íngel Guinda

La práctica totalidad de vosotros no tendréis conocimiento de que esta persona existe, pero ahí­ está. íngel Guinda fue, es y será el mejor o, por lo menos, al que recuerdo de un modo más especial, de mis profesores de Lengua.

í‰l es, ante todo, un poeta. Un gran poeta, me atrevo a añadir. Y lo digo además con admiración hacia el.

Es de ese tipo de profesores que cuando estabas en clase pensabas que no se daba cuenta de las cosas pero que, con el paso de los años, descubres que el que no se enteraba de nada eras tú. Que era el quien te engañaba con sus tics nerviosos o sus llamadas de atención. Que tú eras mas listo porque no te veí­a que no hací­as los deberes pero que él lo sabí­a perfectamente. Es alguien especial.

Aún guardo con muchí­simo cariño una postal que me dió hará, lo menos, 9 años. En ella pone “para Daniel, mi periodista favorito. Con Cariño” y su firma. í‰l ya sabí­a que tirarí­a por ese camino y, lo que es mejor, nunca me puso pegas. Recuerdo que algunas veces tení­a que salir de clase para ir a hablar con la coordinadora del periódico del Instituto y, ya de paso, me pasaba un cuarto de hora moneando por ahí­. Nunca supe si él lo sabí­a, pero intuyo que sí­.

Hoy está jubilado. No sé si por cansancio o por edad, pero lo está. Y cada año hay 60 chavales que dejan de conocer al gran íngel.

Soy consciente que no es un gran post. Nunca he pretendido que lo fuese. Es, sencillamente, una muestra de cariño y aprecio por quien puso su particular granito de arena para que, en parte, yo sea como soy. Sé que no soy el único que opina esto.

NO

Soy un claro interior, el porvenir
de una puerta que siempre está atrancada.
La trampa de vivir y ver morir.

Contra la destrucción de la conciencia
bramo, reviento, clavo en Dios los codos.
Soy un zarpazo roto de paciencia.

Una luz que, arañando los escombros,
borra la niebla y sigue hacia adelante.
Un hombre con la sombra hasta los hombros.

Como hambre y bebo sed con todos
los condenados a escarbar la nada.
Esto no es un poema, es un desplante.

Profundamente grito un no rotundo.
Yo no quiero vivir en este mundo

CAJAS

Lo dirí­a una indí­gena y tendrí­a razón.
“Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les dejan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Y cuando mueren
les introducen también en una caja.
Los Bancos y las Cajas tienen caja,
los establecimientos tienen y hacen caja.”
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos
.

Y para ver quién y cómo es íngel Guinda, os dejo un video de la mano de mi buen amigo David:

Desde aquí­, un abrazo.

5 pensamientos sobre “íngel Guinda”

  1. Creo que a todos los que hemos sido alumnos suyos nos ha marcado, y somos como somos en parte gracias a él.

    Y para los que tenemos la grandí­sima suerte de seguir viéndole a menudo el aprendizaje continúa, cada dí­a es una nueva sorpresa.

    Su forma de ser, su sentido del humor, esa juventud y vitalidad que transmite a sus 60 añazos (con decirte que esta noche se ha venido al concierto de Siniestro Total, y ahí­ en primera fila bailando más que yo…) y, sobre todo, su generosidad, siempre está ofreciendo y dando, sin pensar en recibir.

    Aunque suene tópico en su caso es cierto, es de esas personas que hacen que la vida merezca la pena, sin él nuestro mundo serí­a un sitio mucho más triste.

    Y la frase “cada año hay 60 chavales que dejan de conocer al gran íngel” es tan conmovedora que ya hace de éste un gran post.

    Un abrazo muy fuerte taberneiro 😉

  2. Querido Daniel: Me has conmocionado. Cualquier dí­a, gracias a mis sexalumnos, me muero de una hemorragia de satisfacción. Besazos. Angel, la Guinda de tu corazón.

  3. Yo tuve un profesor de historia en el instituto que era un auténtico genio, un personaje con una forma de ser muy peculiar, con lo que la gente se lo tomaba bastante a coña, en lí­nea con la estupidez propia de esas edades. Yo reconocí­a su genialidad, pero ya se sabe, dices lo que el resto por no desentonar.

    Ojalá pudiera volver a esos años y vivir de nuevo sus clases, pasando ahora del gilipollismo adolescente que me embargaba.

    Buen post, Tabernero. Emotivo.

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