Cosas que no comprendo

Desde hace unos meses he vuelto a trabajar en la radio. Allí, como el noventa por ciento de los compañeros de informativos, intento ser lo más escrupuloso posible con la información. Mi obligación no es posicionarme, sino contar que es lo que ha ocurrido de manera veraz. Y creo que lo consigo la mayor parte de las veces. Y cuando no lo consigo, afortunadamente tengo compañeros que me avisan y me explican por qué con tal o cual tema no puedo usar expresiones que denoten mi posicionamiento ideológico. A veces, es cierto, se me va el tono a la hora de leer y dejo ver con qué estoy de acuerdo y con qué no. El oyente, claro, no tiene culpa de ello y lo que merece es obtener la información sin mi pequeño barniz de opinión. Yo debo darle los datos, no las conclusiones.

El caso es que, con determinados temas,  damos algún avance informativo sin poseer el cien por cien de la información. Suelen ser temas políticos en su mayoría (de calado nacional o internacional). Cuando un hecho está ocurriendo en el momento en que estás en el aire, lo único que puedes hacer es dar un titular y, en el momento en que puedas ampliar la información, hacer una pieza completa. Eso sí, siempre confirmando que la información que vas a lanzar a las ondas es auténtica. Ese es mi trabajo y, creo, lo hago lo mejor que puedo.

¿A qué viene esto?

Como digo, hay cosas que no comprendo. Entre ellas, el uso que algunas personas hacen de esos datos. Cuando alguien coge sólo el titular y no escucha el resto de la información o, por ejemplo, no escucha cómo se realiza el seguimiento de esa noticia a lo largo de la jornada pero, eso sí, tildan a la gente de no dar según que informaciones. Quedarse sólo en el titular y no comprobar qué y cómo se cuentan las cosas me parece un error. Ya no por el trabajo de quien confeccione la información (eso, honestamente, me da lo mismo), sino por el hecho de que quedándote sólo con el titular no te informas. Es como si dices que no te gustan los yogures porque el diseño de su tapa no te gusta. No entraré a valorar ya cuando se trata de informaciones políticas, donde nunca acertarás para ninguno de los ‘bandos’.

Redes sociales

Me llama mucho la atención lo polarizada que está la ‘opinión pública’ en las redes sociales. Sobre todo en twitter. Entiendo la desconfianza del ciudadano para con los medios de comunicación y, como norma, la comparto. Pero sigo pensando en que los medios son necesarios.  Es cierto que, cada vez más, los medios españoles ‘clásicos’ están adoptando una determinada línea ideológica. Lo asumo sin problemas. Sin embargo, si el lector/ oyente/ espectador quiere información alineada a su pensamiento (y con alineada me refiero a dos corrientes: conservadora y progresista), tiene alternativas serias y solventes. Y actualmente hay una opción que hace años ni existía: la posibilidad de informarte inmediatamente con medios extranjeros y de reconocida solvencia (The Guardian, The New York TimesFrankfurter Allgemeine). Y en el caso de que el idioma (o el traductor) sea un impedimento, siempre quedan opciones como BBC Mundo o CNN en español. Sin embargo, en twitter eso no funciona así. Nos ‘informamos’ (y lo entrecomillo porque, bueno, no lo considero fuente de información) siguiendo a lo que, en otros tiempos, se conocía como líderes de opinión. Personas a las que siguen quince, treinta o cincuenta mil personas. Y ahí viene cuando el titular, el ‘tuit’, se impregna de opinión. Y la gente no busca (o no buscamos, porque estaría feo no reconocer que yo lo he hecho) la información. Criticamos al diario, a la cadena de radio o televisión por un tuit de alguien, pero no se busca la información, el podcast o el vídeo correspondiente. Nos quedamos sólo en ese flash que alguien nos ha dado y olvidamos que, detrás de eso, podemos llegar a la información, comprobar si es cierto lo que nos cuenta el ‘líder de opinión’ o no y, sobre todo, buscar una vía alternativa para encontrar la realidad de lo ocurrido.

Conclusión

El periodismo y el periodista está en crisis. Y no, no hablo de los medios, no. Hablo de las personas y la profesión. Y sí, es cierto que nosotros mismos (permitidme que me incluya) nos lo hemos ganado a pulso. Y gran parte de la culpa es nuestra. Sin embargo, en un momento en que tenemos todos los datos al alcance de la mano, creo que es cuando peor nos informamos. Y no, no digo que es cuando peor nos informan, no. Nuestra es la responsabilidad de escoger nuestras fuentes informativas y, sobre todo, ahora que podemos, de buscar alternativas con las que contrastar. Twitter no es un medio de información. Te da el flash, pero no el contexto. Y en los casos en los que, efectivamente, se contextualiza, un retuit hace que esa historia quede aislada sólo a 140 caracteres. No vengo a defender aquí a los periodistas (nunca lo he hecho, ya que, como digo arriba, la responsabilidad es nuestra), no. Vengo a decir que la información, como tal, consiste en contar lo que ocurre. En mostrar los datos y que sea el ‘cliente’ quien saque sus conclusiones. Nunca debemos dar las conclusiones mascadas y, como receptores, debemos huir de quien nos las dé.  Pensar, seleccionar, buscar más puntos de vista, contextualizar y comparar es nuestra obligación como ‘clientes’ de esos medios. Quedarnos sólo con 140 caracteres nos deja, sin lugar a dudas, peor informados que nunca. Y la pereza de no querer ampliar por nuestra cuenta esos 140 caracteres y dar por válido/manipulado un titular sin ver que viene después es sólo, única y exclusivamente culpa nuestra. A veces, tras un titular desafortunado encontramos buena información. Eso es lo que nos hace comprender que el titular no es bueno.

Hay medios que manipulan y medios que no lo hacen, sin duda. Pero somos nosotros quienes debemos seleccionar qué medio es cada cual (y no hablo de ideologías, no. Hablo de información) y no dejar que otros lo hagan por nosotros.

La información es un derecho. Nosotros somos quienes debemos ejercerlo buscando nuestras fuentes. Separando el grano de la paja. No otros. Si aceptamos que lo hagan otros, aceptamos que sean otros quienes decidan qué es lo que tenemos que pensar.

‘La Vie en Rose’

Nos acabábamos de conocer. Ni siquiera sabí­a su nombre pero sabí­a que esa noche serí­a mí­a. Cuando entró en aquel antro infesto de Barcelona, supe que  acabarí­a en mi cama y, bueno, sospecho que ella pensó lo mismo, porque nunca me habí­a resultado tan fácil llevarme a una mujer como aquella vez.

Rubia, de larga melena y ojos marrones. Una voz realmente interesante. No es que fuese una mujer despampanante, pero sabí­a cómo moverse y, por supuesto, supo cómo llegar hasta mí­. Yo estaba trabajando en aquel antro de manera temporal. Estaba de paso por la Ciudad Condal y necesitaba dinero antes de marcharme a mi siguiente destino. Un destino que, como siempre, aún no tení­a decidido.

