí­a por entonces fuesen de un nivel superior a las que se emiten en la actualidad en tanto que no me trataban como un estúpido. Sirba como ejemplo ilustrativo la siguiente canción:

Esta canción me hací­a pensar que la gente era “buena” y que mis amigos estarí­an siempre ahí­, conmigo, siempre que los necesitase. El tiempo hace ver que eso es cierto y que los verdaderos amigos están para lo bueno y para lo malo. Por supuesto, entonces no nos trataban como idiotas y nos enseñaban que las historias “con miga” eran divertidas. Tambien es cierto que una serie como “Hanna Montanano tení­a hueco en la parrilla.

Claro, uno crece. Cuando llegué al colegio, recuerdo que descubrí­ algo que, hasta el momento, sólo conocí­a por los domingos en los que me quedaba en casa y mis padres poní­an sus discos para hacer las cosas de la casa. La música clásica me encantaba (y aún lo hace). La ternura de algunas piezas; la violencia que mostraban otras, etc. me hací­an imaginar un montón de historias. Pero “El Barbero de Sevilla” me marcó un poco más. Fué en quinto de primaria cuando, tras hacer un trabajo sobre la vida de Rossini cuando descubrí­ esta pieza:

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Realmente merece la pena

El instituto fue otro cantar. Conocí­ a gente que, aún hoy, me enorgullezco de poder llamar amigos. Uno de ellos es el Sr. Tolo. David, al que ya conocéis por aquí­, me grabó toda la discografí­a de Iron Maiden en “Verbatines” con carátula. Ahora nos parece una chorrada eso de grabar CDs y tal,  pero entonces fue un regalazo. Una de las canciones que más me gustaban (y me gustan) de Iron Maiden es, sin duda, “El vuelo de Icaro“:

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Claro, llegó el amor. Aunque he dicho muchas veces que lo que siento por aquella persona es mucha ira, por aquel entonces era todo lo contrario. Por supuesto, hoy no me reconozco cuando miro atrás y veo a aquel muchacho. Ya no sólo por el pelo y porque entonces estaba en forma, que también. No me reconozco por el carácter. Si, era feliz, y mucho. Sin embargo, aún no era el que soy ahora. Sin duda, un desengaño como aquel fue decisivo en mi forma de ver las cosas.

Pasé de esto…

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A la orilla de la chimenea – Joaquí­n Sabina

A esto otro…

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Instrucciones para salvar el odio eternamente – Ismael Serrano

Terminando esa etapa con esto:

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Canción de amor propio – Ismael Serrano

Fue como pasar de sólido a lí­quido (y de lí­quido a gas). La verdad es que no recuerdo haberlo pasado tan mal como en aquella época. El primer amor es el que más duele, o eso dicen.

Sin embargo, los amigos hacen que todo se vaya superando de una u otra manera. En Aranda conocí­ (y redescubrí­) a gente maravillosa. Gente a la que hoy llamo amigos. La verdad es que muchos de ellos encajan con la música que publicaba en las “Canciones de Bodega“. Con todos he cantado alguna vez una de aquellas canciones.

Por supuesto, no puedo olvidarme del que posiblemente sea mi mejor amigo. í‰l no lee este blog. De hecho, fue de los primeros en entrar a esta casa cuando estaba en Blogger y, desde entonces, no ha vuelto a poner un pie en ella. También de Marí­a. Ella si que sabe lo que me ha aportado en estos años. Pocas personas son como ella. A los dos, de gustos musicales totalmente diferentes, les une esta canción. Siempre lo he pensado y nunca se la he puesto. Quizás ahora se enteren, vaya usted a saber:

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Dejad que las niñas se acerquen a mí­ – Mojinos Escozios

Y aunque en los últimos tiempos esta canción ha cobrado un sentido especial…

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Summercat – Billie the vision & the dancers

no creo que sea la que me defina. De hecho, creo sinceramente que no sabré cual es la canción que es mi actual banda sonora hasta que no hayan pasado unos años. El poder hacer una mirada retrospectiva es lo que tiene.Sin embargo, supongo que se acercará sospechosamente a esta:

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Spanish Flea -Herb Alpert & the Tijuana Brass

Todas estas canciones me llevan a los momentos que he relatado de forma automática. Es cierto que no están todas las que me hacen sentir algo en concreto, ni todas las que me transportan a algún lugar determinado. Por supuesto que no están todas las que pulsan alguna terminación nerviosa en mi cuerpo que me hacen llevar a cabo cualquier actividad o reacción. Sin embargo, si que son especiales.

Y bueno, creo que por hoy ya es suficiente. Creo que ha sido un buen ejercicio de auto-conocimiento. Espero no haber causado una huí­da masiva de lectores. Sin embargo, a ti que te has quedado, quiero agradecerte que hayas aguantado hasta aquí­.

2 pensamientos sobre “Acompañamiento musical”

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