Ninfa

Regreso a casa en el Metro. Un grupo de amigos van con una bolsa de bebidas, otros ya están borrachos y entre todo ese alcohol esta ella. Es una ninfa, lo se. Cuando llega el Metro y los dos nos metemos dentro ella se pone cerca de mi. Aún no se si me busca o busca un sitio lejos de los borrachos. Me ha mirado y me ha sonreido, o quizas no lo ha hecho. De repente me siento bien, renovado, y solo porque ella me ha mirado. Dicen que las ninfas siempre están en sitios maravillosos y, aunque este no lo era, por un momento se me ha olvidado todo. Solo la veia a ella. De pronto todo se apaga. LLegamos a su parada, ella pasa por mi lado y la sonrí­o. Ella me ha devuelto la sonrisa. Mierda, se que desvarí­o. Pero no importa, mientras pienso en ello la ninfa escapa del vagón. De repente vuelvo a la realidad. Un borracho vomita y sus amigos le aplauden. LLego a mi parada y al salir la realidad me da una bofetada: “Perdone, ¿El “Búho” para Madrid se coge aquí­?”. Definitivamente esto es la puta realidad.

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