Se acercó a la barra y pidió una cerveza. Sonrió y me susurró que si después de trabajar tení­a algo que hacer, que era la única noche que estarí­a en la ciudad y que querí­a pasar un buen rato. Evidentemente, contesté que no tení­a nada que hacer conmigo, que no era de polvos de una noche. Mentí­. Mentí­ como un bellaco. No sé por qué lo hice, pero lo hice. Menos mal que ella era del tipo de mujeres que siempre se salen con la suya. A las dos horas estábamos en un taxi devorándonos el uno al otro.

El taxista, un hombre al que habí­a invitado a whiskey en más de una ocasión, nos llevó a la calle Rector Urbach, 46. ‘La vie en rose’ se llamaba el lugar. No me cobró la carrera y sólo me hizo una recomendación: “Cuando te pregunten, la respuesta es ‘Mónaco’”. Se montó en el taxi y allí­ nos quedamos, a la puerta de lo que parecí­a un hotel.
Mi acompañante estaba realmente caliente. Tanto era así­ que antes de entrar ya me habí­a metido la mano en la bragueta en dos ocasiones. Como pude, entré en el edificio y en la recepción me trataron muy amablemente. Sólo me hicieron dos preguntas:

 

  • ¿Viene sólo? Tenemos las mejore acompañantes de Barcelona…
  • No, vengo acompañado, gracias.
  • ¿Desea alguna habitación?
  • ¡Mónaco!
  • El caballero tiene buen gusto.

Me dio una tarjeta y subimos por las negras y brillantes escaleras hasta la habitación.

El entorno era curioso. Todo estaba muy limpio, nos trataron con mucho respeto y eso que era evidente que lo único que querí­amos era un lugar donde follar.
Abrimos la puerta y ella se volvió loca. Cabí­a esperar una habitación sórdida como las que aparecen en esas pelí­culas donde la gente va a un motel de carretera, pero encontramos justo lo contrario. Empezó a decir que nunca habí­a estado en un hotel así­, con tanto lujo.

Recorrió toda la suite. Una suite que también llamó mi atención, pero no quise mostrar que estaba impresionado. Ella pensaba que ya habí­a estado allí­ otras veces y que tení­a dinero suficiente como para pasar allí­ la noche.

Se plantó delante de mí­ y allí­ empezó la que, hasta el momento, ha sido la mejor noche de mi vida. Nunca supe que fue de aquella rubia. Al despertar, volvimos a follar un par de veces. Luego, después de ducharnos, salimos de allí­, pagué la habitación y nos fuimos cada uno por nuestro lado.

Guardé la tarjeta de aquel lugar. Recuerdo que antes de abandonar Barcelona volví­ allí­  un par de veces. Limpio, elegante, discreto… Fue el picadero perfecto durante mi estancia en aquella ciudad. Y debo decir que nunca he encontrado nada parecido en este paí­s.

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Nos vemos, maja

Mira que irte así­, sin despedirte ni nada… Con quién discuto yo ahora ¿eh?

Estate tranquila, que seguiré siendo un payaso (aunque no me lo digas tú). Y, ya de paso, te aviso: no me esperes, maja, que tardaré en ir, así­ que no prepares cena.

Te voy a echar de menos. Ya, ya lo sé, soy bobo, pero eso ya me lo decí­as tú, ¿verdad?.
Adiós, abuela.

Viendo El Tabernero que perdí­a…

A estas alturas del partido, y aunque me cuesta incluso pronunciarlo, creo que soy periodista. O, mejor dicho, “licenciado en”, ya que así­ no falto a la verdad. Los periodistas (los de verdad) tienen fama de extrovertidos, de tener el don de la palabra y de manejar los datos con precisión. De estar preparados para encarar la actualidad de otra manera y, sobre todo, de saber reponerse para poder volver a trabajar al dí­a siguiente. De poder contar lo que ven y de ser cercanos y accesibles. Deben dar confianza y, por supuesto, desprender la susodicha.

A estas alturas del partido, como digo, deberí­a ser, más o menos, como describo arriba. Sin embargo, no lo soy.

No hace mucho, alguien me dijo que daba el perfil de un cómico clásico. Según esta persona, soy de los que siempre intenta que los demás se rí­an, que prácticamente siempre consigue una sonrisa si se lo propone, pero que cuando baja el telón se convierte justo en lo contrario. No dijo triste. La frase fue “excesivamente reflexivo e incluso solitario”. Me pareció una definición más cercana  y acertada que la del ‘periodista’.

También hago guiones. Guiones amateur, evidentemente, pero guiones (no me estoy vendiendo, en serio). En algunas ocasiones me he encargado de poner en boca de otros lo que debí­an decir. La forma en que tendrí­an que actuar cuando algo pasase. Situaciones en las que, aunque los personajes no estuviesen preparados, sabrí­an salir airosos. Siempre salen. No sé por qué, pero aunque la situación sea dramática, siempre consiguen salir adelante. Ese, claro, es mérito de los personajes, ya que cuando uno escribe suele dejar que cada uno de esos ‘seres’ se desarrolle a sí­ mismo. O, por lo menos, yo lo hago así­. Me gusta ver como después de teclear como un loco, casi sin saber lo que voy escribiendo,  la personalidad de esa ‘persona’ se ha definido. Tiene su propia forma de hablar, de pensar y de vivir. Es curioso.

Si fuese a un psicoterapeuta argentino, como esos en los que siempre pensamos cuando un colega nos dice que va al psicólogo, le dirí­a todo esto. Afortunadamente, tengo este sitio en internet, donde hablo de lo que me da la gana, como estoy haciendo ahora.

Ayer me di cuenta de que la definición de ‘cómico’, sin serlo, me define bastante bien. Y reflexionando me he dado cuenta de que cuando perfilo personajes, realmente me intento perfilar a mí­ mismo. Saber hablar en público no significa que sepas hablar cuando tienes que hacerlo. Para ello es necesario tener seguridad en uno mismo. Mi hermana me dijo esto mismo hace dos dí­as. Tengo que darle la razón. Para mí­, el público más difí­cil es una sola persona. Tener en frente a una persona, quien sea, y tener que contarle lo que pienso o lo que soy. Eso es difí­cil. Muy difí­cil. Asumir que no hay guión, que puede pasar cualquier cosa. Sobre todo cuando tienes que explicarte. Ese es el concepto: explicarte. Decir qué o quién eres, que sientes en ese momento concreto. Y hacerlo en voz alta, ojo. Difí­cil.

Suelo recordar a Cyrano (del que ya hablé en su dí­a) cuando pienso estas cosas. Un tipo con similares bloqueos. Capaz de hacer que otros triunfen, pero sin ser capaz de avanzar en su propia lí­nea. Consciente de sus limitaciones y capaz de reí­rse de ellas con un ingenio imposible de alcanzar para quien escribe.

El caso es que, por primera vez, no pienso en que una negativa haya sido algo necesariamente malo. A ver, siempre lo es, pero no siempre afecta igual. Esta vez me ha servido para darme cuenta de que tengo que valorarme. Como Cyrano, tengo mis cosas buenas y, por supuesto, eso es lo que debo potenciar. ¿Me cuesta expresarme cuando hablo de mí­? Pues hay que aprender a corregirlo. Eso es algo que, con tiempo, intentaré controlar (aunque sea levemente).

