Y el odio se apoderó de mí­…

… Y fue entonces cuando, en un ataque de cólera, grité a los cuatro vientos:

– Me cago en San Dios y en su Puta Madre

Pese a ir con la música dada y las ventanillas del coche subidas, dos señoras mayores se acongojan (o acojonan, decide tú) y me miran con terror. A continuación, me agacho y veo el dolorosí­simo golpe que ha sufrido la puerta del copiloto.

– Pardiez

Exclamo mientras miro a mi alrededor con los ojos inyectados en sangre y bañados en litros de odio. Alguien me a golpeado en mi preciado vehí­culo. Y no en el lado viejo, no, en el lado recien pintado.

Para más descojone de personal, he tenido otra odisea para aparcar, desistiendo a la hora y pico y marchándome al lugar donde Cristo se dejo los calcetines de lana gorda para poder aparcar. Mañana repetiré incesantemente la operación de buscar sitio cerca de mi casa.

Antes de que nadie me diga que por qué no fui en Metro, diré que mi coche, ese magní­fico Daewoo, llevaba parado en el mismo sitio casi una semana, con lo que tení­a la obligación de moverlo para que no se me atontase su motor con 200000 y pico kilómetro.

En fin, que como dijo Woody Allen:

Odio la realidad, pero es en el único sitio donde se puede comer un buen filete.

7 pensamientos sobre “Y el odio se apoderó de mí­…”

  1. Si no lo mueves mucho deberí­as pensar en lo de la plaza de aparcamiento seriamente … Cualquier dí­a te encuentras una de esas pegatinas verdes de aviso por abandono.

  2. Benton: HE pensado mil veces lo del carmageddon, jejeje.
    Lucí­a: Mujer, de vez en cuando le doy un lavado y lo muevo cada tres dí­as a eso de las 5:50 o las 6:00 de la mañana, que es cuando voy a trabajar. PEro según mi padre si, cualquier dí­a ocurre eso.

    Y lo de la plaza… diré que mi sueldo de repartidor de periódicos no da para tantos caprichos 🙂

  3. Oh Dios, otro delincuente al que la DGT deja conducir. Sois tantos… En fin, espero que haya sido poco el bollo que tenga. A ver si vienes a tu anterior universidad con tu flamante coche a recogernos. Serás el padre que recoge a sus hijos cuando salen del colegio.

    Cuidate, petardo

    Un saludo

    Antonio

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