Un ‘no’ no es sino una respuesta. Como lo es ‘las ocho y veinte’. Y, del mismo modo, puede cambiar. Tal vez mañana sea un sí­ o un tal vez, pero no es algo de lo que tenga que preocuparme, no. Lo que tenga que ser, será. Y no hay nada que pueda hacer premeditadamente para cambiarlo. No hablo sólo del tema sentimental, amigos. Hablo en general. Esfuerzo. Es algo que tení­a, tal vez, en un segundo plano. Empezar a esforzarme un poco más en apreciarme. No compadecerme. Dejar de mirar por los demás todo el tiempo y empezar, aunque sea sólo cinco minutos al dí­a, a mirar por mí­ mismo. Si no lo hago yo, desde luego no debo esperar que lo haga el resto. Y dejar de estar pendiente de la felicidad de los demás obviando la mí­a. Repito, no hablo sólo del tema sentimental. En el trabajo, los estudios, en la vida, la felicidad viene por diferentes momentos y motivos.

Es justo ahora cuando, escribiendo esto, imagino al Cyrano cinematográfico. A Depardieu con la voz de Camilo Garcí­a. Está enfadado. Ha sacado su mal genio y viene hacia mí­. Me coge de la pechera e incluso me levanta unos centí­metros del suelo. Me arroja hacia un taburete que hay en una esquina. No tengo escapatoria. Clava su espada en el suelo. Lo hace de tal modo que la vibración de la madera llega hasta mis botas.

- ¡Cobarde! ¡Eso es lo que sois! ¡Mirad al frente! – Me dice.

 

- No puedo, señor. ¿Acaso pensáis que soy como vos?

¿Qué tengo ese arrojo?

 

- ¡Dejad de lamentaros, despojo! ¡Mirad al frente os digo!


Cuando miro al frente, su rostro muestra compasión. Pero no es la de alguien soberbio. Es la de un amigo.

 

- No ocultéis quien y como sois. Habladme, contadme.

¡Gritad! ¡No huyáis! ¡¿Qué queréis?! ¡Sed sincero!


- ¡¡Empezar de cero!! ¡Cambiar las cosas!

Aceptar que soy quien soy ¡Quitarme losas!

Salir de este agujero…

Mirar hacia adelante. Crecerme. Ser certero.

Envalentonarme ante los problemas. ¡Buscar soluciones!

No esperar que nadie venga a darme lecciones.

Adelantarme. ¡Ser el primero!

Agradecer a los amigos sus gestos sinceros…

 

- ¡Seguid! ¡¡Sed orgulloso!!


- ¡Plantarle cara a la vida!. Estar contento.

Perseguir mis objetivos y ser atento.

¡Lúcido! ¡Correcto! ¡Valiente!

 

- Con lo que habéis dicho, se asombrará la gente.


- Sólo debo cumplir esta promesa.

 

- No dejéis que caiga en el olvido.

Porque, querido amigo,

este ha sido un gran paso hacia delante.

Y en el caso de que vuestra promesa cayese en ‘su agujero’,

No olvidéis nunca mis palabras.

Os mataré con este, mi florete.

Recordad que yo sí­ soy sincero:

Si me mintieseis… Si no fueseis honesto…

Os quitarí­a la vida recitando estos versos:

“Fue una lástima que os engañaseis, caballero.

Pero haciendo honor a mi palabra… al finalizar, os hiero”


Cyrano se marcha. Su florete sigue clavado en el suelo. Yo vuelvo a estar aquí­. En La Taberna. Ensartado en la espada hay un papel. Lo leo:

“Así­ es mi vida.

He sido el inventor de todo y al que todo el mundo olvida”

Es un guión que, salvo el último entrecomillado, ha salido de mi cabeza. Tal cual. Cyrano, con su carácter me ha dicho todo eso y he sido yo quien ha contestado. Sin embargo, ahora tengo una promesa que debo cumplir. Le he prometido algo a Cyrano.  Me lo he prometido a mí­ mismo.

Cerrando el cí­rculo, haré una referencia a un magní­fico programa de radio: Amigos, “hoy empieza todo”. Me costará cambiar el chip, pero ya es hora. Poco a poco, de manera progresiva, tengo que aplicarme el cuento. Voy a aplicármelo. No más mentiras. No más personajes. Ahora, toca ser yo. Ese debe ser el objetivo. Mi objetivo.

 

Conversando con un viejo amigo

Después de mucho tiempo, vuelvo al mismo lugar. La primera vez que estuve aquí­ fue el 16 de octubre de 2005. Entonces, como ahora, él está en el mismo sitio. Parece como si me estuviese esperando.De alguna manera, creo que sabí­a que volverí­a a pasar por allí­ Aquel dí­a fue una casualidad, pero hoy no lo es.

- ¿Quieres una Coca-Cola? ¿Una cerveza?

- Puedo volver a verte en otro momento…

- Tranquilo, hace mucho que no entra nadie por aquí­.

Me sirve una cerveza bien frí­a. Pone el posavasos y deja una jarra por la que chorrea la espuma. Después, me deja un cuenco con patatas fritas y un servilletero. Me conoce bien.

- ¿Y qué tal estas? ¿Terminaste la carrera?

- ¡Pues sí­! Al final acabé periodismo.

- Me alegra mucho oí­rlo. Llevaba tiempo pensando en si pasarí­as por aquí­ cuando terminases…

- A pedirte ayuda…

- No lo decí­a con esa idea, amigo. Pero, si puedo ayudarte en algo, dí­melo.

- ¿Recuerdas la primera vez que vine?

- ¡Cómo no me voy a acordar! Dabas bastante pena aquel dí­a. Lo acababas de dejar con aquella chica y estabas desconsolado. Era de noche cuando acabaste aquí­. Recuerdo que estabas tembloroso cuando abriste la puerta. Y no sabí­as que iba a ser de ti en aquel momento.

- Tienes buena memoria, no hay duda.

- Aquel dí­a estuvimos hablando largo y tendido. De hecho, saliste de aquí­ un poco mejor. Te habí­as desahogado lo suficiente como para poder irte a cenar con tu familia.

Es asombroso la memoria que tiene. Si le preguntase qué zapatillas llevaba, seguro que se acordarí­a. Creo que me conoce mejor que yo mismo.

- Bueno, ¿y qué te ocurre? – me dice subiéndose las gafas.

- No sé qué hacer. Verás, hace unos dí­as hice una prueba para un máster de radio. De Radio Nacional de España, para más señas. El máster tiene muy buena pinta y, por lo que me han contado, merece mucho la pena…

- ¿Pero?

- Pero… cuesta casi 6000 euros. Eso me preocupa mucho.

- ¿No tienes dinero ahorrado?

- ¡Claro que sí­! Y aunque tuviese que pedir un pequeño préstamo, ese no es el problema.

- ¿No? ¿Y cuál es?

- La incertidumbre. El pensar ‘vale, me seleccionan, pago y empiezo el curso’, pero ¿de dónde saco la pasta para mantenerme ese año?

- Vives en casa de tus padres aún, ¿no?

- Sí­. Pero bastante tienen. Quiero decir que, con 25 años y sin haber tenido que recurrir a nadie durante la carrera, no quiero tener que pedir nada ahora.

- Pues trabaja, como hací­as antes.

- ¿Y si no puedo? Es decir ¿y si el horario no me lo permite? ¿Cómo lo hago? ¿eh?

-Tranquilo, ya se nos ocurrirá algo. Ten en cuenta que las cosas no siempre son blancas o negras. Y esto es como todo, Daniel. Primero espera a saber si te seleccionan. Cuando lo sepas, infórmate, porque tiene que haber becas de algún tipo. Y luego, después de todo eso, ya puedes empezar a preocuparte. Pero, si quieres mi opinión, no es eso lo que te asusta.

-  ¿No?

- ¡Claro que no! Te asusta el saber que, por primera vez, estás frente a una decisión importante en tu vida. Cuando empezaste Derecho, al segundo dí­a ya sabí­as que te ibas a marchar. Y lo hiciste. Y cuando empezaste Periodismo sabí­as que, durante cinco años, tení­as tu vida encarrilada. Y lo sabí­as porque tení­as unos ahorros de cuando estuviste trabajando. Y, bueno, porque luego trabajaste en aquello de repartir periódicos. ¿Te acuerdas?

- ¡Menudos madrugones! En aquella época, además, pasaba algo más que ahora por aquí­.

- Es cierto. Pero ¿ves? Me das la razón sin darte cuenta. No me has negado nada de lo que he dicho. Y sí­, sé que me dirás que tienes una edad y que deberí­as haber cotizado más. Esa será tu excusa. Has trabajado desde los 18 y, lo sé, es una pena que lo hayas hecho con contratos basura o incluso en “B”, como cuando estuviste en la biblioteca. Pero no te engañes, lo que te da miedo es no saber lo que va a pasar. El no tener tú el control de las cosas.

- Y el dinero, no lo olvides.

- Sí­, sí­, no lo olvido. ¿Pero sabes qué? Es un año. Y si tienes que estar un año sin salir, lo estás. ¿No puedes ir a cenar con tus amigos? Te aguantas, compañero. El que algo quiere, algo le cuesta. Y si no puedes ir al cine o a cervecear, tendrás que aguantarte. Y lo harás mientras te esfuerzas por algo que llevabas esperando desde que tienes uso de razón.

- Me gustarí­a estar tan seguro como tú, de verdad.

- En el fondo lo estás, pero te da miedo enfrentarte contigo mismo. Por eso estás aquí­. Por eso has venido a verme como aquel dí­a. Asustado. Si no ¿de qué í­bamos a estar hablando los dos de esta manera?

Ahora soy yo quien se sube las gafas. Levanto la mirada de la barra, que era donde estaba mirando mientras me echaba aquel rapapolvo.

- Tienes razón, Tabernero. Las cosas hay que enfrentarlas como vienen. No hay que esconderse. Si puedo conseguir la pasta, lo haré. Si no, ahorraré todo lo que pueda trabajando un año entero y el año que viene volveré a presentarme a las pruebas. Volveré a superarlas y podré estar tranquilo en todo momento, pero haré el máster.

- ¡Bien dicho! ¿Ves cómo las cosas no son blancas o negras? Si no es este año, será al que viene. Recuerda que fue lo mismo que te pasó cuando empezaste la Universidad, Daniel. Recuérdalo.

De repente, noto cierta tranquilidad. No es completa, porque faltan 24 horas para saber si tengo la plaza, pero sí­ que me ha dado tranquilidad en cuanto a si no puedo decir que sí­ al máster. Mientras hablábamos, me he terminado la cerveza y las patatas.

- Tranquilo, te invito a esta cerveza. Pero no tardes tanto en volver por aquí­, ¿eh? Anda, vete a cenar.

- Gracias Tabernero.

- A ti. Al fin y al cabo, estoy aquí­ gracias a ti.

Mientras dejo atrás La Taberna, pienso en que debo volver más por allí­. El Tabernero y yo tenemos mucho que contarnos aún. Y mucho que contar a los demás. Al fin y al cabo, soy el principal parroquiano de La Taberna.

Sí­, volveré.

“HuffPo”

Hace demasiado tiempo que no paso por aquí­. Quito el cerrojo y levanto el cierre. Chirrí­a. La luz entra en La Taberna y se ve que hay mucho polvo. Paso la escoba, abro las ventanas para que se ventile el local, cojo un trapo y limpio la barra. Está todo limpio. Enciendo la cafetera, pincho un barrí­l de cerveza nuevo y pongo sobre la barra una serie de platillos con su cuchara y su sobre de azucar.

- ¿Está abierto?

- ¡Claro! Pasa, te invito al primer café.

Con La Taberna funcionando y con el corrillo de parroquianos apoyados en la barra, uno me pregunta, sabiendo que me voy a encender, sobre el Huffington Post.

- ¿Pero tú sabes lo que es el HuffPo? - Le digo.

- Sí­, claro. Es ese periódico que han hecho nuevo los de Prisa, ¿no?- Me dice con duda.

Lo que no sabe es que el Huffington Post es la muestra de que ya no interesa pagar por la información ni siquiera a las empresas periodí­sticas.

- ¿Cómo? -me pregunta con los ojos como platos- ¿Pero no van a pagar a los que escriben?

- Verás… – Y empieza mi explicación-  Sí­ y no. El HuffPo original, el de Estados Unidos, es un agregador de noticias. Esto significa que su redacción lo que hace, además de redactar alguna cosa suelta, es colgar la información de otros medios en su web. Enlazarla, vaya. Por lo tanto, tendrán toda la información sin invertir en periodistas que escriban. Eso ya lo hacen otros.

- Y eso ¿interesa a los periódicos online?

- Buena pregunta. Claro que les interesa. Realmente, lo que hace el HuffPo es darle visitas a esos diarios online. Algo así­ como lo que hace el buscador de google, sabes? Enlaces, amigo. Enlaces.

- ¿Y por qué dices que es tan malo entonces?

Es justo en este momento cuando dejo de secar el vaso que tengo en las manos. Me subo las gafas y dejo el trapo encima de las cámaras frigorí­ficas y le digo:

- ¡Porque eso no es periodismo! Es la tan denostada piraterí­a que hace unos años denunciaban todos los medios, pero ahora ya no les interesa. Plantéate esto: tú grabas un cd de, qué se yo, Alejandro Sanz y lo vendes. ¿Cómo se llama eso? Piraterí­a. Claro, eso lo entendemos porque es sacar beneficios del trabajo de otro. Beneficios lí­quidos, es decir, PASTA. El HuffPost no tiene periodistas realmente porque no los necesita. Lo venden como el milagro de la prensa. ¡Claro! ¡Grandes beneficios a coste cero gracias al tráfico que generan! Toda la información está en el Huffpost aunque ellos no redactan la mitad de las cosas.

- Vale… Y si es tan malo como dices ¿por qué lo financia en España el Grupo Prisa?

Inocente de él, no sabe cómo están las cosas dentro de esa empresa.

- ¿Que por qué? – Lo miro medio riéndome- ¡Porque Cebrián hace mucho que dejó de ser periodista! ¡Ahora sólo quiere dos cosas: dinero y poder! Desde que está como jefazo en Prisa, Cebrián ha vendido parte del grupo a un fondo de inversión americano. Este grupo lo nombre jefazo -digo ahorrando tecnicismos- y así­ ha pasado de ser un periodista que dirigió la que otrora fue una gran cabecera de la prensa a ser un tí­o que sólo busca dinero. ¿Y qué es el HuffPost sino eso? Es una forma de tener todo a coste mí­nimo.

- Entonces, no pagan por los textos…

- No, claro que no lo hacen. Por lo menos, no por la mayorí­a de ellos.

- ¿Y por las informaciones de los blogs?- Tras esto no puedo mas que echarme a reí­r.

- ¡¡Tampoco!! ¡Esa es la gracia! Hace unos dí­as, la directora de esta web en España decí­a que ellos no pagarí­an a los bloggers. A cambio de sus textos, de su trabajo, el Huffington Post les darí­a ‘una ventana’ para comunicarse. Notoriedad, decí­an. ¡Porque los periodistas no quieren informar, claro! ¡¡Sólo quieren notoriedad! ¡¡¡Y con eso ya comen!!!

Al parecer, me he encendido demasiado. Desde la calle, una mujer del grupito que habí­a salido a fumar me dice que no grite, que no merece la pena. Ella es periodista. Tras asentir, vuelvo con mi conversación.

- Entonces- sigue preguntándome- tampoco pagan a los bloggers que ellos tienen ¿no? Me refiero a los famosos que escriben en la web.

- No sé cómo será en España, pero en Estados Unidos sí­ que pagan. Los famosos son lí­deres de opinión, amigo mí­o. La gente los sigue donde sea. Y eso, en Internet, es tráfico. Y el tráfico es dinero. Es pagar dos y recibir doscientos.

- Pues chico, está bien pensado el negocio. Y al tal Cebrián ¿no le preocupa que este ‘medio’ desbanque a El Paí­s?

- Pues evidentemente no. Es más, a Cebrián El Paí­s se la trae bastante al pairo. Tanto es así­ que hace un tiempo, en un discurso que dio casi le faltó decir que era un cadáver prehistórico. Dejo bien claro que era un modelo que tendí­a a desaparecer porque la gente ya no busca informarse en los periódicos. De hecho, él mismo dijo que cuando leí­a El Paí­s por la mañana ya conocí­a todas las noticas antes.

- Tira piedras sobre su tejado el pollo este, ¿no?

- Sí­, y no solo eso. Desmerecer a la prensa como lo hace Cebrián es tachar de bobos a los lectores. ¿No buscan informarse? Tal vez el problema es el abandono paulatino del periodismo en los periódicos. Nadie apuesta por investigar o por modelos sostenibles. Nadie invierte en El Paí­s como se hace en el New York Times. Es más, en España serí­a impensable un New York Times. ¡Ese sí­ es un periódico que se ha sabido adaptar! ¿Sabí­as que en el equipo que hace las infografí­as del NYT hay un español? Pues sí­. Y está allí­ porque aquí­ no se invierte en estas cosas.

- A ti lo que te pasa es que estás resentido…

Saco el Smartphone del bolsillo y le enseño esto:

- Resentido… Igual que todos estos ¿verdad?

- Oye, pues sí­ que va a ser mala la idea esta…

- Claro, y lo mejor es que PRISA lo vende como el nuevo periodismo. Desvirtúa no sólo al periodismo, sino al periodista. Y sé que me repito, pero no pagan por el trabajo que realizan otros.

- Oye ¿y las portadas que hacen? Porque son feas de cojones.

- Es otra forma de llamar la atención de la gente. Para que te hagas una idea, el HuffPost de España ha publicado una portada que es más fea que pegar a un padre con un calcetí­n sudado. ¿Qué ha conseguido con esto? Notoriedad. Ser Trending Topic en Twitter te da notoriedad, pero además millones de visitas que te ayudan a posicionarte en los buscadores. Además, esa gente que hoy ha linchado esa portada también entrará mañana. Y lo hará para ver cuán mala es la imagen que pongan, volviendo a dar esa notoriedad al ‘medio’. Si es cutre, no es por dejadez, sino por estrategia.

Su cara cambia. Parece que ya lo entiende. De hecho, me mira y menea la cabeza de un lado a otro como diciendo que no.

-Ahora entiendo-sentencia-por qué estás detrás de la barra y no en una redacción. ¿Quién va a querer pagar por alguien que informe cuando los periódicos serios compran las noticias a agencias? Nadie. Y menos cuando ‘medios’ como el Huffington Post se dedican a enlazar a esas informaciones. Tráfico para todos, beneficio para las empresas y desaparición del periodismo. Ysi las empresas periodí­sticas no quieren pagar, ¿cómo esperan que haya personas que quieran pagar por lo que publican?

- Esa es la idea, amigo mí­o…

De repente, un portero de la finca de al lado entra en La Taberna. Pregunta a mi contertulio sobre el HuffPost.

- ¿Pero tú sabes lo que es el HuffPo? – Le dice.

Empiezan a hablar entre ellos. Hay ambiente al otro lado de la barra. Yo me giro y pongo dos cafés más. Y así­ pasa el dí­a en La Taberna.

Veinticinco años

No caeré en el truco fácil de comparar la situación de mi padre o mi abuelo cuando ellos tení­an mi edad.  Y eso que ambos tení­an ya hijos y todo. Es más, confesaré antes de empezar que a mí­ me faltan aún tres meses para llegar al cuarto de siglo. Pero establezcamos esta cifra como simbólica, si me lo permití­s.

Con 25 años, he terminado (casi) mi licenciatura en Periodismo, realicé un primer curso de la carrera de Derecho y tengo cotizado un año en la seguridad social. He trabajado desde los 18 en almacenes, grandes superficies, hospitales e incluso montando boleras. He trabajado más horas de las que tengo cotizadas, creedme. Salvo mis dos primeros años como universitario, he tenido la suerte de trabajar siempre. De hecho, llevo tres años trabajando en un organismo público sin cotizar a la Seguridad Social.

Con 25 años cobro 350 euros. Son 10 euros menos que cuando empecé, literalmente, a trabajar en la biblioteca. Entonces mi sueldo era de 360. Si a esto le sumamos la subida de precios, la depresión está asegurada.

El gobierno de José Luis Rodrí­guez Zapatero aseguró que, para la gente como yo, harí­a una ley en la que dijese que los becarios í­bamos a cotizar. ¡Y lo hizo! Sin embargo, lo que no dijeron los medios es que dos dí­as antes de las elecciones, ese mismo gobierno aprobó una disposición transitoria en la que decí­an que no existe obligación de afiliar y dar de alta en la Seguridad Social, y por ende cotizar,  a los alumnos de los programas universitarios (de grado y de master) que imparten las universidades que efectúen prácticas externalizadas en empresas  retribuidas mediante becas, ayudas al estudio o cualquier otro concepto”. Por supuesto, y pese a que trabajo en una Universidad pública, se han agarrado a esto como a un clavo ardiendo y, claro, no cotizo.

Con 25 años, las estadí­sticas me indican que si quiero conseguir un trabajo relacionado con mis estudios superiores debo cursar un máster. Una especialización a mis cinco años de carrera. No lo veo mal, ya que especializarse es bueno. Sin embargo, me piden que ‘afloje’ de 6000 a 12000 euros por cursar esos estudios. Sí­, tal vez haya quien me encuentre precios inferiores, pero la media es la que es.

Con 25 años, estudios superiores, trabajando sin cotizar para el Estado o, mejor dicho, para mi comunidad autónoma (es quien se encarga de gestionar la Universidad) y sin llegar a ser ni siquiera proyecto de mileurista, sigo viviendo en casa de mis padres. En casa de unos padres que, con mi edad, ya se habí­an ido, no sólo de casa, sino que habí­an cambiado de provincia y de comunidad.

Con estos antecedentes (gracias por llegar hasta aquí­), tengo que aguantar cosas como la portada de ayer de El Paí­s.

Captura

 Una portada, y una información, que puede que sí­ que represente a un estrato de esta sociedad. No lo pongo en duda en esta entrada, no es el objetivo de la misma. Una portada en la que el director de esa publicación se rí­e, por lo menos, de todos los que el dí­a de mañana (¡y el de hoy, de demonios!) quieren/ queremos ser periodistas. Una empresa que publica ‘#nimileuristas’ y paga a sus becarios entre 700 y 800 euros por jornadas superiores a las ocho horas. Podrí­a seguir, pero lo resumiré con ‘un periódico que mira la paja en el ojo ajeno’.

Y, pese a eso, que titula diciendo una verdad certera.

Con 25 años, las expectativas de futuro que tengo es encontrar un trabajo de lo que sea, cosa que no me parece mal (pese a que tenga connotaciones frustrantes fácilmente entendibles). Lo que me empieza a parecer mal es, por ejemplo, que las reglas del juego hayan cambiado a favor del empresario y que se hayan perdido derechos como la cantidad de dí­as de indemnización por año trabajado en caso de despido.

Desde la CEOE nos dicen que debemos tener en cuenta que en otros paí­ses (llamémoslo Estados Unidos) las condiciones son similares y no se quejan tanto como aquí­. Acepto, claro, ese punto de vista. Pero maticemos diciendo que allí­ el sueldo es superior. Y no sólo eso, sino que la conciliación es algo real. Además, tengamos en cuenta que en otros paí­ses los empresarios no tienen ese plus llamado ‘picaresca española’. Sirva esto como ejemplo:

Los EREs se triplican en Cataluña desde la entrada de la reforma

Pero sigamos.

El actual gobierno defiende a ultranza su reforma laboral. Por un lado, algunos ministros indican que es lo que hay que hacer para reactivar el empleo. Sin embargo, indican que este año, y con esa misma reforma laboral se destruirán más de 600,000 empleos. Algo falla.

Por otro lado, han bajado las pensiones. Sí­, no en un sentido estricto, pero después de las duras crí­ticas que realizaron al gobierno anterior, lo que han hecho ha sido congelarlas, con lo que si contamos de nuevo la subida del IPC, el poder adquisitivo de los pensionistas se ha visto mermado.

Se propone, entre otras cosas, buscar formas de sufragar el gasto sanitario de España. Curiosamente, el ‘copago’ es la opción que más suena. Un ‘copago’ que, recordemos’, significa pagar dos veces por lo mismo, ya que es el Estado, con el dinero de todos, quien paga.

Y mientras, la economí­a sumergida alcanza un valor estimado de más del 20 por ciento del producto interior bruto. El 20 por ciento de la riqueza de España está ahí­, moviéndose, pero sin ser  declarada. La polí­tica fiscal del nuevo gobierno queda clara cuando destituyen a quienes destaparon una trama de corrupción y premian a quien no supo ver otra. La subida de impuestos que no iba a ocurrir, finalmente ocurrió.

Ahora se plantea también añadir un impuesto más a los hidrocarburos con la premisa de destinarlo a la investigación de energí­as renovables. Y ahora que saco el tema…

Investigación: Con fecha de 30 de diciembre se anuncia un recorte de 600 millones de euros en I+D+I. Por otra parte, se estima que la cifra será superior cuando se hagan públicos los presupuestos generales del Estado, con lo que España quedará en un lugar simbólico, mientras que los cientí­ficos españoles ayudarán al desarrollo y enriquecimiento de otros paí­ses.

Y podrí­a seguir. Bien sabemos todos que podrí­a seguir. Pero, si me permití­s, volveré de nuevo a mi discurso inicial.

Con 25 años, y más de cinco millones de parados en el paí­s en el que vivo (de los cuales un porcentaje realmente peligroso es gente joven), me piden que me apriete el cinturón. Después de todos los datos que he planteado, me dicen que consuma. ¡Que gaste! ¡¡Que circule mi dinero!! Dinero que uso para pagar mis estudios, colaborar en casa cuando se puede y poco más. Dinero que yo sí­ que tengo, pese a ser una cifra irrisoria, pero que mucha gente no tiene.

Y me lo piden aquellos que cobran 1800 como ‘ayudas’ por estar haciendo su trabajo. Sólo como dietas. Con ese dinero comen y pagan una casa  en Madrid, pese a que hay quien tiene vivienda en la capital. Algunos dicen que lo usan para desplazarse hasta su provincia, pese a que también tienen esos viajes pagados con otras dietas.

Esas mismas personas que defienden casos como el de Isabel Carrasco, que acumula 12 cargos y percibió más de 158.000 euros en 2010, la mitad en concepto de dietas y desplazamientos.

Esas mismas personas que después de haberse metido en obras faraónicas y que acusan a unos y a otros por sus actividades profesionales, al poco de salir del gobierno (me da igual el color) se meten en la empresa privada cobrando dinerales a costa de ese puesto al servicio de la sociedad. Puestos que, claro, los dotan de una agenda suculenta y de una presencia internacional imposible de adquirir siendo, por ejemplo, electricista. Y si no, veamos dónde trabajn González, Aznar, Zapatero y sus ministros.

Con 25 años ‘me prometen el oro y el moro’. Me dicen que es lamentable que, por primera vez, una generación vaya a vivir peor que sus padres. Me aseguran que arreglarán la situación y me piden, por enésima vez, que arrime el hombro. Ellos, que como cabeza visible de la polí­tica han estado a la gresca por ver quién meaba más lejos.

Así­ que, con 25 años, pido que dejen de reí­rse de mí­. A estas alturas, ‘tengo los huevos pelados’ de tantas promesas. Estoy cansado de que sólo sirvamos para hacer portadas en periódicos que critican lo que ellos mismo hacen. Estoy cansado de que en vez de invertir mis impuestos en cosas realmente importantes se inviertan en proyectos estúpidos y que, casualmente, quedan a medio terminar. Cansado de ser, como todos, el resultado de una polí­tica educativa francamente nefasta. Nefasta para todos, no sólo para los alumnos, porque recordemos que nosotros seremos el futuro próximo. Harto de ser sólo el ‘joven tipo’ al que dirigir los mensajes electorales y al que, después, se torea.

Cuando pase el temporal, que pasará, veremos cuál ha sido la actuación de todos. Como paí­s y como individuos. Y valoraremos cuál fue nuestro papel en el mundo en el que vivimos. Y veremos que España está al culo de Europa. Y lo está porque no sabemos, como paí­s, hacer otra cosa que darle al ladrillo. Y no sabemos, ni sabremos jamás, hacer otra cosa. ¿Y por qué? Porque nunca invertimos en investigar, en educar y, mucho menos, en abrirnos los ojos a la realidad. Porque Spain is different, pero los españoles unos cabezones que no queremos ver nuestras miserias. Y menos si juega el Real Madrid o el Barí§a (equipos que, por cierto, tienen deudas millonarias).

Con 25 años miro los últimos 25 años y pienso en los que vendrán. Y me da pena.

Pero claro, como digo, con casi un cuarto de siglo, nada en comparación con la época que vivió mi padre o mi abuelo, mi opinión, la de un solo sujeto, no vale nada. Ni tampoco la de todos como sociedad. Y no vale porque escogemos siempre como gobernante a quien nos regala los oí­dos, no a quien puede hacerlo mejor. Criticamos a quien logra algo y nos puede enseñar cómo mejorar.

Españoles, somos los reyes del mundo. Lo que no sabemos, ni queremos ver, es que el mundo es una república.

 

Hernán Casciari en La Taberna

Siempre que realizo una entrevista para La Taberna pienso en si gustará o no gustará y en si el entrevistado estará cómodo o no (una vez que sé que me la concede). En esta ocasión, claro, no ha sido una excepción.

Hoy entra en La Taberna un hombre que nació en Argentina hace casi 41 años y que se vino a España ‘a la aventura’. Tras trabajar para grandes editoriales y colaborar con periódicos muy importantes de distintos paí­ses decidió tirarse a la piscina y levantar un proyecto inexistente hasta entonces. Junto a un amigo de la escuela, nuestro invitado levantó una revista de calidad. De calidad en todas su vertientes, tanto por continente como por contenido. Un hombre en cuya mente se gestó ‘Orsai

Hoy, en La Taberna, Hernán Casciari:

 

casciari

¿Qué se le pasa por la cabeza a uno cuando decide quedarse en otro continente por una mujer?

Muchas cosas. Entre ellas, uno se pregunta si está realmente enamorado de la mujer o de la aventura de cambiar de mundo.


Al hilo de este hecho, has repetido en innumerables ocasiones que ‘Orsai’, la palabra, viene del término futbolero ‘Fuera de juego’. Por eso acuñaste así­ tu blog. Tras el paso del tiempo, ¿Sigue Hernán Casciari en ‘Orsai’?

Yo he visto argentinos llegar a España y, a los dos dí­as, ya decí­an “pasta”, “vale”, “tronco”, “penalti”. Y también conozco gente que hace treinta años que viven acá y siguen diciendo “guita”, “che”, “gomí­a” y “fulbo”. Estar en “orsai” es, al principio, un dolor. Pero después de los años es una decisión. Yo estaré siempre mirando allá y escribiendo para allá.


El caso es que todo fue bien. Desde aquí­ comienzas a escribir lo que más adelante serí­a ‘Más respeto, que soy tu madre’, un éxito en internet que dio el salto al papel con traducciones y reediciones en varios paí­ses. Pero ¿Cuál es la sensación que se te queda cuando conoces que Antonio Gasalla querí­a adaptarla al teatro?¿Te gustó el trabajo que realizó?

Fue al revés. A Gasalla lo buscamos nosotros (el productor de la obra y yo). Lo perseguimos, nos dijo que no, lo volvimos a perseguir, etcétera. Hasta que un dí­a dijo que sí­. Su trabajo es tremendo.


Una de las cosas que quizás no conozca la gente es que tú ya eras escritor antes de llegar a España. De hecho, habí­as ganado premios internacionales gracias a tu trabajo. Tu primer relato escrito ‘de manera consciente’ fue “Un detalle sin importancia”¿Qué queda hoy de aquel Casciari de 17 años que empezaba como escritor?

El de los 17 años era un buen escritor, lleno de inexperiencia pero honesto. En cambio el de los 20 a los 30 fue un escritor horrible. Yo escribí­a para los concursos literarios, con una prosa infame. Escondí­a mi estilo. Escribí­ cuatro o cinco novelas malí­simas. Cuentos espantosos. Después me fui a España y empecé a escribir online. Desistí­ de ser escritor. Y entonces encontré mi estilo.


¿Es distinto el proceso de escritura que utilizabas cuando tu público estaba en el papel al que utilizas ahora? ¿En qué?

Era diferente todo. Creo que era aburrido. Ya no me acuerdo. Solamente sé que aquellos textos nací­an muertos. Los leo a veces y no hay respiración. Era muy esforzado escribir así­. Creo que solamente me sirvió como ejercicio.


En ‘El pibe que arruinaba las fotos’ nos presentas a tu familia. Cuando uno habla tan abiertamente de los suyos corre el riesgo de que en la siguiente reunión familiar lo linchen. ¿Qué ocurrió cuando tu familia leyó el libro?

Esa novela fue, antes que un libro, un montón de cuentos que aparecieron en mi blog. Es decir, mi familia fue conociendo esos cuentitos uno a uno, a través de un par de años. Y creo que ese ritmo de publicación me salvó del linchamiento. Hubiera sido distinto si ellos veí­an todo junto en un libro.

 

En ‘España, perdiste’ despotricas de la forma de ser y ver las cosas de los españoles, mientras que en ‘España, decí­ alpiste’ nos muestras como los argentinos, como si de un Caballo de Troya se tratase, os habéis hecho con el paí­s. Lo fácil serí­a preguntarte las diferencias entre unos y otros, pero ¿qué crees que deberí­amos aprender unos de otros?

El libro es el mismo en los dos paí­ses. Solamente cambién el tí­tulo y el marketing. En España es un libro para argentinos expatriados. Entonces tiene una portada nostálgica (una etiqueta de cerveza quilmes). En Argentina el libro es para cualquier lector, y hago hincapié en la reconquista (en la portada, una vaca argentina se esta cogiendo a un toro español). En algún texto hablo del aprendizaje de las dos culturas. «Nosotros, los argentinos, deberí­amos aprender a bajar dos cambios en la retórica del por qué y preguntarnos, de verdad, quién carajo nos ha hecho tanto daño. Y ellos, está claro, deberí­an saber que ya es hora de sentarse en el diván, entrecerrar los ojos, y empezar a preguntar por qué.»

 

¿Cómo se queda uno cuando una productora lo llama para hacerse cargo de la vida de uno de los personajes de una serie de televisión? ¿Cómo afrontaste tu participación en ‘Mi querido Klikowsky?

Fue divertido, porque era una productora de televisión del Paí­s Vasco. Y me invitaban cada quince dí­a a ver los rodajes. Después de eso, largos almuerzos con la mejor comida del mundo. Nunca comí­ tan bien como en esa época.

 

Siguiendo con la televisión, dentro del mundo de Internet, además de todos los blogs que has escrito, está EspolerTV. En esta comunidad, que nació de un blog en ‘El Paí­s’, se habla de series. De muchas series. ¡Y se ponen enlaces! Sin embargo, no existe publicidad ni ningún viso de posibilidad (o intención) de sacar dinero de ello. Por este hecho, quisiera preguntarte ¿Cuál es tu opinión actual sobre la ‘Ley Sinde?

Mi posición sobre esos temas (Sinde, Sopa, etc.) es hacer cosas.

 

Escribir para un diario argentino como es La Nación cuando uno está a cientos de kilómetros ‘de casa’ debe ser muy complejo, sin duda. Pero explicarle a una hija de dónde viene debe serlo aún más. ¿Sigue tu hija preguntándote por qué es argentina?

Explicarle a mi hija catalana mi paí­s es uno de los hobbies más lindos que tengo. Puedo mentirle, darle datos sesgados, generarle utopí­as. Le explico la Argentina que me gusta, no la real. La pobrecita un dí­a va a ir de mochilera y se va a dar cuenta que su padre, antes que nostálgico, era un mentiroso.

 

Con Christian Basilis creas ‘El Domingo’, si no me falla la documentación. ¿Cuál es la mejor lección que aprendió Hernán Casciari de su etapa en ‘El Domingo’?

Sin duda, que trabajar con Chiri (y con una pizzerí­a de Comequechu al lado de la redacción) era divertido.

 

No me gustarí­a pasar a Orsai sin preguntarte por ese momento en el que decides despedirte de las grandes editoriales, además de ‘El Paí­s’ y ‘La Nación’, para embarcarte en Orsai. Las respuestas de las editoras debieron ser antológicas…

Antológico fue el silencio. Nunca me dijeron nada, ni buen ni malo.

Y ahora, me quiero centrar en la revista ‘Orsai’. La revista es, sin lugar a dudas, imponente. Por calidad de continente y contendido, ha conseguido muy buenas crí­ticas por parte de los medios de comunicación y, por supuesto, de los lectores. Pero, cuando comenzasteis con esta locura ¿imaginabais que la gente se lanzarí­a a comprar un producto del que nada se sabí­a sólo porque tú estabas detrás de él?

No pensamos mucho en eso cuando empezamos. Nos centramos en lo que tení­amos ganas de leer. Sabí­amos que la gente también estaba un poco harta de lo que habí­a, pero en ningún momento hicimos muchas cuentas ni previsiones. Fue más bien impulsivo.

 

¿Es ‘Orsai’ un caso excepcional o es el primero de los cambios que deberí­a sufrir la industria editorial?

No lo sé. Por el momento es un proyecto entre autores y lectores que nos está resultando muy divertido. No queremos más que eso.

 

En España, una de las cosas que siempre han dicho los agricultores era que los intermediarios encarecí­an sus productos en más del 90%. ¿Ocurre lo mismo en el mercado editorial?

Sin duda. En la cultura, la agricultura y todas las palabras acabadas en €”tura. El intermediario es malo.

 

Son muchos los autores que han participado en la revista, desde Horacio Altuna hasta Nick Hornby, ¿Cómo se convence a estos maestros de participar en ‘Orsai’? ¿Cuál fue el más complicado de convencer?

No hubo complicados. Hubo los que dijero que sí­ rápidamente y los que no respondieron nunca. El mail fue el mismo para todos: «Estamos haciendo una revista literaria sin publicidad, y nos gustarí­a que estuvieras en ella».

 

¿Habéis conseguido todas las colaboraciones que os habéis propuesto? Quiero decir ¿No se os resistió nadie?

No hubo resistencia de nadie, porque por nuestra parte no hubo nunca insistencia. Mandamos un solo mail.

 

¿Cuál es la sensación que tienes cuando, como lector, lees ‘Orsai’? ¿Y como editor?

Me gustarí­a, a veces, pegarme un palo en la cabeza para perder la memoria y poder leer la revista como lector, sin conocimiento previo. Pero no puedo. Como editor, me siento feliz.

 

Algunas señas de identidad de la revista son la ausencia de publicidad y la posibilidad de descargarse la revista al completo. ¿En algún momento habéis estado tentados a cambiar alguna de estas premisas?

No. Justo esas son las premisas fundacionales. hemos recibido muchas ofertas de subsidio, de patrocinio y de mecenazgo. Pero preferimos la ayuda de los lectores y nada más. El PDF gratuito es marca de la casa también. Si no hay eso, no es Orsai.

 

En cuanto al precio de la revista, una cosa realmente curiosa es que, a efectos prácticos, cuesta lo mismo en todos los lugares donde se venda, es decir, lo que cuesta una cantidad de diarios del domingo. ¿Por qué esta medida?

Porque las editoriales no lo hacen. Para fastidiar. Para demostrar que se puede. Y que si ellos no lo hacen no es por imposibilidad, sino por codicia.

 

Actualmente, la revista está sumergida en su segunda etapa, en la que pasará de ser trimestral a ser bimestral. ¿Por qué este cambio? ¿Cambiará algo en el formato que conocemos actualmente?

Cambia todo. El capricho es otro. Este año vamos a publicar folletines, como se hacñia en el siglo XIX. Los textos de cada número continúan en el número siguiente. Por eso la hicimos bimestral y por eso la suscripción es anual. Se pagan las seis ediciones por adelantado.

 

¿Qué le dirí­as a aquellos que aún no conocen ‘Orsai’?

No les dirí­a absolutamente nada. No hacemos publicidad. Seguramente ya se enterarán, algún lector les dirá algo.


Llevo un rato haciendo preguntas en plural, así­ que, para cerrar esta entrevista me gustarí­a hacerte una pregunta. ¿Serí­a posible ‘Orsai’ sin Christian Basilis? ¿Quién es ‘el Chiri’ en ‘Orsai’?

No serí­a posible la revista Orsai sin Chiri. Sin él, volverí­a a escribir en mi blog. Para que haya una revista necesito ese diálogo con él. Es la parte divertida. Sin eso, dejarí­a de divertirme. ¿Quién es Chiri? Un amigo mí­o de Mercedes.

 

Foto: José Playo

 

Junto con él, has creado, además de muchas cosas en el pasado, la Editorial Orsai, donde se ofrece a los autores unas condiciones que serí­an imposibles en las grandes editoriales. En tu charla en el TEDxRí­odelaPlata explicas que las cosas se pueden hacer de manera diferente. ¿Qué os lleva a lanzaros a algo tan farragoso como es editar los libros de otros? ¿Y a fijar las ‘cláusulas’ de la editorial (como son la titularidad de los derechos de los textos y el beneficio del 50% para el autor?
Queremos experimentar. Es eso. Ver qué cosas pueden funcinar sin redes. Como los chicos pequeños, que buscan los lí­mites. Queremos ver en qué momento alguien viene y nos da una boofetada.


Además del último libro de Horacio Altuna y del tuyo propio, ¿nos puedes adelantar alguna novedad en el catálogo de la editorial?
No, realmente no puedo.


Para finalizar, te realizaré un pequeño test en el que me gustarí­a que dijeses lo que se te viniese a la mente cuando leas los siguientes nombres o conceptos:

Chiri Basilis y Cristina Badí­a
Las mismas iniciales.

El Staff de Orsai
Gente muy capaz.

Argentina y España.
Los paí­ses donde nacieron mi padre y mi hija. Es decir, mis paí­ses.

Literatura.
Diversión.

Futuro.
Presente.

Desde aquí­, quiero agradecerle a Hernán Casciari sus respuestas tan amables a esta entrevista. Sobre todo, porque en estos momentos falta menos de un mes para que todos los lectores que ya están (estamos) suscritos a ‘Orsai’ recibamos nuestra revista número cinco.

Y a vosotros, espero que os haya resultado, cuanto menos, interesante esta charla con Casciari. Para mí­, sin duda, lo ha sido.